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16 de Apr de 2021

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Guillermo A. Cochez

Columnistas

¿Qué hacer cuando un país se cae a pedazos?

“Las decisiones políticas drásticas no pueden esperar más. En 1989 estábamos también hechos pedazos; hoy, es el momento de recomponernos nuevamente”

El país no se ha visto tan estremecido como desde los últimos meses de la dictadura. La falta de transparencia en la gestión pública llega a niveles sin precedentes. No se percibe confianza alguna en la administración pública y, lamentablemente, tampoco en ningún otro sector de la sociedad. La falta de liderazgo es general.

La ignominia de los albergues echa sal a la herida de un Gobierno descuidado, indiferente y perdido en las luchas intestinas dentro del PRD, descuidando su responsabilidad en temas tan vitales como la protección de los derechos del niño. Pareciera que más que buscar soluciones, encubren los crímenes. La cobarde renuncia del procurador Ulloa termina de hundir la justicia y la pone al mismo nivel de descrédito que los otros órganos del Estado.

Es tanta la especulación que se da en torno a ese evento que son sórdidas las razones que pretenden justificar el abandono de un barco confiado hace solo 13 meses. Aunque difícil pareciera, hay panameños valiosos que podrían sacar a la Procuraduría General de la Nación del desprestigio que actualmente la consume.

Cuando el PRD tuvo la oportunidad de liderar un profundo cambio, tras la década perdida de Martinelli y Varela, sus diputados, dueños del partido, prefirieron conservar sus espacios, logrados en los últimos dos Gobiernos, conviviendo con ellos, antes de mirar el futuro del país, dotándolo de las herramientas para fortalecer la institucionalidad que se perdía. Ignoraron aquella frase del general Torrijos de gobernar con luces largas. Prefirieron las cortas, porque así conservaban, al precio que fuera, su rentable feudo de nombramientos, contratos, prebendas y sabrá Dios qué otras cosas más.

Rehusaron el cambio profundo que proponía el expresidente Ernesto Pérez Balladares, primero para la Secretaría General del PRD y que, con la descarada ayuda y los millones del Gobierno de Varela, se hicieron del control partidario, para después asegurar la Presidencia con Cortizo. No había otro candidato.

Pérez Balladares, con visión de estadista, significaba un cambio para la política de permanente entrega al poder a la que se habían acostumbrado los diputados. Sus intereses personales estaban por encima de los que supuestamente defendían de la boca para afuera. El juego de póker no les salió bien. Las cartas con Cortizo están terminando de convertir a su Gobierno en una caricatura, hundiendo profundamente al partido de Omar. La impresión que se da a lo interno y hacia afuera es que estamos frente a un Estado fallido, donde el Gobierno no funciona.

Llegará el día en que no se podrá afrontar, como ha ocurrido en otros países, la abultada planilla pública y no habrá cómo pagar a los jubilados. Seguirán colocando a nuestro país en riesgo por el mal manejo dado a la economía. Seguiremos en listas negras y opacas y nuestro grado de inversión se irá disipando. Ya el producto interno bruto ha bajado casi 18 %.

Precisamente ha sido Pérez Balladares quien ha propuesto un giro al timón de la nave del Estado, que se encuentra a la deriva, y que tendría que darlo el propio Cortizo, porque aquí nadie puede pensar que él terminará su periodo antes de 2024. Es posible un Gobierno de unidad nacional en torno a objetivos específicos.

Las medidas de urgencia a tomar implican el nombramiento inmediato de una comisión independiente para analizar la crisis de los albergues que podría dirigir la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, tal como se hizo en México con la matanza de estudiantes en Iguala. Simultáneamente promover la firma de un acuerdo con la ONU o la OEA para instituir en el país una Comisión Internacional contra la Impunidad y la Corrupción, para que sean expertos, sin ataduras e intereses aquí, quienes concluyan los casos de alto perfil inexplicablemente estancados en el Ministerio Público, como se hizo en Guatemala y Honduras.

Eso se suma el llamamiento a un gran acuerdo nacional en consenso con los partidos políticos y la sociedad civil, para que en término perentorio fijen los parámetros para la recuperación rápida de nuestra economía, enfatizando en los sectores más vulnerables de la sociedad, promoviendo una reforma integral de la educación y el sistema de salud, así como una política exterior consecuente con los mejores intereses nacionales. Por la coyuntura que vivimos, que se logren las mejores condiciones para el Estado en la obtención de mayor rendimiento de sus recursos mineros y en la renovación de los puertos administrados por Panama Ports. Sin olvidar la ilegalidad en la concesión del puerto de Rodman, hoy en propiedad parcial de un Gobierno extranjero. La responsabilidad de la recuperación nacional es de todos. Si no hay liderazgo en el Gobierno y en los gremios, simplemente hay que llenarlo.

Estoy seguro de que, de tomarse esta valiente decisión, los panameños seremos capaces, como en 1989, de levantarnos juntos y salir adelante. Las decisiones políticas drásticas no pueden esperar más. En 1989 estábamos también hechos pedazos; hoy, es el momento de recomponernos nuevamente.

Analista político.