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07 de May de 2021

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Julio Bermúdez Valdésopinion@laestrella.com.pa

Columnistas

De la especulación a los hechos

Pero hay dos elementos más con los que tiene que ver directamente el ministerio de la Presidencia y que algunos tergiversan u omiten

La crítica, la exigencia de rendición de cuentas, el esclarecimiento ante las sospechas…todas juntas conforman de manera estricta, derechos del ciudadano, ante las cuales debe responder un gobierno, pero una vez se produce esa respuesta de forma argumentada y con evidencias, persistir en las querellas puede derivar en una simple estrategia política que con seguridad recibirá la misma respuesta.

La pasada semana, el Ministerio de la Presidencia, a través de sus principales responsables, el vicepresidente José Gabriel Carrizo y el viceministro Carlos García, rindieron cuenta pública de la labor desplegada por esa entidad durante un año de pandemia, en lo que puede considerarse como una respuesta en detalle a las preocupaciones que al respecto habían expresado algunos sectores de la sociedad.

De hecho, el Ministerio de la Presidencia ha encabezado el aparato que, tras las directrices del presidente Laurentino Cortizo Cohen, ha administrado y movilizado, personal y recursos económicos para encarar la pandemia del covid-19, lo que lo convierte en factor importante en los logros que hoy exhibe Panamá.

Delicado papel si se considera que la evaluación de su labor depende no solo de la comprobación del uso adecuado de los recursos, sino fundamentalmente de los resultados. Este lunes, por ejemplo, Panamá amanece con una sola víctima del Covid-19, y con reducidas cifras en otros aspectos de la pandemia, como parte de una disminución constante desde enero pasado a la fecha.

“Salvar Vidas” ha sido una gestión que ha encontrado eco en resultados como esos y con los que tiene que ver, sin mayores discusiones, el Ministerio de la Presidencia.

Ligar sus tareas a un tema político que está por resolverse en el 2024; desmontar posibles candidaturas o evitar que un partido político repita, lleva a algunos sectores a desconocer lo positivo de las gestiones que ha cumplido el Ministerio.

Sin embargo, ni una sola de las críticas efectuadas contra su labor ha sido refrendada con las evidencias que exige un Estado de Derecho como en el que vivimos; ninguna pasa de ser la especulación publicitaria con la que se trata de asustar al electorado, denigrando personas, suponiendo delitos o fabricando sospechas.

A favor de la labor del gobierno, ejecutada y fiscalizada por el Ministerio de la Presidencia corren, entre tanto, hechos irrefutables como los conocidos resultados de la pandemia, que hoy señalan a Panamá como uno de los países con mayor número de recuperados y como uno de los que mejor ha manejado la pandemia.

Un eficiente proceso de vacunación aplicado ya a más de medio millón de personas y la flexibilización de medidas con las que se ha amanecido este lunes, lleva al país a un incuestionable punto de normalidad.

Pero hay dos elementos más con los que tiene que ver directamente el ministerio de la Presidencia y que algunos tergiversan u omiten. El de la planilla. Solo durante el periodo de los militares la planilla de gobierno tuvo estabilidad. En democracia es una norma consuetudinaria la entrada y salida de funcionarios conforme el partido que gane las elecciones. Cada cinco años es el mismo calvario, y algunos medios tratan de convertir, con dudosa honestidad, en escandalosa una práctica que ya se ha hecho regular.

Pese a esto, y sobre todo en el periodo de la pandemia, esos mismos sectores que han hablado de planilla abultada pidieron “reducirla” en un aparente acto justo de igualar a todo el mundo en los sacrificios a que obligó la crisis sanitaria.

Petición demagógica, el problema es que la planilla se podría reducir si existiera una empresa privada en capacidad de absorber la cantidad de desempleados que ha dejado la pandemia, de lo contrario, expulsar del gobierno a un número indeterminado de funcionarios solo engrosaría el de por sí gigante ejército de desempleados, con los consabidos problemas sociales y políticos que eso representaría.

Por el contrario, el gobierno hizo ajustes, aplicó correctivos, eliminó gastos superfluos y mantuvo el aparato gubernamental, a los funcionarios en sus puestos, que es el que garantiza una estructura de servicios que moviliza al país. Y en el desempeño de esa directriz ha jugado papel vital, el Ministerio de la Presidencia.

El otro aspecto tiene que ver con la paz social. Paralela a la amenaza que desde febrero de 2020 implicó la pandemia, el presidente Laurentino Cortizo Cohen subrayó la necesidad de destinar ayuda a los sectores más vulnerables de la sociedad.

Los más vulnerables, a los que se sumaban aquellos que, suspendidos los contratos de trabajo, por ejemplo, engrosaban las filas de los desempleados. Sectores vulnerables en la normalidad que hasta febrero de 2020 tenía el país, pero que pasada esa fecha se convertirían en sectores desesperados, y creo que nadie en razonamiento sanos o simplemente lógicos, puede ignorar lo que tal desesperación hubiera significado para el país.

Es posible que para quienes poseen recursos suficientes, las bolsas de comida, los vales digitales, los bonos, o los apoyos económicos dados a distintos sectores, incluida la empresa privada, no posean mayor significación, pero para aquellos que viven en una pobreza multidimensional, que son más de 700 mil panameños, esa ayuda fue una bendición. Fue la base en la que se sustentó la paz social que prevaleció en el país desde febrero de 2020 hasta la fecha.

Es mérito ganado a pulso por el actual gobierno que aquí nadie, ningún empresario padeció el saqueo de sus negocios, si hubo incremento de delitos siempre fue en el tema del narcotráfico como ha venido corriendo en los últimos años; no colapsó el sistema sanitario, no hubo ultima cama, y por el contrario el país se sitúa hoy entre los que más recuperados reporta.

Si algo se puede decir de manera categórica es que en Panamá “salvar vidas” dejó de ser una consigna para materializarse en el salvamento de miles de panameños, conteniendo una pandemia que aun hoy continúa haciendo estragos en otras regiones del continente.

No importó lo quebrado económicamente que estuviera el país cuando esta administración entró a dirigirlo; ni el rejuego diversionista de las mentiras o las medias verdades, ni el acoso ni las malas intenciones o los malos deseos. En la forma como ha cuajado la política del gobierno de Laurentino Cortizo Cohen, ha tenido que ver indisolublemente el Ministerio de la Presidencia.

Una víctima hoy, menos contagios a la fecha y una perspectiva de normalización efectiva constituyen el mejor discurso para refutar a quienes insisten en confundir sus aspiraciones políticas con las tareas fundamentales de los panameños.

Que el Partido Revolucionario Democrático tenga sus diferencias internas, propia de la dinámica de cualquier colectivo político, son temas que solo se resuelven entre sus límites, y entre sus miembros. ¿Qué alguien diga cuál no los tiene?

Por el momento los nuevos retos trazan tareas, en otros escenarios se retoman tareas postergadas, entre ellas la lucha contra pobreza, resumida en lo que Cortizo ha llamado la Sexta Frontera, sin que nadie se distraiga en las trampas del camino (JBV)