28 de Sep de 2021

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Orlando Goncalves

Columnistas

Democracias sin contrapesos

“La separación e independencia de los poderes, genera esa serie de contrapesos que fortalecen las democracias. Obviarlos, traerá muchos conflictos”

Una de las grandes fortalezas de las democracias es que los contrapesos hacen que ningún poder abuse o se extralimite de sus funciones, con lo cual, entre todos los poderes se genera un equilibrio necesario para la Paz y la gobernabilidad de los Estados.

Cuando esos equilibrios se rompen, entonces las democracias se debilitan enormemente y pasan a ser democracias frágiles, endebles, con lo cual se puede formar un círculo vicioso donde los gobernantes, aprovechando las debilidades de las instituciones, tienden a cooptarlas, minimizando así los contrapesos, y a su vez haciendo más frágiles las democracias.

Veamos los casos de Colombia y El Salvador.

En días recientes, vimos una serie de manifestaciones en Colombia que hasta ahora han cobrado la vida de 19 ciudadanos y más de 700 heridos. ¿Por qué se manifestaron los colombianos? Bueno, protestaron contra la reforma fiscal que presentó el presidente Duque, la cual tenía una serie de temas que los ciudadanos no aceptaron.

Ahora, el punto es que desde el inicio del Gobierno del presidente Duque, este fue colocando en los puestos claves de los organismos de control y equilibrio del Estado a personas o amigas o afectas a su proyecto político, con lo cual, se desdibujó la línea de la independencia de esos organismos. Nos referimos a que logra poner al fiscal general, a la procuradora general, al defensor del Pueblo y algunos magistrados en las altas cortes, entre otros.

Esto ha provocado el efecto de ensimismamiento del Gobierno, es decir, solo hablan y quizás se escuchen entre ellos, con lo que se van disociando de los ciudadanos y por ello, esta reforma, no fue consultada con nadie, no fue socializada con la gente y al ser una reforma fiscal que gravaba literalmente todos los artículos y servicios -excluyendo lo que era material de guerra-, pues, la gente se alzó y, a pesar de estar el tercer pico de la pandemia, con cifras de muertes y contagios más altas desde el inicio de la pandemia, la gente salió a protestar.

Ese ensimismamiento los llevó a tomar una decisión fatal, pues intentaron apagar el fuego, usando combustible, es decir, en vez de retirar la reforma y abrir el diálogo, insistieron en la misma y enviaron a las fuerzas policiales a reprimir.

Nuevamente, al cooptar las instituciones de control, se produce entonces este efecto, lo que los lleva a estar disociados del ciudadano.

El caso de El Salvador es distinto, pero igualmente preocupante. Luego de haber obtenido la mayoría calificada en las últimas elecciones legislativas, al juramentarse esta en su primer día de sesiones, destituyeron a los cinco magistrados de la Sala de lo Constitucional, así como al fiscal general y es bien sabido las diferencias del presidente Bukele con el procurador de los Derechos Humanos, así como con el fiscal de Cuentas, por lo cual no sería de extrañar que también estuvieran en la lista a ser sustituidos.

Es una situación inédita, que nunca había pasado. Tiene el Ejecutivo, el Legislativo, pero tienen los votos, tienen entonces el mandato constitucional, y pueden hacerlo, como en efecto lo hizo, pero la pregunta sería: ¿si bien son legales las destituciones que hizo, son estas justas y éticas?

Se plantea una lucha entre la judialización de la política y la politización de la justicia, pero en cualquiera de las dos opciones son nocivas para la democracia, pues con la actuación de la Asamblea Nacional afectas al presidente Bukele, están borrando las líneas de la división de poderes, y de nuevo, esto debilita a la democracia.

En el primer caso, el de Colombia, el presidente Duque no tiene el respaldo popular, de hecho, tiene uno de los índices de aprobación más bajos registrados en las últimas décadas, razón por lo cual ha llevado a ese Gobierno a cerrarse sobre sí mismo y usar la sordera selectiva, con lo cual han sido incapaces de escuchar y sobre todo sentir lo que está sintiendo la gente.

El caso de El Salvador, el presidente Bukele cuenta con los números de aceptación y aprobación más altos que haya tenido cualquier mandatario después de la firma de los Acuerdos de Paz, así que las acciones que han emprendido a través de la Asamblea Nacional, son celebradas por los ciudadanos, sin que estos se percaten de la gravedad que significa cooptar y haber eliminado la separación de todos los poderes, lo que los puede llevar a que también, en el corto plazo, se ensimismen y se disocien de los ciudadanos.

La separación e independencia de los poderes, genera esa serie de contrapesos que fortalecen las democracias. Obviarlos, traerá muchos conflictos. Si no lo creen, pregúntenles a los nicaragüenses y a los venezolanos.

Consultor político; en Twitter: @orlandogoncal.