25 de Sep de 2021

Roberto Díaz Herrera

Columnistas

El atípico gran legado de Angela Merkel

“[…] su mérito humano traspasa la gobernanza y se ubica -como otro de sus fenómenos ejemplares- en su calidad humana […]”

“El mayor afrodisiaco del ser humano es el poder”, Henry Kissinger.

La salida o retiro de Angela Merkel ha marcado un extraordinario e insólito caso de una mandataria que es despedida con una salva de aplausos generalizados que planeó por seis minutos la población germana. La ovación masiva salía de calles, cafeterías y balcones. ¡Honor casi imposible en estos tiempos! Época en que más bien abundan los casos en que los pueblos ni siquiera se conforman con abuchear a los mandatarios salientes, sino que presionan para llevarlos a los estrados judiciales acusados a diestra y siniestra de corrupción y robos de los fondos públicos, cuando no es manchados también con la tinta negra del narcotráfico. ¡A cuántos de latitudes cercanas no hemos visto tras las rejas de una cárcel o siendo buscados por Interpol!

La brillante estratega política, física de formación y política a tiempo completo, gobierna como canciller a Alemania desde 2005, manejando con extrema habilidad el Parlamento, en una coalición política que, en medio de altas y bajas, logró liderar con consensos. Eso como política pura. No obstante, su mérito humano traspasa la gobernanza y se ubica -como otro de sus fenómenos ejemplares- en su calidad humana: sencillísima, modesta, criticada más bien “por vestir mal”, refiriéndose sus detractores o detractoras de moda, en lo austero de su armario. Junto a su marido, un inadvertido químico, refractario a cámaras y luces, amante de la música clásica y en especial de Richard Wagner, Angela Merkel sorprende también -en relación con el 99.9 % de otros gobernantes del mundo- por no tener siquiera una empleada doméstica que le ayude para poder ocuparse horas enteras de la complicada Alemania y de los problemas globales de Europa y del planeta. Se le llamó incluso “la dama más poderosa del mundo”, pero sus actitudes personales son la antípoda de tal enunciado. Entre ambos se ocupan de cocinar, lavar, planchar y llevar las tareas hogareñas. Se me ocurre tal vez hacer un único parangón con Pepe Mujica de Uruguay, y no encuentro en nuestro hemisferio ningún caso más de otro mandatario de ese género inmune a los mareos, cuando no trampas, que encierra el poder.

En nuestro continente, tan desigual y con pésima distribución del ingreso, nuestros mandatarios son víctimas fáciles de lisonjas y canonjías calculadas de los capos de los negocios y riqueza, que hábilmente les cortejan para envanecerlos y luego secuestrarlos y convertirlos en “amigos de ocasión rotativos” (ya que lo hacen con todos los que son electos). Por lo anterior, es casi imposible que los mandatarios del hemisferio salgan del poder con respeto y mucho menos siquiera con un ápice de admiración. El propio presidente Cortizo, en sus primeras expresiones como mandatario, dijo algo así “que le interesaba más cómo saldría de su mandato que cómo ingresaba”. ¡Y vaya si tiene razón!

¿La tentación más común y casi adictiva de los mandatarios de nuestro hemisferio? El enriquecimiento material. Ya una enfermedad endémica, a tal punto que no nos causa la mínima extrañeza. Por ello la crisis institucional y moral de la clase política del continente es algo a lo que nuestros pueblos se han acostumbrado y salvo excepcionales ocasiones, toleran y a veces, curiosamente, hasta terminan aplaudiendo, si el personaje aludido les cae bien o es de su color político. Nuestros pueblos parecieran ya adictos a los opiáceos de las corrupciones generalizadas, y cuando mucho se contentan con críticas y alaridos por redes sociales. ¡Las protestas y el valor cívico de antaño con liderazgos notables de gentes probas descansan en paz!

No obstante, los pueblos de cuando en cuando -amenazados con represiones violentas por sus Gobiernos, aculillados frente a exigir sus necesidades básicas, buscan como catarsis escoger “mesías ignorados públicamente”, hasta el día que los señalan como venganza social. Ese es el caso del Perú, cuando luego de años de diarreas de escándalos de la alta clase política, hoy las cúpulas y los capos de la riqueza de ese país tiemblan ante la insurgencia democrática de un humilde maestro y dirigente gremial que tres meses atrás, en ese país clasista de mayorías marginadas y despreciadas, nadie hubiera apostado un sol por verlo -lo que parece casi un hecho- con la banda presidencial y los altos generales marchando a paso de ganso dirigiéndose a él con honores militares. ¡Ojo, esos imposibles también ocurren y siempre sorpresivamente!

Abogado, coronel retirado.