25 de Sep de 2021

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Jorge Luis Prosperi Ramírez

Columnistas

COVID-19: ¿se repite la historia en espiral?

“[…] las cifras están muy lejanas a las que padecimos a finales del año pasado, pero son preocupantes y constituyen una señal de alarma que no podemos ignorar […]”

La semana pasada, luego de 16 semanas manteniendo una inquietante meseta, presentamos un aumento de los casos y defunciones reportados por COVID-19. Cierto que las cifras están muy lejanas a las que padecimos a finales del año pasado, pero son preocupantes y constituyen una señal de alarma que no podemos ignorar; sobre todo si consideramos que también ha ido aumentando el porcentaje de positividad de las pruebas de laboratorio, lo que implica que cientos de miles de ciudadanos pueden estar positivos sin saberlo y esparcen el peligroso virus.

Aunque esta posibilidad de un repunte ya la hemos enfrentado antes, la diferencia ahora es que nuestros vecinos enfrentan una terrible ola de la enfermedad, la cual ha desbordado su capacidad hospitalaria para enfrentarla y, lo más inquietante, ya tenemos circulando en el territorio nacional todas las variantes llamadas de preocupación, las cuales, como sabemos, son más transmisibles y pueden ser más letales.

Frente a esta situación, muchos se preguntan “¿será que la historia se va a repetir?”, “¿cuántos casos y defunciones por COVID-19 vamos a seguir sufriendo en el corto, mediano y largo plazo?”. La mayoría se comportan como si aquí ya no hubiera epidemia. Muchos jóvenes ya ni se ponen las mascarillas y no pierden oportunidad para retomar el desenfreno de antes, pues, están confiados en que ya vacunaron a sus padres y pronto les tocará a ellos. Otros, más recelosos, han aceptado que la enfermedad se convertirá en una endemia, y todos los años, a pesar de las vacunas, tendremos brotes o repuntes que, aunque leves, producirán hospitalizaciones y defunciones.

Y es que, de acuerdo con la comunidad científica, incluso después de las vacunaciones masivas, algunas hospitalizaciones y muertes por el coronavirus serán inevitables. La cantidad de casos y defunciones dependerá entonces: de nuestro cumplimiento con las medidas de salud pública, que ha vuelto a debilitarse; de la trazabilidad, que necesita fortalecerse y; de la vacunación masiva, que necesita llegar al 70 % de la población lo más rápido posible para conferirnos la inmunidad de rebaño.

En nuestras manos está evitar que la historia del año pasado, en la que padecimos más de 250 000 enfermos y 4200 fallecidos, grandes pérdidas económicas y un irreparable sufrimiento en miles de hogares, se repita este año.

Y no olvidemos que, directamente relacionada con las defunciones, está la capacidad de nuestro sistema de salud, en términos de recursos humanos, camas, equipos e insumos, para atender a las personas que necesiten hospitalización. Actualmente, tenemos a nivel nacional una ocupación del 54 % de las camas de hospitalización en sala, del 42 % de camas de UCI y semi-UCI y del 21 % de los ventiladores. Pero ¿qué pasará si aumenta de nuevo el número de personas que requieren hospitalización? Ya estuvimos antes al borde del colapso, ¿podremos enfrentar esa situación nuevamente?

Tampoco podemos desconocer el impacto del COVID prolongado, los síntomas continuos que afectan entre el 10 y el 20 % de los infectados, causando discapacidad a largo plazo debido a la enfermedad. Si la historia se repite, aumentará el número de personas que necesiten de servicios integrales para atender las secuelas como consecuencia de la COVID-19. ¿Tendremos la infraestructura, y los recursos humanos, para atender a las personas que lo necesiten?

Y qué decir de la economía. Hoy, la mayoría de las empresas y negocios retoman su quehacer. Los ciudadanos vuelven a los centros comerciales, a los restaurantes, a los cines; y, más recientemente, se aglomeran descuidados en estadios, casinos y bares. Pero todo eso puede desmoronarse cual castillo de arena, si la población no cumple con su parte, y se produce un repunte de casos que solo podremos controlar con una férrea cuarentena. ¿Es eso lo que queremos?

Por mi parte, como señalé en un artículo previo, es evidente que estamos en riesgo de un repunte de COVID-19. Aunque el comportamiento actual de la epidemia en nuestro país genere en muchos de nosotros una sensación de calma y tranquilidad, consecuencia de los indicadores de la enfermedad que mostraban hasta la semana pasada una clara tendencia hacia la baja; es muy preocupante cuando vemos que, en la mayoría de los países del mundo, en especial en nuestros vecinos inmediatos, la situación es otra.

Para finalizar, subrayo que tampoco nos podemos olvidar de más de 12 mil personas que fallecen cada año en el territorio nacional a causa de enfermedades crónicas no transmisibles, principalmente cáncer, diabetes, enfermedades del sistema circulatorio y enfermedades pulmonares crónicas. Ese grupo de población ha visto afectada la continuidad de su atención producto de la COVID-19, y son las personas que representan el mayor número de fallecidos por esta enfermedad. Entonces, antes de contestar la pregunta sobre los casos y defunciones por COVID-19, debemos preguntarnos ¿qué tenemos que hacer para disminuir las defunciones por esas otras enfermedades?, que representan la pandemia que nos acompaña casi desde siempre. Esa historia tampoco debe repetirse.

Médico, exrepresentante de la Organización Mundial de la Salud (OMS).