28 de Sep de 2021

Pablo Rabczuk

Columnistas

Sistemas alimentarios y biodiversidad

“En el marco de lo que es una de las peores crisis económicas de la región, es imperativo un trabajo […] para atender y prevenir que la crisis sanitaria no se convierta en una crisis alimentaria”

Nuestros sistemas agroalimentarios enfrentan enormes desafíos para su sostenibilidad: el clima está cambiando, la biodiversidad se está perdiendo, la degradación de la Tierra continúa, mientras que la población mundial crece y las ciudades se expanden, la inseguridad alimentaria aumenta, la malnutrición también se incrementa y acceder a las dietas saludables es cada vez más complejo. La pandemia del coronavirus (COVID-19) se suma a estos desafíos, ocasionando efectos sindémicos de gran impacto a la humanidad y al planeta.

Mientas que todavía estamos luchando contra la pandemia, las Naciones Unidas, los organismos hemisféricos, los mecanismos de integración regional y los Gobiernos nacionales se encuentran trabajando en la recuperación y reactivación económica ante la COVID-19. En el marco de lo que es una de las peores crisis económicas de la región, es imperativo un trabajo de diálogo, coordinación y conocimiento para atender y prevenir que la crisis sanitaria no se convierta en una crisis alimentaria.

Si bien todo ello pareciera enmarcarse en los campos económico y social, este escenario también debe abordarse desde lo ambiental, y particularmente desde la preservación de la biodiversidad, por su contribución en términos alimentarios, pero también por otras funciones para el equilibrio y conectividad de los ecosistemas y las culturas locales. Es imperativo, dentro del conjunto de soluciones, incorporar el uso sostenible y conservación de la biodiversidad en las políticas y programas agroalimentarios de la región, así como motivar y apoyar la gestión sostenible e incluyente de la biodiversidad en las actividades del comercio agroalimentario.

En Centroamérica hay más de 2.6 millones de unidades productivas familiares, que producen el 70 % de los alimentos, que representa alrededor del 50 % de la producción total agropecuaria de la región, en muchos casos impulsan otras actividades económicas no agrícolas y gestionan recursos naturales circundantes. Es hacia este sector hacia el cual es necesario enfocar políticas públicas que contribuyan a la resiliencia de la agricultura frente al cambio climático y gestión ambiental de los ecosistemas y paisajes.

En ese contexto, la FAO viene trabajando en estrategias y acciones para combatir el hambre, garantizar la seguridad alimentaria y nutricional en sistemas alimentarios sostenibles e incluyentes, de manera que contribuya a adaptar los ecosistemas a nuevos retos como el crecimiento de la población y el cambio climático. En este esfuerzo, y para impactar en una verdadera transformación de los sistemas alimentarios, como convoca la Cumbre Mundial de Sistemas Alimentarios 2021, es necesaria la vinculación del sector privado que impulse y amplíe modelos de negocio y marcos de operación sostenibles para la biodiversidad e incluyentes para las poblaciones.

Se requiere replantear el crecimiento económico para cambiar las desigualdades de los países de la región. Los países centroamericanos son pequeños y altamente vulnerables al cambio climático y a la degradación de ecosistemas, por lo que la discusión sobre mecanismos que permitan la convivencia de modelos de producción sostenibles y a su vez incluyentes económicamente, es muy necesaria en el escenario político y de las empresas privadas en todo su espectro, desde Mipymes hasta empresas multinacionales.

Debemos promover esfuerzos en conjunto entre Gobiernos y sector privado, para la generación de propuestas e incentivos cada vez más creativos, que respondan no solo a un eficiente aprovechamiento de los recursos naturales, sino que, además, forjen relaciones sociales más igualitarias e impactos ambientales equilibrados y regenerativos. Propuestas que contribuyan a la transformación y sostenibilidad de los sistemas alimentarios para construir sociedades mejores y más fuertes, capaces de reducir la pobreza, la inseguridad alimentaria, la malnutrición y, a su vez, emprender iniciativas viables económicamente en función de la biodiversidad y el medio ambiente en general.

Oficial de Comercio y Sistemas Agroalimentarios de la FAO.