15 de Oct de 2021

Columnistas

Filosofía Ubuntu y responsabilidad

“Posiblemente en la filosofía Ubuntu estén las claves para superar la situación actual y para enfrentar mejor las nuevas que vendrán”

¿Dadas las especiales circunstancias en las que nos encontramos, cuál es el alcance de la responsabilidad? La pregunta, posiblemente, pueda parecer algo traída de los cabellos. Bajo cierta actitud positivista podría argüirse que carece de sentido (error de categoría), porque la responsabilidad no es la clase de cosas a las que se puede atribuir un alcance: se es responsable -bajo ciertos parámetros previamente establecidos- por una determinada acción u omisión, o no.

Podría, entonces, replantearse la cuestión de manera más precisa. ¿Dadas las especiales circunstancias en las que nos encontramos, podría decirse que somos responsables por los demás? ¿Podría decirse que somos responsabilidad de los demás?

En la articulación del imperativo categórico nos invita I. Kant (Fundamentación de la metafísica de las costumbres) a obrar de tal modo que consideremos a los demás “siempre como un fin en sí mismo y nunca solamente como medio”. Y en esa misma línea, H. Jonas (El principio de responsabilidad) postula nuestro deber de actuar “de tal modo que los efectos de nuestras acciones sean compatibles con la permanencia de una vida humana auténtica”.

Aunque podría asumirse que los contextos en los cuales ambos postulan la manera en que entienden este imperativo, y aunque las perspectivas sean diferentes (individual, la primera; social, la segunda) la preocupación es esencialmente la misma: la dignidad humana.

Pero en la práctica, pareciera que lo postulado por ambos es poco realista. Con frecuencia ni tratamos ni somos tratados por los demás como fines en sí, y la vida humana pareciera distanciarse -lentamente en ocasiones, aceleradamente, en otras- del anhelado ideal de autenticidad. Ejemplos históricos hay suficientes y es innecesario traerlos a escena.

Quizás la posible instanciación de las condiciones para una vida humana auténtica o la articulación de relaciones entre fines en sí mismos está inevitablemente condenada a escapar de nuestras manos. En parte por cómo hemos configurado (programado) nuestra forma de vida. Tal vez estamos irremediablemente condenados a fracasar en la realización de un mejor mundo posible, porque nos hemos resignado a creer que un mejor mundo posible es una ilusión, una vana quimera. O tal vez es un asunto de perspectiva, y necesitamos una “nueva”.

A diferencia de “jean” la palabra “ubuntu” no aparece en el Diccionario de la lengua española. Se trata de una palabra de origen bantú, cuyo significado (“umuntu ngumuntu ngabantu”) ha sido traducido a otras lenguas como “Una persona depende de otras para ser persona” y suele usarse como parte del arsenal conceptual para abordar diversas situaciones problemáticas sobre ética, política, reconciliación, etc., en la filosofía africana contemporánea (sobre todo en Sudáfrica).

Por diversos medios, la filosofía Ubuntu ha desbordado el contexto africano; se trata de “uno de los mejores regalos de África para el mundo”, según manifestara en alguna ocasión Desmond Tutu. En dicha filosofía podrían estar algunas claves para superar “el tribalismo global de nuestro tiempo”, al decir de Souleymane Bachir Diagne (Columbia University).

Volviendo a nuestra pregunta, si dependemos de otras personas para ser personas, entonces no es posible eludir nuestra responsabilidad por los demás; tampoco los otros podrían eludir su responsabilidad por nosotros.

Posiblemente en la filosofía Ubuntu estén las claves para superar la situación actual y para enfrentar mejor las nuevas que vendrán.

Docente universitario.

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