02 de Dic de 2021

Columnistas

Panamá: país de tránsito y consumo de drogas

“A diario se ven las fotos de enormes cantidades de cocaína que capturan, […]. La pregunta es: ¿cuánta droga se queda en nuestro país?”

Panamá es un país que ha sido siempre un lugar de tránsito en diferentes épocas, pero esta vez quiero referirme a un tránsito nefasto, como es el de las drogas.

Por nuestro país transitan muchas drogas, que vienen de países suramericanos, especialmente de Colombia. Hay gran preocupación, porque a las costas de nuestros países llegan grandes cantidades de drogas con destino a Estados Unidos y a Europa. Lamentablemente, muchas de esas drogas se quedan en nuestro país, afectando principalmente a nuestra juventud.

A diario se ven las fotos de enormes cantidades de cocaína que capturan, en la incansable labor que lleva a cabo el Senafront. La pregunta es: ¿cuánta droga se queda en nuestro país?

Como ejemplo existe, muy lamentablemente, el caso del cantante Héctor Lavoe. Su nombre real era Héctor Juan Pérez Martínez. Un publicista, cuando se inició en su carrera profesional, pensó que ese nombre era muy inapropiado y le dio el de Héctor Lavoe, que le agradó mucho al joven músico. Héctor Lavoe nació en Ponce, Puerto Rico, el 30 de septiembre de 1946, y murió, con solo 46 años, cuando estaba en la cumbre de su popularidad. Varios años antes de su fallecimiento, llegó a formar parte de “Fania All Star”. Fue cuando logró su mayor éxito, que lo convirtió en un cantante muy popular en todo el hemisferio. Visitó la República Dominicana, Colombia, Perú, Venezuela, varias naciones suramericanas, Panamá y la ciudad de New York, entre otras ciudades.

Su adicción a la cocaína afectó mucho su salud, contrajo muchas enfermedades, entre ellas el sida y lo llevó, inclusive, a un suicido fallido. Se dio cuenta perfectamente de que era víctima de las drogas y trató varias veces de salir de ellas, acudiendo a varios sanatorios. Nada pudieron hacer por él los doctores. Salía del sanatorio y volvía a caer en las drogas, principalmente, la cocaína.

Su pobre condición lo había llevado a llegar muy tarde a los conciertos y algunas veces, inclusive, no asistía a los mismos. Los promotores daban excusas y buscaban rápidamente a un sustituto.

En una ocasión Rubén Blades le preparó una canción para él, que tuvo gran éxito.

En 1986 la Cervecería Nacional promovió su traída a Panamá para que se presentara a cantar en un “toldo” que era muy común en esos carnavales. Lavoe tuvo un gran éxito y llenó por completo el sitio donde se presentaba.

Ya en esos años estaba completamente víctima de las drogas.

La Cervecería Nacional le encomendó a uno de sus más altos funcionarios, Félix Luciani, que cuidara mucho de Lavoe y que cumpliera con sus compromisos musicales. Era una ingrata y desagradable tarea para Luciani.

Lavoe siempre lo hacía esperar mientras se “arreglaba”, es decir, inyectaba una buena dosis de la cocaína que siempre tenía con él. El público no conoció nunca las intimidades de él; que era esclavo de su vicio. Era un hombre completamente destruido. Además, del gran éxito que tuvo en La Fania, había amasado una gran fortuna, que uno de sus agentes invirtió mal su dinero o se apropió de él.

Al morir en New York, en un sanatorio, estaba totalmente arruinado. Era un hombre pobre, sin un centavo. Solo tenía el afecto y el cariño de los que eran fieles a su canto y a su persona.

Este ejemplo de la vida miserable que tuvo Héctor Lavoe, deben tomarlo muy en cuenta quienes hoy día toman la terrible decisión de utilizar la cocaína o cualquier otra droga, el final será igual que el de Héctor Lavoe: la muerte prematura.

Empresario

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