03 de Dic de 2021

Columnistas

¿Por qué se impide la discusión científica?

“¡Por Dios! Abran la ciencia a la discusión sana y abierta. Eso sería un “ganar-ganar”, donde no habría perdedores”

Vamos ya por dos años de la llamada “pandemia”. Entiendo como lego, porque hoy todos podemos leer -Google, Twitter, YouTube y Telegram (por las censuras oficiales)- sobre temas múltiples; también temas científicos y medicina. Creo que entre sacerdotes en seminarios se discute la Teología; entre ingenieros, las estructuras nuevas; entre abogados, si el Sistema Penal Acusatorio es todo bueno o tiene fallas; entre veterinarios, las últimas novedades sobre la inseminación y mejoras de crías lecheras; entre los vendedores de raspados, si el sirope rojo es de mejor sabor que el amarillo, y un largo etcétera.

Me pregunto: ¿no merecen la Ciencia y la Medicina una discusión abierta con el pensamiento crítico que hoy es difundido en las universidades, para no ser los alumnos “meros espectadores fríos y sin análisis o aportes intelectuales propios”?

Sin embargo, el sistema sanitario oficial se me está pareciendo más a los métodos del tristemente célebre general Noriega, a quien sus subalternos (nunca lo acepté y por ello la explosión social de 1987), respondían “Sí, Señor” a todos sus sinsentidos, incluso los delictivos.

Me da pena ajena, en especial el espectáculo visible -que afecta a toda la sociedad- de que, si un profesional, doctor o doctora, cuestiona un método o realiza una discusión pública a favor de esa ciencia cambiante, emergente, dinámica, abierta -como debe ser- y no cerrada y dogmática, le caen los jefazos del sistema oficial a puñetazos y los quieren llevar al cadalso con epítetos denigrantes. ¿Acaso la discusión científica no pare mejores métodos en base al buen cuestionamiento racional y técnico, donde cada voz o expresión en favor del “bien fundamental de la Medicina (el enfermo)” salga beneficiado?

¿No hubo ya grandes errores médicos en países avanzados y los sigue habiendo? Veamos datos que genera la propia Organización Mundial de la Salud:

La delgada línea entre la vida y la muerte está cada año más cerca para 138 millones de pacientes, gracias al registro de errores médicos que, según cifras de la OMS, terminan con la muerte en 2,6 millones de casos. Morir entre quienes salvan vidas es una posibilidad cercana por cuenta de los errores médicos. Cada año, 2,6 millones de pacientes lo padecen. Pierden la vida a consecuencia de eventos inesperados que representan una amenaza letal. Desde equivocaciones en los diagnósticos hasta la emisión de recetas con fármacos incorrectos ponen al filo de la muerte a 138 millones de pacientes anualmente, una cifra que enciende las alarmas de la Organización Mundial de la Salud (OMS). El análisis de este flagelo que, a los ojos de algunos, pareciera un simple cúmulo de casos aislados fue justamente el foco de un reciente informe de la OMS dedicado a la seguridad sanitaria de los ciudadanos.

Mediante una revisión de causas y efectos, este organismo de Naciones Unidas, que desde 1948 gestiona las políticas mundiales de prevención, intervención y promoción de la salud, identificó que el riesgo de morir por un “accidente médico” es sustancialmente superior al de perecer por la caída de un avión. Mientras el primer desenlace se presenta en uno de cada de 300 casos, el segundo se da en uno de cada tres millones.

Para Neelam Dhingra-Kumar, quien coordina la gestión de la seguridad para pacientes desde la OMS, se trata de hechos que, en buena parte, se siguen registrando porque las entidades médicas se empeñan en ocultar las evidencias, evitando así que puedan ser tomadas medidas correctivas.

Creo que, con el informe anterior sintetizado de la propia y ya cuestionada OMS, que denuncia internamente los muchos millones de muertes por “errores médicos” no falta nada que agregar. Se equivocan los árbitros deportivos en sus decisiones; los ingenieros a los cuales se acusa luego de fallas estructurales; los abogados en sus alegatos escritos en tribunales, etc.

¿No se pueden equivocar los médicos y hasta ministros de Salud? ¿O son como el papa, supuestamente infalibles?

¡Por Dios! Abran la ciencia a la discusión sana y abierta. Eso sería un “ganar-ganar”, donde no habría perdedores. De otra manera, esta guerrilla oficializada contra doctores que cuestionan métodos o incluso vacunas terminará por “jodernos a todos”. Nadie tiene toda la verdad y el único que la tiene, Dios, nos permite con el libre albedrío, que cuestionemos lo que creamos conveniente, según nuestro libre raciocinio.

Abogado, militar retirado.

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