07 de Dic de 2021

Columnistas

Redes para el democratismo

“A veces parece que el real objetivo de las redes sociales es el democratismo, antes que la democracia”

La evolución del impacto para la vida en sociedad y, en particular, para la democracia, como forma de organización política del Estado ampliamente aceptada, de las redes sociales es corta y vertiginosa para permitir realizarla con profundidad.

Esa evolución, en términos de tiempo, es de 15 a 20 años; por otra parte, en términos tecnológicos, es inconmensurable. Son herramientas que tienen como denominador común ser fundamentalmente amigables, de muy fácil acceso y uso.

Podríamos pedirles rigor, objetividad, controles, etc. Pero la realidad es que esas no son las características con las que fueron ideadas. Su ADN o la forma en que fueron concebidas podrían ir a contracorriente de los criterios enunciados. Antes está el esparcimiento, la interacción social y las ganancias, que cualquier otro criterio, esto en tiempo real.

Aquí nos encontramos con dos realidades contundentes. Primero, es tan sencilla su utilización que la gran mayoría somos usuarios (directos/indirectos, activos/pasivos) de las redes sociales, por lo que se han convertido en un factótum de la vida en sociedad. Hay quienes piensan que algunas interacciones es más importante que acontezcan en las redes sociales que en la vida real (seguramente, han escuchado a alguien decir, “oye, pero no me has felicitado en Instagram”, a pesar de que la persona le esté felicitando frente a ella).

Segundo, es realmente muy poco lo que conocemos los usuarios de su funcionamiento. Me refiero a la verdadera forma en que estas aplicaciones tecnológicas fueron y son desarrolladas, definido el conjunto de normas de programación, la “visibilidad” de los contenidos y las estrategias para fomentar interacción.

Tal vez, a muchos, aunque quisiéramos entenderlo, nos sería altamente complejo. Lo cual nos debe dejar muy claro que entramos a un terreno en el que todo aparenta muy sencillo, pero en realidad no lo es.

No es sencillo, porque el objetivo de estas plataformas (redes sociales) es generar interacción, replicando los procesos de decisión del cerebro humano, para lo cual, nosotros les aportamos data, comportamientos, intereses, etc. y ellas las procesan por medio de algoritmos, inteligencia artificial y del llamado “machine learning” (algo así como un supermáster en reconocimiento de patrones).

Vale decir que generan conectividad, entretenimiento, el actualmente famoso “engagemant” (que me gusta definir como “química digital”), personalización (creación de experiencias personalizadas), inmediatez, viralidad y, hasta se podría decir, democratización de las ideas.

Todo lo anterior fue concebido sin regulaciones para la protección de datos personales, salvaguarda de la intimidad, regulaciones para la desinformación. Algunas de estas preocupaciones han surgido recientemente, varias a propósito de la pandemia y, con ellas nuevas reglas, algunas bien intencionadas, otras ineficientes y varias antidemocráticas.

Ingrediente adicional es que, en la gran mayoría de las redes sociales, está permitida la interacción de manera anónima. La apertura de cuentas con seudónimos es común. Aun cuando, no siempre exista plena conciencia de esto, es una importante característica que domina el espectro de las redes.

Aquí, solo mencionar, que la protección de los datos que compartes con las redes sociales no es infalible. Uno de los últimos “hackeos” que afectó a Facebook, significó que a 533 millones de usuarios les fueron filtrados sus datos, incluyendo aquellos que no tenían como públicos, pero que la red social sí conoce.

Este cóctel se consuma por medio de un contrato de adhesión. Este es el tipo de contrato que es redactado por una sola parte y la otra solo firma aceptando todo. Cuando pulsamos “acepto”, damos todo. Además, como de costumbre, muy pocos serán aquellos que leerán todas la cláusulas o estipulaciones. Imagino, que habrá aquellos, que después de leerlas, simplemente prefieren no entrar en el mundo de las redes sociales.

El debate que está teniendo lugar en el Congreso de los Estados Unidos, en el que los principales responsables de las redes sociales (algunas de ellas sumamente importantes desde que concentran a Facebook, Instagram y WhatsApp), está siendo de lo más interesante. Unido a la revelación de los llamados “Facebook Papers”, a través de los cuales se están conociendo los procesos de decisión internos de un modelo de negocio que prioriza su crecimiento y rendimientos económicos, antes que cualesquiera otros.

A veces parece que el real objetivo de las redes sociales es el democratismo, antes que la democracia.

Abogado, presidente del Grupo Editorial El Siglo - La Estrella de Panamá, GESE.

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