29 de Nov de 2021

Columnistas

Historia como profesión

“[…] no existe en ninguna universidad panameña una Facultad de Historia, empeorado por la pobreza de planes de estudios e investigaciones a nivel escolar y universitario […]”

Si bien la habilidad, adiestramiento y actitud profesional deben constituir el ideal de todo historiador, juntamente con la posesión personal de un amplio y claro entendimiento histórico, lo cierto es que esta noble y valiosa vocación histórica y su correspondiente profesionalismo no se pueden obtener ni limitar mediante leyes o interpretaciones arbitrarias profesorales.

Esto aplica al mal concebido Proyecto de Ley 638 de 19 de julio de 2021 que pretende regular “el ejercicio de la profesión de historiador”, presentado ante la Comisión de Trabajo, Salud y Desarrollo Social de la Asamblea Nacional por el H. D. Víctor M. Castillo P. (Circuito 8-8), a su vez licenciado en Odontología. Este intento fue felizmente suspendido en segundo debate por el pleno de dicha Asamblea hasta segunda orden, después de recibir múltiples y justificadas críticas, por lo que todavía sigue siendo una amenaza.

El loable objetivo de sus proponentes originales, un grupo de profesores de Historia del Centro Regional Universitario de San Miguelito y de la Universidad de Panamá, era “regular y dignificar la profesión de historiador”. Pero no menos cierto es que solo ejerciendo su vocación y disciplina profesional a la altura de sus capacidades intelectuales, facultades críticas y amor a su profesión puede un historiador merecer el respeto y la admiración de quienes lo leen o escuchan. Ese orgullo justificado del historiador profesional se goza, no porque así lo dicten leyes o reglamentos bien intencionados que lo dignifiquen obligatoriamente, sino porque el esfuerzo constante y meritorio de su labor así lo amerita, con toda la humildad del caso.

Curiosamente, en Panamá existe un fetichismo idolatra y de veneración por leguleyadas de este tipo, para burocratizar todo y someterlo al visto bueno de las autoridades de turno; en este caso, de un “Consejo Técnico” oficial conformado por funcionarios del Ministerio de Educación, de Cultura y de la Universidad de Panamá, sin requerir que estos individuos sean historiadores profesionales, pero con poder político para decidir quién sí lo es.

La medida del historiador profesional refleja la complejidad de la Historia, que es tanto arte como ciencia, tan íntimamente ligada a la vida y al deseo de todo humano de conocerse, estudiando su pasado colectivo. En Occidente, sus orígenes se remontan al padre de la Historia, Heródoto, sin olvidar a Clío, la musa de la mitología griega que cantaba el pasado de los hombres. Pero es solo a principios del siglo XIX que la Historia en Occidente se convierte en una disciplina académica, dando comienzo a una historiografía moderna. Desde entonces, surgen múltiples interpretaciones y conflictos sobre su concepto, porque la Historia es una disciplina siempre cambiante y renovadora, que colinda con muchas otras disciplinas, lo que permite la creación de una armonía creativa que requiere amplia libertad académica, no limitaciones a su ejercicio o nacionalizar su desempeño.

Lo triste en Panamá es que existe una indiferencia total a la Historia nacional y universal, quizás porque los ciudadanos sienten que nuestro presente no tiene relación alguna con nuestro pasado, considerándola materia para anticuarios. Tanto así que no existe en ninguna universidad panameña una Facultad de Historia, empeorado por la pobreza de planes de estudios e investigaciones a nivel escolar y universitario; que agoniza nuestra otrora celebre y centenaria Academia Panameña de la Historia, hoy con solo tres académicos de número de los veinte que contempla su Estatuto; que le tomó 20 años a la Universidad de Panamá instalar el Instituto de Investigaciones Históricas, todavía haciendo pininos como el recién inaugurado Centro de Investigaciones Históricas, Antropológicas y Culturales del Ministerio de Cultura; las actividades e investigaciones casi nulas del Colegio de Historiadores de Panamá; el descuido bochornoso de monumentos históricos y museos; además de un largo etcétera de necesidades históricas por atender.

Ya lo dijo Ortega y Gasset “la vida humana es una realidad extraña”. También lo es la Historia como profesión y como tema en Panamá.

Ciudadano, economista y ex funcionario diplomático.

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