06 de Dic de 2021

Columnistas

El ocaso del Partido Panameñista

“El Partido Panameñista, al parecer, sigue el mismo curso de descenso de la Democracia Cristiana, que optó por mudar de piel, pero sin ser la estrella que en un tiempo fue”

Los partidos políticos, al igual que los grandes imperios, tienen un tiempo de vida azotados por la tiranía del tiempo. Su vigencia depende de una coyuntura muy específica y de un marco histórico determinado. Muchos partidos políticos en Panamá, que no lograron hacer una lectura adecuada de los momentos y situaciones cambiantes, sencillamente sucumbieron más temprano que otros.

El Partido Panameñista se forjó bajo la sombra de un líder “carismático” como lo fue Arnulfo Arias Madrid, quien robusteció su figura de “popular”, gracias a que nunca fue un presidente a tiempo completo o, como algunos también afirman, “no lo dejaron gobernar” y gracias a algunos legados en su efímero mandato, como lo fue el otorgar el derecho al voto de la mujer en Panamá, el mismo se constituyó en una especie de mito político que sirvió para reclutar a muchos seguidores.

Para inicios de la década de los años setenta, el partido, que seguía las directrices del caudillo Arias, empieza a fracturarse, dando pie a dos corrientes alimentadas por el interés personalista y político de algunos de los lugartenientes de Arnulfo, originándose así el Partido Panameñista Auténtico y el Partido Arnulfista.

Con la apertura hacia la “democracia” y la cancelación del proyecto militarista, el Partido Panameñista tuvo dos buenas oportunidades para reinventarse y ganar un espacio significativo en el espectro electoral, sin embargo, en ambos casos, la orientación meramente “clientelista” y las prácticas corruptas de los dos Gobiernos respectivos minaron considerablemente su existencia como grupo alternativo.

Durante el Gobierno de Mireya Moscoso, quien llega al poder por el vínculo sentimental que le amarró a Arnulfo Arias, se dio una serie de escándalos no resueltos, como lo fueron el misterioso hundimiento a balazos del Helicóptero HP-1430, que supuestamente escoltaba a Moscoso desde su casa en Punta Mala. Otro hecho que indignó mucho a la sociedad panameña lo fueron los famosos relojes Cartier de alto costo obsequiado a los diputados en un ambiente de tanta necesidad.

En la lista de escándalos del Gobierno “Mireyista” también figuran la venta ilegal de terrenos del Banco Hipotecario a ciudadanos asiáticos, las donaciones millonarias que hizo el Gobierno de Taiwán, que al final nunca se supo su verdadero destino, proyectos de construcción que eran otorgados a sus cercanos colaboradores, el uso de la caja menuda para comprarse prendas costosas, etc.

El mismo expresidente Ricardo Martinelli llegó a afirmar en su momento que “todos los hilos de la corrupción llegan hasta Mireya Moscoso y debe estar presa”. Sin embargo, al cabo de un tiempo, Mireya y Martinelli fumaron la “pipa de la paz”, me imagino que a cambio de ciertos favores políticos.

En el segundo intento de recomponer la figura del Partido Panameñista, Juan Carlos Varela llega al poder con la consigna de “transparencia”; sin embargo, la forma tan lenta de actuar en su Gobierno, sobre todo en algunos proyectos, le valió el apodo de “Tortugón”. Su promesa de “cero letrinas” no se cumplió. También en “techos de esperanza” solo hubo una ejecución de cerca del 47 por ciento y la ciudad hospitalaria, que debió culminarse en su Gobierno, tampoco se logró.

Tanto Varela como Mireya sintetizan una visión que algunos partidos tienen con relación al Estado. La meta únicamente es alcanzar el poder y resolver las demandas de los “clientes” o también llamados copartidarios. El concepto de “oferta electoral” tiene mucho que ver también con la dinámica de mercado donde todo se vende y también se compra.

Hoy día, el Partido Panameñista se encuentra en su momento más crítico. La masa electoral octogenaria que apoyó en su momento a Arnulfo Arias ha disminuido respondiendo al ciclo de la vida. No hay líderes propiamente tal y mucho menos con carisma. También abunda el mismo discurso demagógico de siempre, que se centra en criticar desde la oposición para luego caer en lo mismo cuando les toca gobernar.

El Partido Panameñista, al parecer, sigue el mismo curso de descenso de la Democracia Cristiana, que optó por mudar de piel, pero sin ser la estrella que en un tiempo fue.

Sociólogo y docente.

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