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16 de Ene de 2022

Columnistas

Pandemia y desigualdad, binomio perverso

“Es supremamente claro que, […], el que haya hoy día tales niveles de pobreza y desigualdad, significa que “algo” en el modelo económico y político predominante en el mundo, no está bien”

Según un macroestudio elaborado por el World Inequality Lab -que es un laboratorio de investigación que se centra en el estudio de la desigualdad en todo el mundo-, en los últimos dos años se ha producido una aceleración del proceso de concentración de las rentas y la riqueza, proceso que, según el laboratorio, comenzó en la década de los ochenta.

Señala el estudio que, “el 10 % de la población más rica concentra ya el 52 % de las rentas y el 76 % de la riqueza del planeta, mientras que el 50 % más pobre solo capta el 8 % de los ingresos y el 2 % del patrimonio”.

Este proceso de desigualdad de rentas y riqueza, según dice Lucas Chancel, uno de los directores del laboratorio y que lideró esta investigación, “se agudizó a raíz de la oleada de políticas desreguladoras y privatizadoras de los años ochenta. Ese fue el comienzo”.

Es decir, está estudiado y documentado que desde hace 40 años que comenzaron estas políticas globalizadoras que, si bien en sus inicios se presentó como una oportunidad de progreso y prosperidad, y de hecho lo fue para algunos países como China, India y Brasil, que se transformaron en gigantes económicos -y en el caso de China, un actor que está cambiando el balance geopolítico del planeta-, por ejemplo, no es menos cierto que la desigualdad ha llegado a niveles preocupantes.

Por ejemplo, explica el estudio que, “desde los años noventa, el 0,01 % más rico vio cómo crecía un 5 % cada año; el 0,001 %, un 5,9 %, y el 0,00001 %, un 8,1 %”.

Adicionalmente, si hoy día la concentración de la riqueza ha llegado a una cuota excesiva, ya que el 10 % más poderoso posee ya el 75 % de todo el patrimonio mundial, pues como lo señala el estudio, “una cosa es segura: si las tasas de desigualdad de las últimas décadas siguen en el futuro, entonces la desigualdad global continuará incrementándose hasta alcanzar niveles enormes”.

Otro dato interesante que reseña el estudio es que, “en Europa el 10 % más rico consigue el 36 % de los ingresos; en América Latina, el 55 %”, es decir, a mayor pobreza, mayor desigualdad y por lo tanto mayor concentración de riqueza y patrimonio, la brecha entre ricos y pobres es aún mayor.

Como si lo anterior no fuera suficiente, el Banco Mundial ha estimado que por la COVID-19 más de 100 millones de ciudadanos ingresaron a la extrema pobreza, y ahora son cerca de 711 millones quienes se encuentran en esa situación. Pero, mientras la pobreza extrema se incrementaba en el mundo, un muy pequeño grupo de multimillonarios, para ser precisos y según el estudio, el 0,001 % de la población, incrementó su riqueza en un 14 %.

Ahora, dentro de este desolador panorama, hay algo de luz que permite inferir que sí es posible hacer algo. Por ejemplo, algunos países tomaron la decisión de generar redes de protección para sus ciudadanos. En Estados Unidos, el impacto de la pandemia fue enorme y las tasas de empleo cayeron un 37 %, y las solicitudes de auxilios por desempleo se dispararon, pero, según destaca Lucas Chancel: “Y, sin embargo, vimos que no se produjo un aumento de la pobreza. Justo lo contrario: hubo un descenso”.

Básicamente lo que hizo el Gobierno federal norteamericano fue que, mediante gasto y transferencias sociales, protegió a esos ciudadanos que la estaban pasando mal, y con ello logró reducir las tasas de pobreza entre 2020 y 2021 en un 45 % en comparación con 2018. “En total, 20 millones de personas escaparon de esa situación de vulnerabilidad”.

¿Qué pudiéramos deducir? Bueno, las políticas sociales pueden ser efectivas, pueden ayudar a reducir la extrema pobreza en los países ricos. Paul Krugman, premio Nobel de Economía, en su libro “Acabemos ya con la crisis”, publicado en 2012, ya señalaba que “los Estados deben invertir más cuando las economías están mal y deben ahorrar, cuando las economías están bien”.

Es supremamente claro que, con todos los avances que ha tenido la sociedad en las últimas décadas, el que haya hoy día tales niveles de pobreza y desigualdad, significa que “algo” en el modelo económico y político predominante en el mundo, no está bien.

Con tantos avances y logros, es para que no existiera pobreza, hambre y desigualdad en el planeta, por lo que urge que los líderes y fundamentalmente, los nuevos liderazgos, comiencen ya a reconfigurar y crear un nuevo sistema, más justo, equitativo y solidario para todos.

Consultor político; en Twitter: @orlandogoncal.

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