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25 de Ene de 2022

Columnistas

¿Tendremos brújula estatal en la economía?

“Hoy, […], tenemos economistas visionarios, al día en sus ideas globales de cómo se mueve el péndulo mundial. Sin embargo, muchos yacen arrinconados […]”

Para los que estudian la complejidad de las teorías económicas globales, ellos pueden discutir desde ayer hasta hoy los conceptos de Adam Smith versus Marx y Engels, o conocer lo que pensaban A. Marshall o Friedman, con la facilidad que Messi juega al fútbol. No obstante, para Juan y María con sus siete hijos, o para Nacho y Pancha con nueve, ellos necesitan igualmente -en sus escalas- manejar su economía día a día.

Hoy, cuando en el continente -para cólera de muchos y aplausos de no pocos- las opciones políticas (sin contar a Venezuela y Nicaragua, donde pequeños zares criollos mandan a su antojo), en países como Perú o Chile, y los avisos que da Colombia, las mayorías descontentas parecen apuntar a la izquierda -sin conocer a Marx- en elecciones ya ganadas o por ganar, nos tendríamos que preguntar ¿por qué esas tendencias, opuestas al ya noqueado neoliberalismo, se están imponiendo? Tal vez, sin conocer nada de economía política, la respuesta la podríamos resumir en no muchas palabras: desilusión y rabia por la corrupción rampante y la justicia comprada, donde ya, la antaño virtuosa y simbólica estatua universal de la mujer con ojos vendados y las balanzas en sus manos, hoy es una cuasi ramera, que, no solo se destapó el velo, sino que no le importa nada con sus actos impúdicos. Eso, por una parte. Por otra parte, la acumulativa rabia social, por el empobrecimiento crónico de las grandes mayorías frente al festín orgiástico de unos pocos, que siempre tienen enormes influencias y privilegios con todos los Gobiernos.

En síntesis, como ocurre con la cacareada “pandemia o plandemia”, cuando grandes médicos mundiales nos dicen “hay curas baratas, pero los intereses de las elites industriales querían vendernos vacunas”. Vacunas que vocearon y creímos que “eran para dar inmunidad real” -como las vacunas formales de antes- y hoy resulta que empezamos con gran esperanza por la primera, y luego nos dijeron que debía haber una segunda, mas hoy vamos llegando a la cuarta y, según el mago Fauci, “tal vez haya que colocarnos un refuerzo anual in saecula saeculorum”. Síntesis como en la política en general: billete y punto. Además, lo grave, médicos amigos en primera línea me dicen con seriedad, pero en secreto, que “reciben con el virus igual a vacunados que no vacunados, y peor, que se agravan más los vacunados (por sus sistemas inmunes debilitados, salvo los no vacunados con comorbilidades crónicas). Además, que les hacen cambiar sus informes y les prohíben divulgar estos datos. ¡Dictadura sanitaria pura y dura! ¡Y no son solo médicos locales que lo afirman! ¿Por qué en países europeos industriales con promedios muy cultos, muchos médicos y enfermeras se agregan a los ciudadanos civiles que no quieren vacunarse?

Volvamos a la economía -aunque lo anterior es parte de ello; y de qué modo-. Llevamos más de tres décadas que el Estado panameño enterró el cadáver abaleado de un “Cerebro Nacional Rector de la Política Económica y Social”. Hubo antaño un ministerio llamado de “Planificación y Política Económica” (se le debe agregar “y Social”), que, con sus virtudes y defectos, era un ente, que, como un banco central, orientaba y vigilaba a todos los otros ministerios y entidades como agencias o sucursales para guiarlas y ordenarlas. Lo hubo en “la dictadura de Torrijos”, y yo diría, con éxito. En ese tiempo, el general, solo agregaba a los cerebritos económicos en sus planes orientadores, lo que él llamaba “la economía subterránea”, que veía en pueblos y campos que visitaba en sus patrullajes.

Hoy, y sé por qué lo digo, tenemos economistas visionarios, al día en sus ideas globales de cómo se mueve el péndulo mundial. Sin embargo, muchos yacen arrinconados en cargos formales, pero sin ningún chance de ofrecer sus opiniones y que se les tome realmente en cuenta. Sé de varios a quienes se les llama “a ofrecer a asesorías” a ministros, técnicos, que jamás construyeron de veras en la práctica un kiosquito de vender verduras. El actual ministro de Economía sabe de lo que hablo sobre lo que antaño existía, y aunque no lo va a decir, conoce que hoy, en cada institución pública, hay “miniministerios de economía”, que, más que teorías y prácticas formales, obedecen el dedo de sus jefazos, y que, por tanto, no obedecen orientaciones técnicas de ningún ente creado para guiar planes a ciertos plazos. Sino como los chinos -cuyas políticas de planificación económica se hacen a 50 años- siquiera para los cinco (5) años de Gobierno, que ya sabemos que normalmente despedazan, por joder, los planes de Gobiernos anteriores, así sepan que son buenos.

¡Y luego, los cocotudos criollos se preguntan asustados por qué el rumbo del continente marcha hacia la izquierda! Y, como dice nuestro filósofo Domplín, “que nadie llore”.

Abogado, coronel retirado.