Temas Especiales

24 de May de 2022

Columnistas

De noche en la carretera

“La nocturnidad no debe ser un motivo para suspender la vida y el trabajo en el país”

Los viajes a provincia suelen convertirse en experiencias positivas; sobre todo, en las épocas secas. Están llenos de actividades gratas, buenas comidas, el florecimiento de frutales refrescantes como la sandía, papaya, melón y el saril; aparte de, lo que se puede apreciar en el desayuno con las frituras, los quesos, café y otras delicias matutinas, que la artesanía y manos diestras, pueden brindar a un recién llegado a esas tierras provincianas.

Sin embargo, esta visión tiene también su aspecto negativo y se relaciona con el desplazamiento nocturno entre localidades. Intentar moverse de un lugar a otro, después de las siete de la noche, constituye un conflicto y la costumbre hace que las ciudades en el interior, se apaguen prácticamente a esa hora y, si no se cuenta con un vehículo o taxi, es sumamente difícil la movilización.

Hace algunos años, me correspondió brindar un curso en Chitré que debía impartirse dos veces por semana, y que solía terminar a las 7:00 de la noche. La primera vez salí a la carretera, a esperar un bus que viajara hacia la ciudad capital, y fue incómodo: porque pude advertir que, pasada esa hora, era difícil encontrar una unidad; salvo que tuviera la suerte de alcanzar la última, que venía de Las Tablas, de las 6:00 de la tarde.

Desde ese momento, procuraba avanzar con la clase y salir unos minutos antes para encaminarme, a toda prisa, al punto por donde pasaba el transporte. Cuando era materialmente imposible, entonces procedía a tomar un busito que iba a Santiago o para Aguadulce y bajaba en el cruce de Divisa: donde esperaba uno de los grandes, de Santiago o de David, que pasaban velozmente por ese punto.

El riesgo era que cualquiera de esos autobuses viniera lleno y no se detuvieran. El resto del tiempo del curso que dictaba, adquirió su etapa más animada al hacer este recorrido posterior. Algo semejante sucedió en Colón, cuando brindaba una materia en una carrera de Periodismo en una universidad situada en Margarita, uno de los poblados rumbo a las esclusas de Gatún.

Cada ocasión, después de culminar la jornada, debía encaminarme a la Terminal de Transporte de Colón e intentar tomar la última unidad de Expreso que, tan pronto se llenaba, partía hacia la ciudad de Panamá. Uno debe preguntarse cómo hace, quien se desplaza de sectores más 'metidos' que las áreas metropolitanas, en las provincias, cuando han pasado las horas de la tarde.

Hace unos días tuve la necesidad de encontrarme con unos cubanos en una urbanización, situada frente a los Cuatro Altos en Colón, para entregarles unas medicinas que debían llevar a su isla caribeña. Supuse que no habría ningún problema en llegar a su encuentro, una vez que terminaran su tarea de comprar mercancías en Zona Libre para exportar a su país. La persona demoró y llegó pasada las 8:00 de la noche.

Entregué la encomienda y me dirigí a un punto por el que pasan los autobuses de Colón- Panamá, y un par de horas después alguien me confió que el último salía a las 8:00 y que, con posterioridad a esa hora, resultaría difícil lograr un traslado. Lo confirmé cuando, casi a medianoche, aún estaba parado en Sabanitas, en una maloliente parada llena de basura de todo tipo, entre borrachos y menesterosos.

Si el transporte estuviera organizado en el territorio nacional, pudieran existir formas de circulación en la noche, entre distintos puntos. Sería un modelo que supondría no cortar el flujo, aún en esas horas y de acuerdo con los trayectos; sobre todo, de trabajadores que terminan sus jornadas en comercios, restaurantes y otros centros.

La nocturnidad no debe ser un motivo para suspender la vida y el trabajo en el país.

Periodista