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26 de May de 2022

Columnistas

A efectos de la guerra Rusia-Ucrania

“[...] apelo, [...] al señor presidente, una reducción temporal prolongada de salarios que ascienden hoy a una suma estratosférica de B/.3500MM, [...]”

Como reza el adagio: “pongamos las bardas en remojo”, porque si bien es cierto a consecuencia de la guerra generada tras la invasión rusa a Ucrania todas las variables apuntan hacia una realidad cuyos resultados serán de afectaciones desproporcionadas y nuestro país no está exento de las mismas, más temprano que tarde, empezando por el consumo indispensable de los combustibles en todos los sectores económicos en uno más severo que en los otros, sin excluir la afectación directa en el transporte privado o personal, el selectivo, el colectivo y el de carga; además, la importación de algunas materias primas no producidas en nuestro medio, como cereales básicos, la importación de insumos agrícolas, elementos básicos también para las plantas industriales y maquilas con su encarecimiento, vamos directo al sendero del “¿qué hacemos?”, en el simple razonamiento de algunos ciudadanos rápidamente reclaman la baja del impuesto al combustible y la cláusula del mismo por consumo de energía, además del sostenimiento de los subsidios energéticos, entre los cuales está el del gas licuado de consumo en los hogares más vulnerables por la situación económica actual.

Las probabilidades o alternativas para aliviar el golpe al bolsillo de todos los panameños mediante esas reducciones, es importante hacer del conocimiento de las mayorías que, al fin y al cabo, serían los más afectados, a razón de que se hace indispensable por ley reestructurar una renta sustitutiva; en otras palabras, de todas maneras “la calavera es ñata”, porque el Estado, que somos todos, debe seguir soportando el sistema para poder seguir adelante, sin descartar las nuevas tasas de interés que no demoran en darnos sorpresas. A todo esto debemos sumar el arrastre y peso del bienio de pandemia por la COVID-19, que todavía estamos en proceso de recuperación.

Ahora bien, en los resultados de las exploraciones y cálculos matemáticos, por no decir macroeconómicos, que surjan en anteproyectos de ley, porque es necesario pasar por el tamiz legislativo y de seguro seguirán exigiendo otra alternativa más viable y surgirá invariablemente una muy difícil, pero exigible por las circunstancias, ha sido planteada por connotados economistas y especialistas en finanzas, como quien dice, ¡lo mencionamos o no! Lo han mencionado sucintamente, como “tirando la piedra y escondiendo la mano”, donde han sostenido la posibilidad de tener que ejecutar contención del gasto público, incluyendo, por supuesto, despidos masivos de funcionarios, los que de inmediato pasarían a engrosar las filas del desempleo a nivel nacional, pues bien, a la luz de prevenir una crisis que recae en este caso, en la soledad del despacho presidencial, donde ojalá el presidente de la República cuente con el respaldo de todos sus más inmediatos colaboradores “metiendo el hombro” con él.

Ahora, sin abrogarme soluciones de más sabio que otros, apelo, como ciudadano con derecho a proponer, sin ser el descubridor “del agua tibia”, con el debido respeto y consideración al señor presidente, una reducción temporal prolongada de salarios que ascienden hoy a una suma estratosférica de B/.3500MM, que, en orden descendente, desde el más alto irían desde el 50 %, 40 %, 30 %, 20 %, 10 %, hasta el salario mínimo 0 %, quedando sobreentendido que sería inapelable la suspensión de gastos de representación sin menoscabo ni privilegios a favor de nadie que perciba emolumentos en concepto de salario por su posición como funcionario.

Esto no es fácil, pero reiteramos, el pronóstico de los más entendidos es que se podría hacer realidad más temprano que tarde, el congestionamiento de decisiones por emergencia sería caótico y ante un colapso, mejor estar preparados, hemos sorteado como nación dificultades aún mayores y las superamos, le auguro la mejor decisión al señor presidente de la República, puesto que recae sobre sus hombros la decisión final, a la que le ha abocado la historia.

Ingeniero