Temas Especiales

23 de May de 2022

Columnistas

La partida de un diplomático ejemplar

“[…] su conducta y su talante diplomático, comprometidos con el futuro del país, deben ser un ejemplo para las nuevas generaciones de diplomáticos, [...]”

Una ausencia que nos llena de mucha tristeza, aceptando con resignación que la fragilidad de la vida tiene un principio y un fin. Nos embarga el sentimiento de profundo pesar ante la reciente partida del embajador Jorge Constantino, un diplomático de carrera con una trayectoria de cincuenta años en el duro bregar de las relaciones exteriores del país.

Un ejemplo de mesura, calidad humana, prudencia y firmeza en la proyección de la imagen del servicio exterior panameño. Nada de sus logros fueron fáciles, enemigo de la fatiga, Jorge fue perseverante en sus propósitos, siempre tuvo una fuerza interior para levantarse y seguir. Perdió su última batalla el pasado 13 de abril con el aliento centrado en la esperanza de volver a una carrera a la que se entregó con pasión por más de medio siglo.

No es fácil describir la templanza, humildad y carácter afable de este magnánimo diplomático, quien en sus afanes gremialistas convergió en las luchas reivindicativas de los diplomáticos, desde la creación del Comité Prorescate de la Carrera Diplomática, cuya derogatoria en 1989, generó una década de incertidumbre en la profesionalización del servicio exterior panameño. Amigo de complicidades gremiales, Jorge, un entusiasta y firme defensor de la carrera diplomática en momentos críticos que vivió el país antes, durante y después de la invasión fue perseguido hasta su destitución.

En su larga carrera diplomática, que inició a principios de los 70, con ascensos rigurosos en el escalafón en Madrid, París, Tokio, Colombia, Canadá, Haití, Tailandia y Jamaica, se desempeñó en propiedad como jefe de Misión. También ocupó cargos relevantes en Cancillería, entre otros, director de Protocolo y Ceremonial del Estado.

Comprometido con los postulados del Colegio Nacional de Diplomáticos de Carrera, Jorge Constantino forjó escenarios de esperanza en la conciencia de los nuevos diplomáticos panameños. Entusiasta cooperador a tiempo completo, jamás olvidó la dimensión humana, dispuesto a enfrentar vicisitudes, buscando la manera de practicar la convivencia en el marco de la solidaridad y respeto mutuo.

Dueño de un carácter generoso y un espíritu comprensivo en sus responsabilidades, asumió desde temprano como el eje de su familia, preocupado por construir un legado familiar con su madre centenaria que le sobrevive, así lo percibimos, como hijo compasivo, hermano solidario y padre ejemplar.

Entendemos que la vida es un proceso con un inicio y un fin, y que una estación en esta ruta es la muerte, que nos cuesta aceptar. Todos tenemos una fecha de nacimiento en el libro de la vida y una inexorable fecha de partida.

Nos reconforta, sin embargo, la vida ejemplar que llevó, enemigo de injusticias y un amante de la solidaridad gremial. La partida de Jorge, nos deja el cálido abrazo de resignación cristiana y de ser dignos herederos de la nostálgica hidalguía de un hombre comprometido hasta sus últimos momentos en fortalecer el sentimiento de solidaridad que siempre prevaleció en su entorno familiar.

Pero la trayectoria de este personaje carismático de la diplomacia no se queda allí, fiel a sus principios y amante de soluciones pacíficas, proveniente de la cantera del nacionalismo, la generación institutora de 1964, fue militante de profundas convicciones patrióticas, a tal punto, que, con arrojó y valentía, participó en eventos trascendentales, como la recuperación del Consulado en Londres, convertido en foco de conspiración proinvasión.

Nadie está preparado para la muerte, que es un misterio, al que nadie se acostumbra jamás. Cuando muere una persona, el amor, la inteligencia, el carisma que ha sido el fruto de toda una vida, el calor y la luz que emanan de ella, continúan actuando en sus descendientes y amistades que le han rodeado. No podría ser de otra manera en el caso del amigo Jorge.

Estamos consternados por esta sensible pérdida, su conducta y su talante diplomático, comprometidos con el futuro del país, deben ser un ejemplo para las nuevas generaciones de diplomáticos, nos precia el orgullo y el privilegio de haberlo tenido entre nosotros.

Un adiós al maestro, consejero y amigo de valores inconmensurables. Nos veremos en el reencuentro celestial. Paz a su alma.

Consejero político, Embajada de Panamá en España.