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20 de May de 2022

Columnistas

Vale por la educación

“El cheque escolar les da la capacidad a los padres de poder decidir dónde quieren que sus hijos estudien, buscan así el mejor colegio que puedan para brindarle a sus hijos un mejor futuro [...]”

¿Por qué exigimos que los empresarios tengan cientos de opciones de donde elegir, pero no lo hacemos con otros bienes y servicios? ¿Por qué, como ciudadanos, no exigimos en este caso opciones donde puedan estudiar nuestros hijos? Sin darnos cuenta, se nos ha dicho toda la vida lo dañino y malo que pueden ser los monopolios y oligopolios para el mercado, pero nunca nos han dicho que esos mismos son dañinos para cualquier bien y servicio, en especial para la educación.

Como individuos y consumidores no hay nada que nos guste más que poder elegir entre una variedad de productos. No hay nada mejor que ir a un supermercado y poder comprar aquellos productos que, ya sea por precio o calidad, nos generen la mayor satisfacción a nuestras necesidades ¿Por qué no poder, entonces, elegir dónde queremos que nuestros jóvenes estudien?

Actualmente, en Panamá existe un monopolio sobre la educación, lo que incluye no solo los centros educativos, también las mallas curriculares, la capacitación de los docentes y proteccionismos. Alrededor del 80 % de toda la oferta educativa es controlada por el Estado, a través del Meduca, impidiendo así la libertad de cada institución de ajustar los programas escolares hacia aquellas áreas del conocimiento que vean relevantes para el futuro de los jóvenes. Los daños del monopolio estatal sobre la educación han sido más que visibles durante años, pero en este momento, luego de dos años de cerrar las escuelas, por órdenes del Gobierno y el Meduca, no se puede seguir ignorando esta problemática.

El sistema público le ha fallado a la juventud, a los padres y a la sociedad, por medio de la desmejora de la calidad educativa, obligando a los padres, en especial aquellos que no tienen medios para llevar a sus hijos a escuelas privadas, a tener que conformarse con un pésimo sistema educativo. Resignándolos así a un futuro incierto y poco prometedor para sus hijos, causando daños sobre la autoestima y las capacidades de los jóvenes.

No es falta de presupuesto, ni de voluntad, al final, por mucho que se quiera evadir la realidad, es el propio sistema del Meduca el que ha fracasado. Subsidiar a la oferta en este caso al Meduca, solo ha creado un aumento de la planilla y de gastos corrientes abultados que han ocasionado que grupos minoritarios logren controlar la educación y coloquen de primeros sus privilegios y beneficios obtenidos a través del dinero de todos, que en la propia calidad y educación de los jóvenes dentro de la educación pública.

Hay que colocar los pies en la tierra y comprender que hoy por hoy lo único que puede no solo darle poder de elegir, sino también premiar a aquellos maestros que tienen un espíritu de vocación y servicio es por medio de la implementación del cheque o vale escolar.

El cheque escolar les da la capacidad a los padres de poder decidir dónde quieren que sus hijos estudien, buscan así el mejor colegio que puedan para brindarle a sus hijos un mejor futuro, porque, como padres, su interés más grande es saber que sus hijos podrán tener la capacidad de ser independientes y lograr metas que tal vez ellos no pudieron alcanzar. Los jóvenes que van a las escuelas públicas tienen igual derecho de acceder a una educación de calidad, darles la opción de elegir romperá ese sistema de castas y clases donde quieren definir a un estudiante de acuerdo con el colegio en que se graduó.

El cheque escolar incentiva a premiar a los buenos educadores, los que tiene vocación de servicio, aquellos que constantemente se actualizan y actúan con responsabilidad, respeto y esfuerzo. El cheque escolar, permitiría que grupos de maestros se organicen para poder administrar, ya sean los colegios públicos existentes o nuevos colegios en aquellos sitios donde darían un mejor servicio.

Un claro ejemplo del mercado educativo es el “chinito” que hay en todos los barrios, él, como empresario, que tiene como interés satisfacer a otros para obtener ganancias, no espera que las personas vayan a sus negocios, en realidad ellos van a donde están las personas, por eso hoy en día en Panamá es muy difícil ver una barriada que no tenga un “chinito”.

Lo mismo ocurriría con la educación al momento de darle plena libertad por medio del cheque escolar. Los maestros tendrán que ir a buscar a los estudiantes, no al revés. Las escuelas estarán donde en verdad se necesitan, cerca de las comunidades, donde los jóvenes no tengan que tomar largas travesías y asumir altos costos para poder estudiar.

El otro gran beneficio del cheque escolar es que permitiría la libre enseñanza por medio de la descentralización de la educación, ya no estarían atados al centralismo de los planes educativos del Meduca. Cada escuela, elegirá aquellos planes que mejor crean que el mercado está demandando y necesitando, con ello, prepararían a los jóvenes para el futuro y no como hoy en día, que muchos planes de estudio son cosas obsoletas.

Para hacer un cambio real, hay que cambiar la manera como hacemos las cosas, en educación eso significa comenzar a subsidiar a la demanda, que cada padre o representante tenga la opción de elegir sobre el futuro y la educación que quiere para su hijo. Seguir subsidiando a la oferta es seguir botando el dinero de todos los panameños en planilla y gastos corrientes que no se traducen en una mejor educación. El cheque es usado en países como Suecia, Estados Unidos y Chile, entre otros; no es por tanto un invento, es un sistema que ha sido probado y que ha traído buenos resultados para quienes lo han aplicado en su momento.

Hay que darles la oportunidad a jóvenes, padres y maestros de tener la libertad de elegir y de ser responsables de su futuro por medio de sus decisiones y acciones, en especial en algo tan esencial como es la educación.

(*) Economista, miembro de ISA Panamá y estudiante del MAE – QLU.