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17 de May de 2022

Columnistas

Acoso universitario

Rompamos el silencio del acoso sexual, hagamos realidad, cuanto antes, lo previsto en la Ley 7 de 2018 que obliga a los centros universitarios a establecer una “política interna que prevenga, evite, desaliente y sancione las conductas de hostigamiento, acoso sexual o moral, racismo y sexismo”, (...)

Un buen día llegamos al campus universitario, pero el ambiente seguidamente se torna aterrador porque nos sentimos acosados por el profesor, que de manera reiterada nos acecha, y realiza una conducta inapropiada de carácter sexual.

Puede que estas actuaciones del profesor se vean como algo normal para los algunos, aunque tratándose de gestos sexualmente sugestivos, piropos no deseados sobre su apariencia o chistes de contenido sexual, e invitaciones de naturaleza sexual, el asunto se vuelve perturbador. Igualmente, cuando el profesor le invita y los cita a un bar, o le solicita aplicar una prueba fuera del horario de clases y del recinto universitario, sin que existan motivos académicos, le hace llamadas telefónicas insistentemente, le envía mensajes de texto o correos electrónicos de tipo sexual, o simplemente cuando es un acoso por chantaje, “sexo por buenas notas”, o sexo a cambio de aprobarle la asignatura.

Para el acosador lo fundamental no es lo sexual, sino conseguir un control sobre la víctima, para humillarla y someterla. Son personas inmaduras, narcisistas, inestables emocionalmente y con ausencia de valores, y sus víctimas, mayoritariamente son del sexo femenino, y las exponen a situaciones perturbadoras, hostiles de chantaje y humillación, con efectos de ansiedad, depresión, bajo, rendimiento académico, entre otros.

El acoso sexual en el ámbito académico es un asunto oculto, porque en general, las víctimas no se “atreven a romper el silencio”, por miedo a no ser tomadas en serio, no recibir apoyo de la institución universitaria, o porque se les haga algo en su contra, o por vergüenza o que vayan a decir que “seguro que lo provocó y luego se arrepintió” (R.Echeverría).

Pero esas miradas morbosas y gestos sugestivos persisten y lo que “trae puesto la víctima” es lo que se castiga en el acoso sexual, porque es provocativa, dio motivo a ello, y con esto se justifica a los acosadores de lo ocurrido. Tales mitos deben ser eliminados tanto de las mentes de las mujeres como de los hombres; frases como “una mujer decente no debe vestirse provocativamente”, o si no quiere que te miren, ¿para qué te vistes así?. Y es que la vestimenta de la persona solo determina la identidad de la mujer y como dice Alonso (2017): “pareciera inconcebible para los hombres que una mujer quiera ponerse un vestido escotado para gustarse a sí misma o para encontrarse atractiva o que elija una falda corta sin tener interés alguno en que un hombre valore sus piernas o acaricie sus muslos”. Y agrega: “si te tapas, no quieres acostarte con nadie. Si te destapas, lo estás pidiendo a grito”.

La indignación por el acoso sexual cada vez sube de tono y reclama una respuesta a nivel mundial y nacional, son muchos los acosadores que han sido destituidos como profesores, y las instituciones universitarias, como Oxford y Harvard, entre otras, han tenido que responder también por ignorar estas denuncias.

Rompamos el silencio del acoso sexual, hagamos realidad , cuanto antes, lo previsto en la Ley 7 de 2018 que obliga a los centros universitarios a establecer una “política interna que prevenga, evite, desaliente y sancione las conductas de hostigamiento, acoso sexual o moral, racismo y sexismo”, en la que por el momento se ha iniciado la reactivación de este protocolo en la Universidad de Panamá.

Ralph Waldo Emerson afirmaba: “el secreto de la educación está en el respeto al discípulo”. Hagamos pues que los estudiantes se sientan seguros en el aula, y que el ambiente universitario sea un espacio en la que prospere un clima de respeto entre profesores y estudiantes.

Catedrática de Derecho Penal, UP