Temas Especiales

26 de Jun de 2022

Columnistas

Panamá ante el nuevo orden mundial

Nuestra capacidad de convocatoria internacional para lanzar iniciativas relevantes ya no se discute. No obstante, el peso de nuestro poder e influencia lo define la fuerza que ganamos como bloque (...)

Luego de las recientes reuniones de alto nivel celebradas en Panamá, se abre una extraordinaria oportunidad para aprovechar el liderazgo internacional panameño y posicionar al país en un espacio congruente con sus objetivos internos y la realidad mundial. En medio de un contexto mundial sin precedentes, es necesario decidir el rol que Panamá quiere jugar en ese nuevo orden geopolítico.

La exitosa convocatoria de dos encuentros inéditos en Panamá ha sentado las bases. Por un lado, por iniciativa de Panamá, desde el año pasado y por primera vez en la historia de la región, se abordó el creciente fenómeno de la migración irregular con veinte países del continente, de manera que hubiese una visión holística desde los países de origen, tránsito y destino, en busca de una verdadera corresponsabilidad hemisférica frente al fenómeno.

Por otro lado, también por iniciativa y por el poder de convocatoria de Panamá, se creó el primer grupo de trabajo de los cancilleres de Centroamérica y el Caribe, en el que propusimos articular una voz común para visibilizar las consecuencias en nuestra región del conflicto en Ucrania, efectos que registra cifras alarmantes, según la CEPAL, ubicándonos como el área más vulnerable al alza de los precios de los alimentos, mientras la FAO advierte sobre la posibilidad de que se avecine un incremento en los índices regionales del hambre.

Otro tanto ocurre con el precio del barril de petróleo, cuyos índices, medidos en términos WTI, vaticinan un alza sostenida del precio del combustible y en el costo de la energía eléctrica para nuestra región. En Panamá, como en el resto de América Latina y el Caribe, estamos empezando a pagar la factura de ese conflicto distante, que está cambiando el orden mundial.

En diez días y dos reuniones, el hemisferio entero se dio cita en Panamá, en encuentros inéditos que tuvieron recorrido y visibilidad en todo el mundo. Asistieron con el secretario de Estado de los Estados Unidos, Antony Blinken, y el jefe de la diplomacia europea, Josep Borrell, presencias trascendentes en medio de la coyuntura global.

Estos encuentros fueron potenciados por reuniones posteriores, también en Panamá, con actores clave como India y Turquía, cuyo peso dentro del G20 es necesario ponderar, considerando, a la vez, que Panamá es el primer país de América Latina y el Caribe que ha cumplido una completa gira diplomática a China y el Sudeste Asiático a nivel de canciller, tras más de dos años de pandemia.

Panamá se estableció como líder regional para promover la cooperación, la inversión y el comercio entre los países de nuestra zona.

Con estos resultados, el escenario está armado. Se ha tendido el puente al más alto nivel, tanto con los interlocutores regionales, como con los socios europeos y asiáticos, impulsando una verdadera diplomacia multipolar y balanceada, fundamental para un país de posición estratégica como Panamá y vital para mantener la vigencia política de nuestra región.

Nuestros países, que ya sufrían desproporcionadamente los estragos más mortales de la pandemia del coronavirus, se ven ahora particularmente afectados por las consecuencias económicas y políticas del conflicto en Ucrania. Los desafíos que provienen del ámbito internacional van a afectar la estabilidad nacional, socavando nuestros márgenes de maniobra nacional.

Con coherencia histórica y renovado liderazgo, Panamá ha planteado una propuesta de consenso para consolidar una voz única regional y promueve una respuesta rápida antes de que aumente en nuestra área la severidad de los impactos de la guerra.

No podemos ser meros espectadores, mirando impávidos el horizonte mientras se acerca la tormenta. Solo con la cohesión eficaz de nuestra región, influyendo en bloque, valiéndonos de los mecanismos internacionales, construiremos el nuevo liderazgo regional, sólido, con respaldo social y político, que necesitamos.

El éxito que tuvo Panamá en la adquisición eficaz y oportuna de las vacunas contra el covid- 19 implicó una estrategia anticipatoria que nos garantizó el suministro del producto entre los primeros países del mundo y cuando aún se discutía sobre su aplicación y distribución comercial. Esa misma fórmula visionaria es la que proponemos replicar en la región, adelantándonos a los efectos devastadores que se avecinan y así asegurar regionalmente nuestra autosuficiencia alimentaria, evaluando la fiabilidad de nuestras cadenas de suministro y garantizando los bienes de necesidad básica para nuestras poblaciones.

Panamá tiene ahora la capacidad de influir políticamente sobre las decisiones regionales y globales.

Nuestra capacidad de convocatoria internacional para lanzar iniciativas relevantes ya no se discute. No obstante, el peso de nuestro poder e influencia lo define la fuerza que ganamos como bloque, si actuamos en conjunto.

Esta propuesta de Panamá debe ganar nuevos espacios para que nos escuchen y que los desafíos que enfrenta nuestra región sean atendidos.

Como declarado “hub” político de América, ya tenemos una responsabilidad, allí donde nos convoquen, llevar una sola agenda regional. Hablando alto y claro.

Ministra de Relaciones Exteriores