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26 de Jun de 2022

Columnistas

El poder del ejecutivo y legislativo en Panamá

El partido, en sí, juega por ese poder total; por eso su cúpula es muy peleada (...)

Después de siete gobiernos post invasión, la “democracia” acrecienta su descomposición y nos lleva a gobiernos autoritarios. El concepto de que el poder político procede del pueblo, aunque no es ejercido por él sino por sus representantes elegidos por medio del voto, es la piedra angular de toda justa democracia; es decir, la participación de la ciudadanía es el factor que materializa los cambios, lo que hace necesario que entre gobernantes y ciudadanos exista un diálogo para alcanzar objetivos comunes.

Bajo este esquema, la república se basa en la división, control y equilibrio entre el poder legislativo, ejecutivo y judicial. Sin embargo, hoy, los partidos políticos rompen el equilibrio y entran en franca lid por dominar los tres poderes y tener control absoluto en el poder político. Un presidente, según este esquema, tiene poder en la estructura de su partido y mantiene fuerte relación con los diputados de su partido, lo importante es tener absoluto dominio en el órgano legislativo, como lo tiene en el órgano judicial, quienes son nombrados por el presidente y ratificados por la Asamblea Nacional.

El partido, en sí, juega por ese poder total; por eso su cúpula es muy peleada, las fracciones someten a los convencionales/delegados a toda clase de artimañas con el fin de ser elegidos y que respondan a sus particulares intereses de poder. Allí entran a jugar el representante, diputado y alcalde del partido. Una vez presentada las tradicionales impugnaciones del proceso electoral, basadas en serias irregularidades, inconsistencias y puro clientelismo, rápidamente se oficializa la fracción ganadora, que de inmediato selecciona sus diputados, representantes y alcaldes, para solidificar su nómina y poder en próximas elecciones primarias.

Dentro de todas las actividades para elegir los convencionales, como posteriormente su junta directiva, ninguno de los actores presenta programas políticos a desarrollar desde su función en el partido. Igual pasa en las elecciones primarias para designar las nóminas de diputados, representantes y alcaldes y presidente. Prima la relación mercantil de los convencionales con la fuerza política dominante en el partido. Esta por encima el clientelismo sobre discusiones serias, sobre programas viables de empleo, redistribución de los ingresos, servicios públicos e inseguridad.

Las victorias recaen en figuras políticas del partido que demuestran su fuerza en las votaciones. Sobre todo, figuras políticas que juegan a la política y representan la oligarquía nacional. Crean y desarrollan partidos a su beneficio, a sus intereses, sin ideología ni programas políticos. Los tradicionales, enterraron los cimientos ideológicos de sus fundadores, se apropiaron del poder del partido solo para aumentar sus riquezas y sus intereses individuales. Siempre rodeado de su circulo de poder, quienes sacan máximo provecho particular del gobierno.

Hasta donde llegaremos con esta insoportable posición política de los partidos tradicionales que exprimen al país y reciben directamente políticas a implementar en el país, para reforzar su adhesión a los capitales externos y sumisión total al poder económico mundial. Estos partidos tradicionales y nuevos, ven la actividad electoral como un negocio muy lucrativo para una pequeña cúpula que maneja todos los procesos electorales internos, siempre para seguir en el poder y seguir lacrando al país, aumentando sus amplios capitales.

Para estas fuerzas políticas se hace necesario mantener en este ostracismo a sus copartidarios, por lo tanto, a pesar del presupuesto asignado al partido para formación y capacitación política de su membrecía, nunca se hacen y se desvían estos fondos hacia otras actividades particulares del eje de poder del partido.

Tendremos que llegar a situaciones de completo desinterés por lo ya vivido, enroscados en la pobreza e insalubridad; tendremos que abolir toda fuerza política tradicional que nunca resolvió nada y apoyar otras propuestas, por lo menos, más realista a la situación de incertidumbre actual.

Es lo que vive hoy Colombia, Brasil, Argentina, Chile y otros, cansados de mal vivir, ejercen su poder político y llevan otras alternativas al poder, con la seguridad que estas nuevas fuerzas no podrán superar las políticas sanguinarias y crueles que ya han vivido.

Se lucha porque se puede, porque es posible. El resultado de esa lucha es cambiar lo malo por algo mejor.

Economista