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05 de Jul de 2022

Columnistas

Anecdotario poco conocido de mi vida en México

Varios investigadores se disponen a unir esfuerzos para preparar una biografía con rasgos significativos de mi quehacer literario durante los últimos 58 años.

Varios investigadores se disponen a unir esfuerzos para preparar una biografía con rasgos significativos de mi quehacer literario durante los últimos 58 años. Para apoyarlos, me he puesto a rescatar información que pocas personas conocen. Quiero pensar que el resultado podría resultar interesante.

Qué duda cabe de lo útil que resultaría, además de conocer al menos parte de la obra de un autor que admiramos por su talento, tener acceso a otro tipo de información sobre lo que podría llamarse un anecdotario de aspectos poco conocidos de su trayectoria. Eso trato de hacer en este recuento de hechos que cambiaron mi vida: mi estancia en México durante 12 años.

En 1970 competí por una beca literaria centroamericana que por única vez convocaba en la ciudad de México el Centro Mexicano de Escritores. Los requisitos: ser oriundo de cualquiera país del área; tener menos de 25 años ;haber publicado al menos un libro en cualquiera de los géneros literarios; estar dispuesto a pasar un año en esa ciudad asistiendo semanalmente a un taller literario para escribir un libro bajo la asesoría de especialistas mexicanos. No lo sabía entonces, pero esos escritores resultaron ser nada menos que Juan Rulfo y Salvador Elizondo, ambos en su apogeo literario en esa época. Sin saberlo, había competido con otros 24 escritores jóvenes de los demás países del istmo.  ¡Y gané!

Cerrado el plazo, pasa una semana y recibo un telegrama informándome que, “por no haber respondido de conformidad el telegrama anterior” le daban la beca al segundo lugar, un guatemalteco. Resulta que el primer aviso lo mandaron a mi apartado postal en Calidonia, adonde rara vez iba, en vez de a mi casa, adonde llegó el segundo. Por supuesto, estuve al borde de un infarto. Pero mi padre, conocido de Omar Torrijos cuando éste dirigía la Guardia Nacional en Colón y eran “compañeros leones” en ese club cívico, ni tardo ni perezoso me llevó a verlo al día siguiente: lo esperamos afuera de su casa desde las cuatro de la mañana, a ciencia y paciencia de tres guardias nerviosos que cuidaban la mansión en arreos de combate.

Serían las cinco de la mañana cuando salió el General. Mi padre y él se abrazaron tras años de no verse. Explicado el problema, Torrijos llamó de inmediato al Embajador de Panamá en México —no me acuerdo quién era— y le ordenó entrevistarse con el mismísimo Presidente mexicano si fuera necesario, para que una vez explicada con pruebas la “falla” mexicana en el envío, se me devolviera la beca, porque de no hacerlo así “sería una grave afrenta a Panamá”. Por suerte, aun no se adjudicaba formalmente la beca al guatemalteco, que nunca supe quién era, pero que hasta el sol de hoy me debe estar maldiciendo.

En resumen: me “devolvieron” la beca.  Tres días después, en enero de 1971, ya estaba sentado, junto a otros cinco becarios jóvenes mexicanos, frente a Rulfo y Elizondo en el taller donde escribí ese año los 40 cuentos de lo que sería mi libro más celebrado internacionalmente: “Duplicaciones” (Joaquín Mortiz, México, 1973). La beca de un año, me la renovaron uno más, y terminé quedándome en ese país por un total de doce. Debo confesar que pese al conocido nacionalismo mexicano, jamás me sentí extranjero. Todas las puertas se me abrieron: (1) Los domingos publicaba en suplementos culturales de periódicos, por lo cual se me pagaba. (2) Empecé a publicar en revistas mexicanas: “Punto de Partida” (UNAM); “Ábside”; “El cuento”; “Plural” (periódico Excélsior); “Cuadernos Americanos”; Revista de la Universidad Nacional de México”. (3) Sin problema alguno fui publicando mis libros de cuentos y poemas, escritos en ese país, en prestigiosas editoriales locales (Joaquín Mortiz; Katún, Diana; Domés; Federación Editorial Mexicana). (4) Mientras se negociaban los Tratados Torrijos-Carter, en 1977 logré que tres prestigiosas editoriales mexicanas  8Grijalbo, Fondo de Cultura Económica y Siglo XII Editores) me publicaran igual número de libros en que recopilé ensayos de estudiosos panameños sobre diversos aspectos del Canal.

(5) En 1975 se crea la estatal Universidad Autónoma Metropolitana, en donde laboré ocho años como profesor titular. Ahí fui compañero de trabajo de la poeta panameña Diana Morán, exiliada forzosamente en ese país durante la etapa represiva del gobierno de Torrijos, junto con otros radicales marxistas panameños de la época: Joge Turner, Dimas Lidio Pitty, Ramón Oviero y Federico Britton. (6) En México di mi primer taller a jóvenes escritores y aprendí a ser editor, así como a preparar antologías. (7) Mi primera editorial propia nace en México en 1982: “Signos”, en donde publiqué “Reflexiones junto a tu piel”, poemario de Diana Morán; “Homenaje a Rogelio Sinán: poesía y cuento” y “Poesía erótica de Panamá” durante 1983, año en que regreso a Panamá.

Siempre he dicho con orgullo que México es mi segundo país. Ahí  nacieron mis hijas: Tatiana, Arabelle y Ornella. En broma y en serio les he comentado que le deben la vida a…Torrijos. Sin el desinteresado apoyo de Omar no hubiera viajado a ese país cuando lo hice. Lo demás es historia.

Filósofo, docente universitario, poeta y cuentista