14 de Ago de 2022

Columnistas

El abogado y el psiquiatra

El epígrafe se refiere a dos carismáticos hombres: Ali Boumendjel y Frantz Fanon que sobresalieron durante la revolución argelina. El primero, destacado abogado, resonará poco o nada en la memoria de la mayoría, pero eso no oscurece el camino repleto de escollos y riesgos que emprendió con coraje a favor de una causa noble.

El epígrafe se refiere a dos carismáticos hombres: Ali Boumendjel y Frantz Fanon que sobresalieron durante la revolución argelina. El primero, destacado abogado, resonará poco o nada en la memoria de la mayoría, pero eso no oscurece el camino repleto de escollos y riesgos que emprendió con coraje a favor de una causa noble. El segundo, psiquiatra de origen martiniqués, es ampliamente conocido por su pensamiento y sus obras.

La cruenta guerra de Argelia, iniciada el 1 de noviembre de 1954 por el Frente de Liberación Nacional (FLN), terminó el 5 de julio de 1962 y catapultó al país a la independencia, después de 132 años de dominación francesa.

Ali Boumendjel, nació el 24 de mayo de 1919, en Realizane, al noroeste de Argelia, en una familia acomodada. Tras acabar la secundaria, se matriculó en Derecho, siendo un alumno brillante. Como abogado, defendió a los nacionalistas argelinos, mostrándose siempre a favor de la paz en sus intervenciones públicas, y desempeñando un papel primordial en la lucha por la independencia de su país, lo que le granjeó múltiples enemistades. Boumendjel fue arrestado durante la guerra de Argel, en febrero de 1957, y sucumbió, a los 37 años, a las torturas que le infligieron los militares franceses, el 23 de marzo; muerte camuflada como suicidio, tras arrojar su cuerpo desde la sexta planta de un edificio en Argel. El general Paul Aussaresses, jefe de los Servicios Secretos franceses, torturador confeso, admitió años después de la independencia que ordenó asesinarlo. El presidente Macron reconoció este espantoso crimen el año pasado ante los cuatro nietos de Boumendjel, a quienes recibió dentro del marco de “ la reconciliación entre los pueblos francés y argelino”, recomendada por el historiador Benjamin Stora.

Argelia celebró el pasado 5 de julio el sexagésimo aniversario de su independencia, y aún permanecen abiertas las profundas heridas entre el país magrebí y el francés. Aunque Emmanuel Macron calificó “ los crímenes coloniales” perpetrados, de “crímenes contra la humanidad” durante su campaña electoral en el 2017, al frente del Elíseo, sin embargo, se muestra renuente a expresar arrepentimiento y a pedir disculpas formales por ello, exigencia esta última de Argelia. El mandatario francés, en cambio, sí ha considerado necesario y ético tener esta deferencia hacia los harkis, es decir, los argelinos que lucharon al lado de las tropas francesas, que fueron luego abandonados por ellas y que sufrieron salvajes represalias tras la independencia. Durante la colonización argelina, la metrópoli cometió: torturas, violaciones sexuales, ejecuciones, bombardeos indiscriminados, pruebas nucleares, etc., y el balance de estas atrocidades dejó un reguero de 400.000 argelinos asesinados, según los historiadores franceses, más de un millón, a tenor de las autoridades argelinas. Incluso en suelo francés, el 17 de octubre de 1961, la violenta represión desatada, en París, contra una manifestación de argelinos que reclamaban la independencia de su país, se saldó con más de 300 muertos.

Uno de los acérrimos defensores de la revolución argelina fue Frantz Fanon, médico-psiquiatra, nacido en Martinica, también en una familia acomodada, el 20 de julio de 1925. A los 18 años se alistó en el ejército francés y combatió contra la Alemania nazi; fue gravemente herido en el tórax en la Batalla de Alsacia, recibiendo, por su valentía, la medalla de la “ Croix de Guerre”, pero se decepcionó al constatar el racismo imperante en sus propias filas. Regresó a Martinica donde terminó el bachillerato, se fue luego a Francia donde estudió medicina en la Universidad de Lyon, especializándose en psiquiatría, dirigiéndose después a Argelia. Aquí trabajó como Jefe de Servicio del Hospital Psiquiátrico de Blida-Joinville y aplicó tratamientos innovadores a los pacientes que atendió, tanto verdugos como víctimas, afectados de graves secuelas psicológicas. Apoyó la lucha armada como medio para acabar con el colonialismo: “el hombre colonizado se libera en y por la violencia” sostuvo. Observador reflexivo, escudriñó la relación entre el colono y el colonizado, el opresor y el oprimido, y eso le ayudó a sacar juiciosas conclusiones. Martinica, donde nació, otrora colonia francesa, y Argelia, donde estuvo años radicado, le sirvieron de laboratorio para la elaboración y la eclosión de sus investigaciones, materializadas en sus obras mundialmente conocidas: “Piel negra, máscaras blancas”, y “Los condenados de la tierra” donde retrata con acierto el perfil de las personas colonizadas. El rechazo público de su pasado “asimilacionista” provocó su expulsión de Argelia en 1957; se refugió en Túnez dirigiendo un centro psiquiátrico y estrechó sus vínculos con el FLN.

En “Piel negra, máscaras blancas”, Fanon pone el acento sobre el ensalzamiento en las Antillas francesas de lo blanco en detrimento de la identidad o esencia negra: la interiorización por parte del negro de su sentimiento de inferioridad, o la epidermización de este complejo, derivado de la colonización y del racismo. En “Los condenados de la tierra”, su testamento político, prologado por el filósofo francés, Jean-Paul Sartre, y traducido a 19 idiomas, disertó ampliamente sobre el proceso de descolonización. En él hace una ácida denuncia de la opresión colonial: “el colonialismo no es una máquina de pensar, no es un cuerpo dotado de razón. Es la violencia en estado de naturaleza”.

Resulta difícil dimensionar la personalidad de Frantz Fanon, psiquiatra, filósofo, revolucionario, que falleció en el cenit de su carrera como pensador, el 6 de diciembre de 1961 en Maryland (Estados Unidos), aquejado de leucemia, a los 36 años de edad. Sus restos repatriados recibieron seis días después un funeral de honor en la frontera argelino-tunecina y fueron sepultados en el Cementerio de los Mártires, al este de Argelia. Sesenta años después de su muerte, su legado sigue más vigente que nunca. Por encima de martiniqués, francés y argelino, fue un ciudadano del mundo.

Ignoro completamente si se conocieron Boumendjel y Fanon o si existió alguna relación entre los dos protagonistas, objeto del artículo. Sea como fuere, el abogado y el psiquiatra fueron, irrefutablemente, dos iconos de la lucha anticolonialista y antiimperialista.

Médico-psiquiatra