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El sol se ha ensañado con la vida cotidiana en este mes. Se posa enfrente del planeta y sus rayos llegan directamente; como las condiciones favorecen al cambio climático, las temperaturas se incrementan y dejan atrás los promedios tradicionales para caldear el suelo, el aire y los ánimos de una población que no tolera el alza y que busca cómo recuperar algo de fresco. Abanicos, acondicionadores, bebidas frías apenas calman el calor exagerado.
Estamos al final de la temporada seca y recrudece el clima extremo. Es el resultado de no comprender que los fenómenos ambientales tienen implicaciones a largo plazo y que avanzan sin que la gente los note. Además, que estas circunstancias son tan amplias que como reza el refrán: “el aleteo de las alas de una mariposa se puede sentir al otro lado del mundo”; o también, “El aleteo de una mariposa en Brasil puede provocar un tornado en Texas”.
Los diferentes sectores que tienen que ver con el desarrollo, suelen ignorar o dar poca importancia a los factores que determinan el clima: la tala indiscriminada, la industrialización sin tomar medidas, el urbanismo desmedido son algunos componentes de esta sensación que ahora nos ahoga con temperaturas que marchan por encima de los 35 grados centígrados. La urbe se precia de edificios modernos, pero que se han construido sin tomar esto en cuenta.
Raúl Rolando Rodríguez, arquitecto, exministro de Vivienda y ex decano de la Facultad de Arquitectura, siempre se quejó del modelo de construcción imperante en el país, que no tomaba en cuenta que estábamos en el trópico. Los inmuebles son diseñados como si se viviera en las metrópolis templadas y el cemento, acero y vidrio no hacen más que reflejar ese resplandor y lo proyecta hacia la calle y lugares atestados de público.
El resultado, evidentemente, es la calentura que nos encierra y que impide deambular con normalidad durante el día en las calles, en los campos y lugares descubiertos. Los obreros suelen utilizar trapos, gorras, sombreros y ayudas para no sufrir la inclemencia solar y poder desenvolverse sin caer abatidos por el calor y la falta de aire fresco. Esto tiene impacto en la salud de estas personas sometidas a tales rigores por tanto tiempo.
Ante un escenario como este, que afecta a toda la población, cabría preguntarse si existen políticas frente a tales eventos. Las disposiciones deberían ser plurales. Habría que analizar las medidas que cada uno toma. Por ejemplo, la vestimenta, ¿qué colores son adecuados y cuáles lo contrario? Hay individuos que no saben de las relaciones que existen entre las tonalidades y el clima.
Benjamín Franklin, el político estadounidense, cuya imagen aparece en los billetes de cien dólares, fue también científico e inventor. Él demostró cómo los colores se relacionan con el clima. Al realizar experimentos y colocar telas de diferentes colores sobre la nieve, pudo exponer cómo el negro absorbe más calor y es más caliente que los tonos claros. Esto lo desconocen los jóvenes sobre todo y uno los ve encerrados en ropas negras en este tiempo.
Los colores influyen en la temperatura; es así como los oscuros guardan el calor, mientras los claros no necesitan atraer la luz y por tanto la calentura. Esta es una información que se debería aprender y utilizar en estos tiempos de cambio climático. De igual manera, sucede con el diseño de locales y edificaciones; se debe hacer énfasis en superficies no tan sólidas y buscar la manera de que no reflejen las altas temperaturas.
Esto implica también dictar normas que propicien la existencia de áreas con sombras producidas por los árboles, por ejemplo. Es contraproducente arrasar la tierra para construir urbanizaciones sin ninguna vegetación, pues a la larga, estas áreas serán un hervidero y en abril, peor.
Se ha quebrado el sol / entre nubes de cobre, decía el verso de García Lorca; acá, agrego, nos caen, sus esquirlas y calientan la tierra, las cabezas y las almas y requerimos por prevención, prepararnos para no sucumbir ante esta eventualidad de abril y que se extiende en toda la época.