10 de Ago de 2022

Columnistas

La lucha contra las organizaciones criminales podría cambiar de escenario radicalmente

El narcotráfico cobra vigencia en nuestra hermana república de Colombia a principios de la década de los 70 cuando iniciaba de manera organizada la actividad de exportar cocaína al mercado estadounidense, lo cual es agravado por las presencias de grupos armados que vieron en este ilícito un sustento de vida con el que alargaron su línea logística del delito hasta nuestros tiempos.

El narcotráfico cobra vigencia en nuestra hermana república de Colombia a principios de la década de los 70 cuando iniciaba de manera organizada la actividad de exportar cocaína al mercado estadounidense, lo cual es agravado por las presencias de grupos armados que vieron en este ilícito un sustento de vida con el que alargaron su línea logística del delito hasta nuestros tiempos.

La lucha contra el narcotráfico ha significado millonarias inversiones, cobrando miles de vidas y siendo parte de la campaña de siete presidentes que han hecho lo mejor dentro de las posibilidades que le presenta un escenario tan convergente como el del narcotráfico.

Hoy todo cambia y no podríamos definir si fuese en esta oportunidad que se lograría reducir el flagelo al mínimo de su expresión o solo podría servir el cambio para mitigarlo como se ha estado haciendo.

Cuando nos referimos a cambios en el escenario, nos referimos a cambios trascendentales como es el hecho de que su nuevo gobernante sea de izquierda lo cual es primera vez en la historia. Colombia históricamente conservadora, ve un nuevo escenario en el que las poblaciones de tendencia a izquierda saldrían beneficiadas por la acción gubernamental que por la violencia de aquellos tiempo y otros motivos no llegaba.

Un escenario que cobra vigencia posterior a la guerra fría, en donde diferentes facciones, con línea política e ideológica, toman cuerpo en una lucha armada interna, la cual, de un modo u otro, camina por los senderos grises del narcotráfico que azota a toda la región. Todos estos actores complican la ya difícil tarea que es el combate al narcotráfico hasta que después de casi 40 años se logra una negociación que lleva a las FARC, a las negociaciones de paz con el Estado en 2016.

Sin querer entrar en polémicas ni mucho menos en irrespeto o intromisiones y solo con el ánimo de poder dar a entender un concepto planteare lo que para nosotros fue una realidad con la que se tuvo que bregar para así, generar nuestras estrategias en defensa de nuestra soberanía.

Los grupos de tendencia de derecha compuesto por los paramilitares en su nombre original, tenían dominio sobre el narcotráfico, reforzándose en tareas básicas quien sabe hasta la elaboración de la pasta por las llamadas guerrillas, que también fueron llamadas organizaciones narco terroristas y luego guerrilla nuevamente, estos últimos entre sus modos de recibir ingresos tenían la vacuna, la cual consistía en un sistema de cobro por derecho de siembro, permanencia y paso generalmente de lo concerniente a la actividad del tráfico de drogas. Es bueno señalar que la percepción siempre fue que los paramilitares venían de otras áreas y que la guerrilla era propia del lugar por lo que utilizaba mucho el albergarse en las comunidades de paz próximas al cordón fronterizo, en donde no había presencia de la fuerza pública colombiana.

Del proceso de paz podría decir que observamos, como una gran cantidad de exmilitantes se acogieron a el programa desmovilizado que luego de un periodo de readaptación lo incluía en la sociedad, por otra parte se puede apreciar que muchos de los exmilitares pasan a formar parte de fuerzas extranjeras de seguridad y algunos son reclutados para las custodia de fincas o propiedades y los que perdieron su norte quedaron sumados a los grupos paramilitares.

Un nuevo escenario:

Tomando en consideración la realidad presentada, podríamos decir que el nuevo gobierno de nuestro país vecino deberá traer consigo una gobernabilidad en las áreas en las que nunca hubo, esto quiere decir que todas las comunidades en las que operaron los grupos armados ilegales debiesen normalizarse con el resto del país.

Esta intención no es fácil ya que el escenario que estos grupos dejaron, a cambiado con el resurgimiento de nuevos grupos delincuenciales, emergentes que en muchos casos, según nuestras fuentes a causa del descontento social por la falta de empleo, servicios básicos y falta de cumplimiento en los acuerdos de paz. El Estado debe generar políticas públicas que llegue a la mayoría de las comunidades restando así mano de obra a las organizaciones criminales.

Una vez en nuestra área de operaciones, estos grupos operaran con mejores técnicas y como a de esperarse estarán propiciando el tratar de corromper a la fuerza pública panameña, es muy importante también el incrementar las comunicaciones e intercambio de información interinstitucional con nuestros amigos y vecinos de la fuerza pública colombiana, con la intención de dar continuidad a nuestras estrategias en el combate contra la delincuencia (tráfico de drogas, armas, migración irregular y contrabando), que no se detiene y que debe ser visto como uno solo, de igual manera establecer un mejor protocolo con el tema de los pueblos transfronterizos.

En conclusión, debemos estar positivos y sin ningún tipo de hostilidad mal infundada, teniendo en claro que nuestros objetivos no cambian y son trabajar en conjunto por la paz de nuestros países.

Especialista en Seguridad Nacional, exdirector del Senafront