09 de Ago de 2022

Columnistas

El enemigo del pueblo: La corrupción

Menciona Aristóteles en su obra “La Política”, cuáles son los deberes de los legisladores. El primer deber del hombre de Estado es conocer y respetar las leyes, porque las Constituciones Políticas no deben estar hechas para las leyes que pueden ser una forma de costumbre que sean malsanas al desenvolvimiento correcto de las labores del Estado.

Menciona Aristóteles en su obra “La Política”, cuáles son los deberes de los legisladores. El primer deber del hombre de Estado es conocer y respetar las leyes, porque las Constituciones Políticas no deben estar hechas para las leyes que pueden ser una forma de costumbre que sean malsanas al desenvolvimiento correcto de las labores del Estado. Las leyes deben ser hechas como parte de una Constitución que abriga a todo un pueblo y que administra la Justicia y crea una Asociación Política efectiva. Por su parte Platón en sus “Diálogos” nos dice, que un Estado enfermo es aquel que permite que la corrupción lo pudra desde adentro, no hay peor mal para un pueblo el de tener un gobierno corrupto. Maquiavelo nos recuerda: “…que el resentimiento crea tan grande influjo en un ciudadano, ante el Estado corrupto, que lo obliga a considerarlo un enemigo” ello debe preverse.

Lo anterior es filosofía política, y notaran que aun con la diferencia en el tiempo, los tres autores coinciden en un punto: la corrupción destruye a un Estado, y a su Pueblo, los convierte en esclavos.

Esta situación, se está dando en Panamá, la corrupción ha desencadenado un resentimiento a nivel general, está de más mencionar los escándalos, el derroche, la ambición, la vulgaridad, el cinismo, y la ignorancia de nuestros representantes de Estado. El Pueblo de Panamá ha asistido a cada una de sus descalabros, que han mermado la credibilidad, y la tolerancia ante estos perniciosos actos de inmoralidad y falta de civismo y compromiso con el destino del País. Y que “ un fantasma recorre Panamá”, las ideologías trasnochadas.

El pueblo de Panamá, que afronto una recesión económica por la Pandemia, que vio quedarse sin empleo, sin viviendas y sin empleos durante este larguísimo ente pandemico, ahora está sumido en una ola de incertidumbre económica.

Aunado a todo ello, la situación a nivel mundial no es nada alentadora.

La guerra de Rusia en plena Pandemia, contra Ucrania por territorios, no es una acción aislada como en siglos anteriores, implica la guerra a la economía de todo un continente y por ende del resto de la población mundial por las reservas de petróleo, y de gas, que son las fuentes de energía para la movilización de las industrias, de la tecnología, del transporte, etcétera.

Esta guerra ha ocasionado el desplome de la economía en el orbe mundial, ha llevado a dimisiones violentas, a renuncias de primeros ministros, a destapados casos de corrupción y de lavado de dinero a nivel global; ha incrementado el costo de vida diaria por el combustible, ha generado especulación, avaricia, desesperación y generará más guerras.

Inclusive el Euro que por veinte años había desafiado al dólar estadounidense hoy amaneció a la par del mismo. La guerra de Vladimir Putin, ha llevado a la baja del euro y ha fortalecido la posición estadounidense a nivel global. Inclusive China no ha visto mayor incremento económico y su moneda no ha logrado traspasar el Oriente, mientras que el dólar se coloca como referencia a nivel mundial, tanto, que ya afecto a la Argentina y a Colombia.

Tal vez, se pueda pensar que haya una solución mágica a la crisis, ello es utópico. En Panamá afrontamos la realidad de una corrupción presente antes de la Pandemia y que se enquisto aun más de una manera tan desvergonzada, que da la impresión, que trataron de aplicar el dicho del barón de Rostchild: “con sangre en las calles compra propiedades”. Debemos pensar que estamos ante un momento que puede ser más que una pesadilla distopica, el que Panamá sea envuelta en una vorágine de resentimiento, de odio, de ambición, de avaricia de cinismo, y que quienes salgan perdiendo sean precisamente el pueblo, que dicen defender, estos grupos y gremios.

Debemos considerar que todos tenemos algo de culpa, por votar en primera instancia, por los corruptos de siempre, ahí empieza el problema, escoges a un individuo sin vocación, sin civismo y sin compromiso con la sociedad y tenemos, el “traguito de Macallan”, que ha salido bien caro.

En momentos difíciles en que la sociedad necesita de sus mejores hijos , quiero pensar que se hará las rectificaciones urgentes, quiero pensar que en las próximas elecciones los corruptos que han hundido a este país, no salgan nunca más electos, y quiero pensar que hay panameños que aman a este país.

Todos debemos poner de nuestra parte y no imponer nuestra verdad, nuestra necesidad, y nuestro resentimiento, en aras de salvar a nuestra Patria. Les recuerdo que existe un Tratado de Neutralidad, que permite la intervención sin autorización alguna de nuestro gobierno si se pone en peligro el Canal de Panamá; arma de doble filo que como una espada de Damocles pende sobre nuestras cabezas.

Pensemos y actuemos en beneficio de nuestra nación y de nuestro pueblo, porque “No es lo que tu país pueda hacer por tí, sino lo que tú puedas hacer por tu país. Necesitamos la paz social. ¡No más corrupción, todos por una solución pacífica y justa para Panamá!

Salud Compatriotas….

Abogado y profesor de filosofía