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30 de Ene de 2023

Columnistas

La injerencia estadounidense en la República de Panamá

“La “historia se repite en espiral”, solía decir, [...], un viejo caudillo [...]; pero no mencionó que primero como tragedia y después como farsa o tragicomedia”

A 119 años de SOBERANÍA e INDEPENDENCIA, esto es, de haber fundado nuestro Estado nacional, con la denominación de República de Panamá; conviene explicitar que dicha soberanía e independencia, también nació mediatizada por la intervención del imperialismo norteamericano y por decisión de la oligarquía panameña.

Dentro de la institucionalización de la República, dos actos marcaron las contradicciones fundamentales que articularían la lucha del pueblo panameño por el perfeccionamiento del Estado nacional.

Mediante la intervención de la representación diplomática “yankee”, el presidente Manuel Amador Guerrero ordena, en 1904, la disolución o licenciamiento del ejército bolivariano del Istmo de Panamá, bajo el mando del general Esteban Huertas. También en el mismo año, don Tomás Arias, líder conservador, en concubinato con el representante diplomático del “Norte revuelto y brutal”, mister Bucanan, introducen el artículo 136 -de corte injerencista y antinacional- de la Constitución de 1904, mediante el cual “el gobierno de los Estados Unidos de América podrá intervenir, en cualquier punto de la República de Panamá, para reestablecer la paz pública...”; es decir, por un lado, el odioso tratado del Canal de Panamá garantizaba la independencia y, por el otro, el ignominioso artículo de la Carta escrita de 1904 le proveía la jurisdicción nacional, esta última situación de intervencionismo del ejército de los gringos en el territorio nacional lo vivirían “en carne propia” los panameños de a pie, durante 32 años, hasta que mediante el Tratado Arias-Roosevelt de 1936 se eliminó.

Esos dos actos son las causas originarias de las dos contradicciones fundamentales que alimentaron el alma nacionalista y popular de los panameños más humildes: la contradicción de la Nación vs. imperialismo norteamericano; y la contradicción del pueblo panameño vs. oligarquía; y que se expresó en las luchas nacionalistas y populares durante los primeros 65 años de República.

Durante todo ese periodo, la oligarquía se valió del injerencismo estadounidense para dirimir sus diferencias políticas y para implorar la “revisión” del Tratado del Canal de Panamá de 1903, a cambio de “migajas económicas”.

A esas “demandas revisionistas” respondieron los tratados de 1936, 1955 y 1967 (este último conocido como los fallidos tratados “3 en 1”). Además, durante ese período se hicieron más estrechos los “lazos matrimoniales” del imperialismo norteamericano y la oligarquía panameña hegemónica. En la quinta década del siglo pasado, en virtud del ingreso de los EE. UU., en la Segunda Guerra Mundial, se inicia la militarización de los cuerpos policiales en varios países de America Latina y, en Panamá, se crea la Guardia Nacional (GN), estamento militar único, que serviría como instrumento de represión de las luchas populares, por parte del “remonismo” (macartismo anticomunista), en medio del inicio de la Guerra Fría, una vez cesado el conflicto global.

Desde finales del decenio del los 40 e inicios de la década de los 50, la Guardia Nacional se convirtió en los “jenízaros” de la oligarquía en contra del pueblo panameño y, a la vez, dirimente de las diatribas de la oligarquía.

Ambas contradicciones fundamentales se agudizan y profundizan por el rol de “factor real de poder” de las organizaciones populares; y se incrementa el intervencionismo estadounidense y la represión de la Guardia Nacional (GN) en contra de los líderes populares.

Es este marco político, el que explica la insurrección de los estudiantes y el pueblo panameño de los días 9, 10 y 11 de enero de 1964.

Para salvaguardar el poder de la oligarquía de la ira popular, el presidente, Roberto Francisco “Nino” Chiari Remón, ordena la ruptura de relaciones diplomáticas con el Coloso del Norte. A propósito de la contradicción con el imperialismo estadounidense, este derivó dos posiciones en la nación panameña, la de la oligarquía, el “revisionismo” y la popular que se decantó por la abrogación total del tratado del Canal de Panamá de 1903.

Es la razón del porqué la oligarquía antinacional y antipopular, a pesar de los recientes sucesos luctuosos de enero de 1964, insiste en su fórmula “revisionista” y negocia con el Gobierno de EE. UU. los tratados de 1967, convenios que son rechazados por el pueblo panameño.

Por otro lado, las contradicciones entre los gamonales de las entelequias políticas de la oligarquía se tornan irreconciliables y la fuerza pública de “buen componedor” de las peleas de la oligarquía (“quitan y ponen presidentes”) asume de facto el poder político del Estado, mediante el golpe militar del 11 de octubre de 1968.

Las fases del “Gobierno revolucionario” ya las describimos en un reciente artículo de opinión, lo cierto es que, este fue fulminado al igual que la fuerza pública, entonces denominada Fuerzas de Defensa (FFDD) por la cruenta y genocida invasión del ejército más poderoso de la Tierra, el 20 de diciembre de 1989.

Yo, he sostenido la tesis de que la causa real de la invasión estadounidense a Panamá, no fue para llevarse a MAN y, supuestamente, restaurar la democracia!; sino para liquidar las FFDD, que 10 años después, 1999, asumirían las bases militares en las riberas del Canal desalojadas por el ejército estadounidense.

¿CÓMO ASÍ?

Sencillamente, porque sin ejército nacional, la seguridad del Canal de Panamá quedaría nuevamente en manos de los imperialistas norteamericanos. Por eso le impusieron al triunvirato (Endara, Arias, Ford) la creación -otra vez- de una Policía Nacional (PN) guardiana exclusivamente del orden público; porque de la seguridad nacional y del Canal de Panamá se encargarían ellos (los imperialistas estadounidenses).

Luego del mandato constitucional de 1994, “La República de Panamá no tendrá ejército”, el Gobierno de la plutocracia corrupta y de clientela política , organiza mediante Ley, los servicios de policía, que son verdaderos ejércitos, armados por EE. UU. y cuyos lemas, “DIOS, PATRIA Y HONOR” y “DIOS Y PATRIA”, se derivan del neofascismo europeo y del bolsonarismo de Brasil (“DIOS, PATRIA Y FAMILIA”).

La “historia se repite en espiral”, solía decir, en nuestro medio, un viejo caudillo de la oligarquía del “ancian régime”; pero no mencionó que primero como tragedia y después como farsa o tragicomedia.

En efecto, el imperialismo estadounidense reemprende la militarización de los servicios de policía y vuelve a convertirlos en sus gendarmes; y la plutocracia neoliberal panameña los dirige como instrumentos de represión en contra de las luchas populares por una democracia real y efectiva (“radicalización de la democracia”) y no de la caricatura de democracia existente (Plutocracia).

¡Así de sencilla es la cosa!

Abogado y analista político.