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28 de Ene de 2023

Columnistas

¡Basta de violencia contra nuestras mujeres!

“[...] las agencias del Sistema de Naciones Unidas subrayan la obligación de actuar todos juntos ahora mismo para poner fin a la violencia contra las mujeres, [...]”

La semana pasada, en ocasión del Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, que se celebra el 25 de noviembre _seguido de la campaña mundial 16 Días de Activismo contra la Violencia de Género_, la Organización Mundial de la Salud hizo un llamado mundial a reflexionar sobre los compromisos para eliminar la violencia contra las mujeres para 2030, renovarlos, amplificarlos y elaborar estrategias que permitan alcanzar este objetivo. Subrayó la OMS que “poner fin a la violencia contra las mujeres es posible, pero solo si actuamos juntos, ahora”.

De acuerdo con la OMS, aproximadamente 1 de cada 3 mujeres en todo el mundo, el 30 %, sufre violencia física y/o sexual, mayoritariamente en el seno de una relación íntima. Esta violencia empieza alarmantemente temprano, ya que el 24 % de adolescentes de 15 a 19 años que han tenido una relación íntima ha sufrido violencia física o sexual a manos de su compañero.

Este llamado al activismo contra la violencia de género tiene especial relevancia para nosotros, pues la violencia contra las mujeres es un grave problema de salud pública en Panamá, causando en miles de mujeres efectos negativos en la salud que pueden durar toda la vida, tanto en la salud física como en la salud mental, sexual y reproductiva de las afectadas. Veamos algunas estadísticas nacionales antes de seguir adelante.

De acuerdo con el observatorio panameño contra la violencia de género, en Panamá, durante el período 2014–2021, se registraron 252 femicidios. El 75 % de las víctimas de los femicidios, consumados y en grado de tentativa, fueron mujeres en edades de 18 a 49 años; siendo el rango de 18 a 29 años, el que registra mayor cantidad. También se registraron estos hechos contra niñas y adolescentes menores de 17 años. Por otro lado, de acuerdo con el INEC, cada año ocurren alrededor de 200 muertes violentas de mujeres, es decir, que no fueron clasificados por la autoridad, en el tipo penal de femicidio.

Agrega el Observatorio que, en el mismo período se registraron en nuestro país, 142 108 denuncias de violencia doméstica, de las cuales el 70 % ocurrieron en el Primer Distrito Judicial, conformado por las provincias de Panamá, Colón, Darién y la comarca Guna Yala.

Estas cifras, que ya son alarmantes, parecen ser apenas la “punta del iceberg”, pues, si aplicamos a la población panameña estimada por el INEC los porcentajes mundiales que señala la OMS, resulta que cerca de 450 mil panameñas mayores de 15 años pueden haber sufrido violencia física y/o sexual de pareja o violencia sexual por terceros en algún momento de su vida.

Y no perdamos de vista que, los costos sociales y económicos de la violencia de pareja y la violencia sexual son enormes y tienen un efecto dominó en toda la sociedad. Las mujeres pueden llegar a encontrarse aisladas e incapacitadas para trabajar, perder su sueldo, dejar de participar en actividades cotidianas y ver menguadas sus fuerzas para cuidar de sí mismas y de sus hijos.

En ese contexto, las agencias del Sistema de Naciones Unidas subrayan la obligación de actuar todos juntos ahora mismo para poner fin a la violencia contra las mujeres, y coinciden en recomendar la aplicación efectiva de las siete estrategias contenidas en el documento “Respeto a las Mujeres”.

Para cada una de esas siete estrategias hay una serie de intervenciones en entornos de recursos bajos y altos, cuya eficacia ha sido probada en mayor o menor medida. Algunos ejemplos de intervenciones prometedoras son las intervenciones de apoyo psicosocial y las intervenciones psicológicas para supervivientes de violencia de pareja; programas combinados de empoderamiento económico y social; transferencias de efectivo; trabajo con parejas para mejorar las habilidades de comunicación y relación; intervenciones de movilización comunitaria para cambiar normas de género que fomentan la desigualdad; programas escolares que mejoren la seguridad en las escuelas y reduzcan/eliminen los castigos severos e incluyan planes de estudio en los que se cuestionen los estereotipos de género y se promuevan relaciones basadas en la igualdad, y educación participativa en grupos de mujeres y hombres para que reflexionen de manera crítica sobre las relaciones de género y de poder desiguales.

Los principales destinatarios de este documento son los responsables de hacer políticas. Los responsables de ejecutar los programas en el ámbito de la prevención y la respuesta a la violencia contra las mujeres también lo encontrarán de utilidad para diseñar, planificar, ejecutar, monitorear y evaluar las intervenciones y los programas. ¡Tienen la palabra!

Médico, exrepresentante de la Organización Mundial de la Salud (OMS).