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08 de Feb de 2023

Columnistas

La educación hoy

“Hay pérdidas nefasta en la formación del alumnado en todos los niveles. Es posible que se requiera de una política educativa sostenida que observe esa realidad [...]”

La historia de la educación tendrá que marcar “un antes” y “ un después”, teniendo como referencia el COVID-19. Varias son las preguntas: ¿Qué tanto se pudo haber afectado la preparación del estudiantado con las medidas adoptadas en razón de la pandemia? ¿Hasta dónde se vieron limitados los responsables de la enseñanza con los cambios introducidos con las nuevas tecnologías? Finalmente, respecto a la educación en la zonas urbanas comparada con las zonas rurales, ¿cómo pudo verse afectada esta dicotomía?

Respecto a los estudiantes, son evidentes los factores adversos que hacen pensar que estamos frente a “años perdidos”. En una primera etapa estuvo la paralización del sistema. Es una condición con detrimento sustancial. Esto no solo laceró el sistema en cuanto a la coherencia que este debe tener, sino también la desmotivación del educando, producto de la falta de presencialidad, el tener que quedarse en casa, lo que conduce a la desconcentración de todo el régimen educacional.

En Panamá —como lo fue a escala mundial-, las escuelas, colegios, universidades, fueron cerradas. Esto, según Unicef, fue más extendido en Panamá que en el resto de la región. “De marzo de 2020 a febrero de 2021, las escuelas en América Latina y el Caribe estuvieron cerradas por un promedio de 158 días, que es más que la estimación global (95 días). Panamá tiene la suspensión de clases más larga con 211 días”.

Por otra parte, si bien la alternativa de clases virtuales a través de plataformas surge con prontitud, aún quedan dudas sobre la verdadera eficacia y alcances logrados. El logro de articular el uso de las tecnologías para el desarrollo de la enseña, fue de gran ayuda, pero que enfrentó serias limitaciones en el cómo el estudiante aprendía. Pensamos que una de las consecuencias fue la reducción de los resultados académicos. Además, ahora que se retoman las clases transitamos por una lenta adaptación al modelo presencial, lo que aún sigue reduciendo resultados.

Los docentes, por su parte, tuvieron que transitar por un proceso de adaptación a la tecnología, y no solo su uso, lo que de por sí era un reto, sino también al cómo enseñar con ese instrumental. Más aún, estaban las limitantes de acceso a la tecnología, además de las habilidades para su uso, (esto también afectó a los estudiantes).

Finalmente, está el caso de la dicotomía de la escuela urbana versus la escuela rural. Ya antes del periodo pandémico estaba marcado por diferencias respecto al posicionamiento de los recursos. Con la pandemia se agudiza esa dicotomía. En efecto, en este periodo se hace más extensa la brecha entre estos dos ámbitos geográficos, la razón de ese agudizamiento viene del acceso a las tecnologías y a la capacidades de las redes, que en las áreas rurales son altamente limitadas.

Hay pérdidas nefasta en la formación del alumnado en todos los niveles. Es posible que se requiera de una política educativa sostenida que observe esa realidad y contemple un involucramiento que logre paliar lo ocurrido con la educación.

Docente universitario.