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09 de Dic de 2023

Columnistas

¿Por qué los libros prolongan la vida?

Los libros quedan para la posteridad. Aunque ya no estén con nosotros sus escritores, a través de sus obras seguiremos aprendiendo un cúmulo de grandes enseñanzas [...]

Uno de los ensayos que escribió Umberto Eco, un connotado filósofo y novelista italiano, es el título del presente artículo.

Por lo interesante que siempre resulta cuando nos referimos a los libros, destacaré desde otros aspectos el caudal del conocimiento que los mismos ofrecen a los seres humanos. Además, es propicio hablar del tema, ya que la semana del libro se celebra en Panamá del 22 al 29 de septiembre, según Decreto No. 237, firmado por el presidente Ernesto de la Guardia, el 27 de mayo de 1957.

Los libros no solamente ofrecen información sobre un determinado tema; en el caso de las novelas, donde los escritores destacan diferentes aspectos de un lugar, tema, personajes, etc.; con su creatividad captan la atención de los lectores. Si una novela es buenísima, desde sus primeras páginas el lector empieza a disfrutar la lectura, a imaginar los hechos. Inclusive, pueden servir como fuentes de inspiración para seguir leyendo otras obras.

Los libros son extensiones del conocimiento humano. Para quien desea complementar sus conocimientos en cualquier rama del saber, los libros siempre están dispuestos a ofrecer enseñanzas. Por eso, el que lee mucho, sabe mucho sobre diversos temas.

Solo los grandes escritores crean mitos eternos para el disfrute de los lectores, como fue el caso de Arthur Conan Doyle, con su personaje Sherlock Holmes; Alejandro Dumas, con sus tres mosqueteros; o Gabriel García Márquez, con su Macondo; o el mismo Umberto Eco con su gran producción literaria que ha traspasado las fronteras de su país. Por supuesto, estos privilegios solo están reservados para pocos escritores.

El escritor Conan Doyle sigue entreteniendo a sus lectores, los deja a la expectativa sobre los sucesos futuros, y eso permite que el lector quiera terminar la lectura en la mayor brevedad posible. Igual ocurre con las novelas de Gabo, que, con sus narraciones únicas llenas de figuras literarias, hace que el lector sienta el placer hacia sus narraciones.

Estos autores también son capaces de transportar a los lectores a mundos ignotos que ellos crean, convivir en el tiempo y espacio con los personajes. Eso sí, solo eso ocurre si de verdad la lectura es comprendida a plenitud.

Con el pasar de los años, he podido reunir en mi pequeña biblioteca las novelas de importantes autores, tanto nacionales como internacionales. De los más antiguos hasta los más recientes. Independientemente del tiempo en que los libros hayan sido escritos, para mí los escritores, novelistas o historiadores ya han alcanzado un lugar preponderante en el mundo de la literatura. Sus nombres se seguirán escuchando por diferentes generaciones, porque sus obras actualmente están disponibles para todo el público.

En la Biblioteca Nacional Ernesto J. Castillero, importantes libros enriquecen el edificio. Obras, por ejemplo, de autores panameños como Rogelio Sinán, con su Isla Mágica, de Carlos Francisco Changmarín, Raúl Leis, Alfredo Cantón, Guillermo Sánchez Borbón, Justo Arroyo, Enrique Jaramillo Levi, Juan David Morgan, Ernesto Endara, ganador en varias ocasiones del Premio Nacional Ricardo Miró, así como de escritoras notables como Rosa María Britton, Rose Marie Tapia, Elsie Alvarado de Ricord, entre otras.

Igualmente, es importante destacar la producción literaria de los autores kunas quienes han aportado también notables obras como de los ya fallecidos Arysteides Turpana, con sus obras Desdichado corazoncito, El árbol de la vida y los kunas, Archipiélago, y otras; de Aiban Wagua quien también posee un caudal de libros como Así habla mi gente, Los kunas entre dos sistemas educativos, Gabsus, poemas, y demás importantes publicaciones. El periodista kuna Leadimiro González es escritor de cuentos para niños y actualmente de su producción literaria podemos destacar Los viajes fantásticos de Ewenida, La tierra de los sueños, Ana y los ladrones de gatos, y recientemente publicó Kilor y el monstruo.

También existen libros de historia que destacan la lucha milenaria de pueblos originarios que rescatan los hechos más relevantes desde mucho antes que Panamá se separara de Colombia, como el que yo escribí en 2010, La verdad oculta del general Inabaginya y que actualmente realizo gestiones para publicar la segunda edición, corregida y aumentada. En el año 2013, publiqué Ginya, poemario, y en 2021, Inanaginya y la creación de la comarca Tulenega. Definitivamente, todos estos libros forman parte del caudal de conocimiento para el beneficio de las presentes y futuras generaciones.

Por otra parte, en julio pasado, la Biblioteca Nacional de Panamá recibió de los familiares de la escritora panameña Gloria Guardia, más de cuatro mil libros que eran parte de la biblioteca personal de la escritora para formar parte del legado nacional como baluarte a favor de las letras panameñas. Algunas de sus publicaciones se destacan: Libertad en llamas, El jardín de las cenizas, y otras novelas.

Los libros quedan para la posteridad. Aunque ya no estén con nosotros sus escritores, a través de sus obras seguiremos aprendiendo un cúmulo de grandes enseñanzas, y de esta manera, los libros prolongan la vida. Ya muy bien lo dijo Umberto Eco en su artículo: “El libro es un seguro de vida, una pequeña anticipación de inmortalidad...”.

Un proverbio hindú también sentencia muy bien sobre el valor de un libro e invita a ser un lector empedernido: “Un libro abierto es un cerebro que habla; cerrado, un amigo que espera; olvidado, un alma que perdona; destruido, un corazón que llora”.

Docente