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- 12/06/2015 02:01
Debate sobre gestión del agua en Panamá
El agua debería valorarse como un tesoro divino. El verbo ‘vivir' no podría conjugarse si faltara el agua, pues todos los seres vivos son afectados por la escasez hídrica. Este recurso natural, tan demandado y preciado, exige la necesidad de un uso responsable y sostenible.
El agua no está repartida con equidad en los distintos continentes y regiones del planeta. Los vientos, las temperaturas y el relieve de la superficie terrestre condicionan su distribución. Con el paso de los años el consumo se ha multiplicado por los hábitos higiénicos, el empleo industrial del agua, la generación de electricidad y tantos otros usos. Al mismo tiempo el vital elemento se contamina de manera incontrolable por los vertidos industriales, las aguas de riego y el impacto negativo de fertilizantes y pesticidas, que afectan su calidad y van reduciendo las reservas.
Así se ha llegado a niveles de escasez hídrica que pueden entenderse de tres modos. Como estrés, referido a la dificultad de encontrar fuentes de agua dulce en determinados tiempos del año en una región, como déficit producido por los cambios climáticos que originan sequías prolongadas y, por fin, la crisis hídrica, que se manifiesta cuando el volumen de agua potable disponible en un área geográfica es menor que la demanda.
El uso eficiente del agua interesa, porque es necesario para el abastecimiento humano y para la conservación del medio ambiente. También para evitar conflictos derivados de las luchas por controlar un recurso natural escaso y esencial para la vida y el desarrollo de todos los seres vivos.
Los expertos recomiendan crear infraestructuras como embalses para retener el agua de la lluvia y el excesivo caudal de los ríos que se vierte al mar, adaptar las plantaciones y las variedades de cultivo a las nuevas condiciones climáticas y fomentar el desarrollo de las energías renovables, en especial la solar. También sugieren concentrar esfuerzos en lo relativo a la reutilización de aguas residuales. Esto comprende procesos para obtener agua apta para el consumo humano e industrial a través de tratamientos como la desalación, potabilización y reutilización, sumado a nuevas técnicas de extracción y explotación de fuentes subterráneas.
En el caso de Panamá las proyecciones que se hicieron para el 2025, fueron superadas en el 2012, principalmente por la producción hidroeléctrica, la navegación interoceánica, los sistemas de riego y los patrones de derroche en el consumo humano. Pese a que el país solo consume el 10 % de sus recursos hídricos, unos 300 000 panameños no tienen acceso a servicios de agua potable adecuados, porque no la reciben las 24 horas del día o carecen de infraestructura dentro de sus casas o dependen de camiones cisternas.
Resulta paradójico que la distribución del consumo per cápita en Panamá sea de 120 galones diarios, cuando el promedio en el planeta es de 15 galones. El país ocupa el primer lugar en América Latina que más agua potable produce y consume.
Uno de los problemas es que más del 40 % del agua que se produce se desperdicia. Llegar a una eficiencia en las pérdidas del 20 %, como se propone el Instituto de Acueductos y Alcantarillados Nacionales (IDAAN), requiere un conjunto de acciones. Estas incluyen planificación, inversiones, reparación de fugas, medidores adecuados, regulación de presión, sectorización para controlar el consumo, supervisión efectiva y una transferencia generacional de personal.
La demanda de agua en las hidroeléctricas y para la navegación en el Canal ampliado, después de abril del 2016, además de las necesidades para la producción de alimentos y el consumo humano, exigen un debate sobre la futura gestión de tan vital elemento, a fin de no entrar en un ciclo de crisis hídrica.
En lo que corresponde al Canal ampliado, por su impacto en el desarrollo nacional y el comercio marítimo mundial, el debate podría centrarse —entre otras alternativas— en un abordaje equilibrado de estudios para una represa adicional dentro del lago Gatún con aportes del río Trinidad y posibles embalses en las cuencas fuera de la vía acuática.
En lo inmediato, en una acción conjunta entre las instancias responsables de mejorar la distribución de agua potable en el país, debería lanzarse una campaña dirigida a crear una nueva cultura hídrica. Debe desecharse la idea de que hay recurso para rato y poner en práctica medidas de ahorro y de uso racional de este tesoro divino.
PERIODISTA
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‘Resulta paradójico que la distribución del consumo per cápita en Panamá sea de 120 galones diarios, cuando el promedio en el planeta es de 15 galones...'