• 02/01/2015 01:01

2015: año de la justicia en Panamá

Dichas elecciones pusieron a prueba el temple y la capacidad de los panameños para escoger las mejores opciones

Cuando iniciamos el año 2014 sabíamos que el hecho más trascendente sería la celebración de elecciones generales el 4 de mayo; que las mismas serían mucho más complicadas que las de 2009. Confiábamos en que iba a prevalecer la cordura y la transparencia para contribuir a fortalecer la democracia panameña.

Dichas elecciones pusieron a prueba el temple y la capacidad de los panameños para escoger las mejores opciones para derrotar cinco años de ruptura institucional, corrupción y desenfreno gubernamental.

Los panameños y extranjeros en nuestro país fuimos testigos de unas elecciones plagadas de proselitismo basado en el uso de recursos del Estado para apoyar a candidatos. Se estima que más de $400 millones fueron despilfarrados por candidatos oficialistas, en su mayoría en la búsqueda de reelección, al margen de controles gubernamentales.

El resultado ya es conocido. Triunfó la nómina del candidato Juan Carlos Varela del arnulfismo, por sobre los abanderados del partido gobernante y del opositor PRD. El 70% de los votantes lo hizo en contra del ‘establishment.’ Pero también se demostró que nuestro pueblo se encuentra muy dividido políticamente, por lo cual el nuevo gobierno tiene la ardua tarea de unir a todos los panameños hacia los objetivos nacionales permanentes.

El final del año conmocionó a la opinión pública y a la sociedad en general, al conocer lo cerca que estuvimos del rompimiento institucional del país. Los actos de corrupción identificados, así como los problemas políticos, económicos y sociales, nos demuestran que el año que culmina fue más deprimente de lo que esperábamos.

El inicio de 2015, es un momento propicio para la reflexión, la autoevaluación y la preparación para lo que deseamos sea nuestro futuro. Analizar lo que hicimos bien y mal nos debe llevar a proponer cómo mejorar nuestras acciones futuras en base a lo actuado particularmente en el último año. Ello es aplicable no sólo a nivel personal y profesional, sino de la sociedad y del país en general.

Como sociedad civil y ciudadanos responsables, debemos exigir alternativas de desarrollo alcanzables y que las mismas sean incluidas como políticas de Estado, que permitan la auto sostenibilidad con miras a que los ciudadanos logren alcanzar su máximo potencial de desarrollo y no depender de los subsidios gubernamentales que por buenos programas que sean, utilizados de manera proselitista, promueven el conformismo y la dependencia estatal.

Todo avance es importante. Sin embargo, falta ese balance de lo que hemos logrado a nivel de sociedad y país, que no sólo debe verse reflejado en indicadores económicos, sino en realidades sociales más justas, en una mejor calidad de vida, el respeto a los derechos individuales y colectivos, y las oportunidades para los que los ciudadanos más humildes tengan la esperanza de días mejores. En nuestro país, los tan publicitados desarrollo y bonanza económica no llegaron a todos por igual. Panamá siguió en la lista de los países con los más altos niveles de desigualdad social.

Pero más que hacer énfasis en los aspectos negativos, debemos aprovechar las experiencias acumuladas. Las soluciones a muchos de los problemas que tanto nos aquejan comienzan por reconocer que la democracia, como forma de vida, implica la defensa de todos sus derechos, pero también exige asumir sus deberes como ciudadanos.

Hacer justicia deberá ser la meta del 2015. Al iniciar un nuevo año, luego de cumplidos 25 años de la Invasión de Estados Unidos a Panamá, el amor, el perdón y la solidaridad, deben formar parte permanente de nuestras acciones y propósitos para con nosotros mismos y con quienes nos rodean. El pueblo panameño ha demostrado poseer los atributos para superar las banderías políticas y partidistas, por el bien común. Eso nos ha permitido salir adelante aún en las más difíciles circunstancias.

Para el logro de las metas del país debemos garantizar que se haga justicia en Panamá y que paguen todas sus culpas los que han abusado del pueblo y su patrimonio. Pero ello debe hacerse con una correcta aplicación de la ley, en consideración a la valoración de las pruebas y no por la calidad de las personas acusadas. Se deben superar las persecuciones del pasado y del presente. Hacer justicia no significa condenar a un acusado sino a aquel verdaderamente culpable.

Finalmente, deseamos a todos nuestros lectores que inicien el nuevo año con una mayor comprensión de los objetivos que quedan por alcanzar, para que el mensaje del amor, que durante dos mil años hemos presenciado, sea recogido por nosotros y haga más felices nuestras vidas.

ABOGADO

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