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- 20/02/2021 00:00
Cómo aprendieron los 'gallos viejos'
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Agrega La Estrella en Google ↗️La periodista colonense Judy Meana Barrera, así como contesta y actúa, es lo más parecido a un “gallo viejo” de esos que se bajan primero del palo a esperar que la bandada baje. Casi la totalidad de las pocas personas que conozco en la ciudad de Panamá, en su momento, me confesaron que habían votado por la dupleta Fábrega-Meana y que más bien por la simpatía que sentían por la capacidad y seriedad que despide a distancia la aureola de Meana, además porque Fábrega tenía cosechados a su favor muchos votos del PRD y había trillado lo suficiente, a través de 15 años, tratando de ser el alcalde de la muy noble y leal ciudad de Panamá que parece permanecerá muchos años después del bicentenario sin sanitarios públicos que sirvan a nacionales y turistas.
Por la entrevista que concedió Meana al indoamericano Icar en TV2, doy por sentado que esta joven política es una de las personalidades que necesitamos en este masamorrero político, hirviente y negativo que hunde tras cada votación electoral las esperanzas de desarrollo en este país lleno de oportunidades. La moderación y la decencia que la distinguen es señal inequívoca de que aprendió con los viejos. Ante cada pregunta con el machete desvainado de Icar, Meana no se alteró, al contrario, dio cátedra, explicando, sin apremio, paso por paso, el motivo de su separación del cargo político de gobernadora de la provincia de Panamá, dando a entender que fue un distinguido cargo público en donde trabajó unos meses con la mayor disposición y buena voluntad posible y que regresaba al puesto ganado por los votos en la Vicealcadía capitalina, que damos por sentado que ocupará su lugar sin dificultades aparentes.
Uno de los sucesos de que puedo dar fe de esta joven política, es que no se burla de nadie y menos de los más pobres y débiles.
Recuerdo que hace como una docena de años, le encomendaron en el canal 13 hacerme una entrevista, con motivo del éxito de la décima infantil que “yo” organizaba todos los años. Resulta que acudí lleno de motivos, recién peluqueado, perfumado y con mi mejor saco de vendedor estrellas, me acompañó un séquito de niños cantores, poetas y guitarristas, que no cesaron de hacerme señas con los ojos desorbitados mirando hacia mis medias durante la entrevista.
¿Qué fue? Que todos me vieron el pavoroso hueco que tenía en la suela de unos de mis mejores zapatos, incluyendo a la ahora vicealcadesa que a veces sonreía, pero estoy seguro de que no era de mi posible carencia.