• 22/07/2026 00:00

Panamá, el verdadero reto es el progreso de todos

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Los panameños solemos tener una mirada particularmente crítica sobre nuestro país. Basta recorrer las redes sociales o conversar con cualquier ciudadano para encontrar razones de sobra para el pesimismo: el alto costo de la vida, el desempleo, la corrupción y la sensación de que el crecimiento económico no siempre se traduce en bienestar para las familias.

Y, sin embargo, existe otra realidad que también merece ser observada. Panamá ha venido mejorando su posición en distintos indicadores internacionales que evalúan competitividad, crecimiento económico, estabilidad y capacidad institucional. El más reciente Índice de Prosperidad para América Latina y el Caribe, elaborado por el Centro de Competitividad Mundial (WCC), el cual ubica a Panamá en la categoría A2, situándolo entre las economías más prósperas de la región y como uno de los dos países mejor posicionados de Centroamérica, solo por detrás de Costa Rica.

El reconocimiento no es menor. El índice no mide únicamente el tamaño de una economía, sino 78 indicadores relacionados con desempeño económico, gobernanza, instituciones, gestión empresarial y empoderamiento social. En otras palabras, evalúa aspectos que trascienden el simple crecimiento del PIB.

A ello se suma que, durante el primer trimestre de 2026, la economía panameña creció un 4.8 %, ubicándose entre las cinco economías de mayor crecimiento de América Latina y duplicando el promedio regional. Son cifras que reflejan que, después de años particularmente difíciles, el país comienza a recuperar dinamismo.

Pero sería un error interpretar estos resultados como una señal de que todos los problemas están resueltos.

Sería muy inocente afirmar que el crecimiento económico hoy se traduce plenamente en inclusión social. Es decir, el país está generando riqueza, pero aún enfrenta enormes dificultades para que esa prosperidad llegue de manera efectiva a la parte más importante de nuestra nación, que es nuestro pueblo.

Sin embargo, tampoco sería justo desconocer que recuperar una economía golpeada requiere tiempo. Panamá atravesó años de desaceleración, incertidumbre y pérdida de confianza que afectaron la inversión, la generación de empleo y el crecimiento. Revertir ese escenario no ocurre de un día para otro.

Hoy existen señales objetivas de que el país avanza en la dirección correcta. Eso no significa conformarse, sino comprender que la recuperación económica es un proceso y que sus beneficios suelen llegar de forma gradual.

El verdadero desafío para los próximos años no será únicamente crecer más, sino crecer de la forma correcta. La prosperidad solo será completa cuando los buenos indicadores internacionales puedan sentirse también en los hogares panameños; cuando el empleo formal aumente, las pequeñas empresas encuentren mayores oportunidades y las familias perciban una mejora real en su calidad de vida.

Porque negar los logros le impide a nuestro país construir confianza, pero ignorar los problemas que enfrentamos impide resolverlos.

Los rankings internacionales no son el destino final. Son apenas una señal de que el país puede estar retomando el rumbo. Ahora corresponde convertir ese progreso estadístico en prosperidad compartida, para que el crecimiento deje de ser un dato en un informe y se convierta en una realidad palpable para millones de panameños.

* La autora es ciudadana panameña
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