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- 29/12/2020 00:00
Arosemena latinoamericanista
Octubre de 1864 en Lima. Primavera en la antigua Ciudad de los Reyes a orillas del río Rímac. Una Plaza de Armas de una joven nación republicana que bullía de gente conversadora que comentaba las últimas acciones de una escuadra española que se movía amenazadora hacia las costas peruanas. Un caballero cercano a la cincuentena se movía presuroso para su cita con el librero Juan Huerta quien posee una imprenta en la calle Huallaga a solo dos calles de la plaza. El personaje quien así caminaba a pesar del barullo reinante no es otro que Justo Arosemena, inspirado jurista panameño que cumplía funciones diplomáticas en el Perú para propiciar la instalación de un Congreso Americano en defensa del continente.
La primera edición de su nuevo libro, “Estudio sobre la idea de una liga americana”, nace en el bullir republicano de Lima, ciudad en la que, veinte años antes, había trabajado como redactor de los diarios “El Tiempo”, “El Peruano” y “La Guardia Nacional” (Méndez, 1919). Son 170 páginas –y aquí se seguirá el comentario del historiador mexicano De la Reza- que contienen dieciocho capítulos. Los capítulos primero al octavo abordan los modelos confederales de las ligas griegas, las italianas, el imperio y la confederación germánica, las uniones de Suiza, Holanda y Estados Unidos. Del capítulo noveno al decimocuarto, Arosemena explica el proceso independentista hispanoamericano y los ensayos de unión que nacen con el Congreso Anfictiónico de Panamá de 1826, continúa con el primer Congreso Americano de Lima de 1847 y el Tratado Continental de Santiago de Chile de 1856. El prolijo intelectual panameño hilvana estas iniciativas “como una serie única de empresas diplomáticas que responden al ideal anfictiónico y opera a través del tiempo como una secuencia de experiencias acumulativas” (De la Reza, 2018). Del capítulo decimoquinto al decimoctavo, formula las ideas que guiarán las discusiones del Congreso del cual será alma y, en buena medida, la letra de sus resultados. En la última sección de su libro –que podría ser un capítulo por si solo- destaca un proyecto de tratado confederal de veinte artículos donde se plantea el establecimiento de una asamblea permanente, el rechazo a un cambio de régimen impuesto desde fuera, el compromiso de recurrir al arbitraje para dirimir controversias (preludio de la “solución pacífica de controversias” de la Carta de Bogotá de 1948) y el establecimiento de una ciudadanía común.
La obra de Arosemena es la culminación de una cadena de otras publicaciones de coetáneos que, nacidas al calor del fervor americanista frente a enemigos extra continentales, buscaban propiciar una conciencia de unidad como la “Memoria sobre la conveniencia y objetos de un Congreso General Americano” de J.A. Alberdi (1848), “Memoria sobre la necesidad y objetos de un Congreso sudamericano” de J.M. Carrasco (1855), la “Memoria Reservada” de Juan Nepomuceno publicada en Guatemala (1857), la “Paz perpetua o federación americana” de Francisco Gonzáles Vigil editada en Lima (1860), el artículo “Proyecto de una Confederación” de Casimiro Ulloa en la Revista de Lima (1860) y la “Colección de ensayos y documentos relativos a la Unión y Confederación de los pueblos hispanoamericanos” de J.V. Lastarria (1862).
El mérito de “Estudio sobre la idea de una liga americana” de Arosemena es su concepción original y de considerable riqueza porque adopta un enfoque consistente con la multiplicidad de intereses en pugna en una Sudamérica con estructuras republicanas aún débiles. El Congreso de Lima de 1864-1865 es la oportunidad de Arosemena para volcar su visión de estadista en apoyo de la labor unionista. Una visión americanista que, por trascendental, debe ser rescatada porque aún falta afrontar con éxito la última parte de un sueño: la integración latinoamericana.