• 31/07/2015 02:00

Vincent van Gogh: arte, genialidad y locura

Vincent van Gogh llevó una tormentosa existencia reflejada en sus obras de arte. Hijo de un pastor protestante holandés. 

Vincent van Gogh llevó una tormentosa existencia reflejada en sus obras de arte. Hijo de un pastor protestante holandés. Su hermano mayor nació muerto, un año después nace Vincent, el 30 de marzo de 1853, le ponen el mismo nombre. Crece en un ambiente santurrón, trabajador. Posteriormente nace Teo su hermano, se convertirá en su confidente, promotor artístico. Sus primeras experiencias frustradas con las mujeres destruirán su mundo afectivo, convirtiéndose en hosco, desequilibrado, taciturno. La influencia religiosa lo lleva a reprimir sentimientos, hacia la soledad, a perderse en una auténtica locura religiosa que trae consigo actos excesivos de mortificación e incluso automutilación. Iba a estudiar teología, se involucra con una prostituta que tenía dos hijos ilegítimos. Su padre se pelea con él, lo echa de la casa, se desploma muerto de un ataque de apoplejía, le echan la culpa a Vincent, la familia se distancia. La desesperación de una vida de pobreza le lleva a crear un concepto de arte para los desfavorecidos. Su obra más lograda en esa época es el Comedor de Patatas.

Hacia 1886 se traslada a Paris a vivir con su hermano Teo. Sus obras, antes tristes, de colores marrones, grises, se transforman a bellos colores, alegres y optimistas. En la Ciudad Luz asiste a la Exposición de Arte Japonés que influyó enormemente a los artistas atraídos por el exótico misterio oriental. Empieza a hacer sus obras más bellas, sus únicos desnudos son los retratos de su amante Agostina Segatori, La italiana. Entre sus obras más bellas destacan Japonaiserie, Ciruelos en flor y Pére Tanguy.

Se relaciona e inicia con artistas impresionistas, empieza a pensar en retirarse al campo, crear una comunidad de artistas en la casa amarilla en Arles, fundiendo arte y vida en unidad. Invita a su amigo Paul Gauguin a pasar una temporada con él. Antes de la llegada de éste, las pinturas de Vincent eran equilibradas, denotaban equilibrio interior. Los dos meses que pasaron juntos desembocaron su tragedia y alienación. Gauguin fue responsable del desastre ocurrido en Arles el 23 de diciembre que culminó con el atentado a su vida y automutilación de la oreja con un cuchillo. Envuelve la oreja en un pañuelo, herido, entrega la extraña ofrenda a una meretriz en un burdel.

A partir de entonces tuvo ataques periódicos, sufrimientos, recluido en un hospital psiquiátrico. Se piensa que padecía de esquizofrenia, delírium trémens y sífilis. Acepta el riesgo de acabar arruinado, lleva una vida autodestructiva, negando su potencial artístico. Ingiere grandes cantidades de café, alcohol, se droga para poder conseguir el tono de amarillo intenso de sus girasoles. Su productividad se intensifica. Decía: ‘La perla es la enfermedad de la ostra'. Sufre un ataque de pa ranoia, alucinaciones auditivas y visuales, permanece diez meses en el sanatorio psiquiátrico donde produce sus mejores obras: Cielo estrellado, Los girasoles.

Sufre etapas de locura, ataques de melancolía, dolor. Sus lienzos están marcados por la locura. Siente permanente claustrofobia, desea alcanzar la paz a través de sus pinturas. Maltratado, torturado, atormentado, solo se le permitía pintar con reservas. La existencia intemporal contemplativa del sanatorio frenaba su impulsividad. El genio paga el precio de la enajenación mental. Durante sus recaídas y horribles estados de ansiedad, intenta suicidarse bebiendo keroseno o ingiriendo pintura, se mantiene tranquilo pintando. La pintura es el único sentido de su vida, proporciona consuelo, alegría. Dado de alta, pasó sus últimos meses como un artista abierto, alegre, consciente de sí mismo. Liberado de sus pesadillas, respira libertad, pinta al aire libre, desaparecen sus temores nocturnos. La razón del suicidio, abrupta, inesperada, fue resultado de larga reflexión para ayudar a su hermano económicamente.

El cuadro El trigal bajo un cielo tormentoso fue el lienzo que estaba en su caballete cuando decide autoinmolarse. El cuadro refleja abandono, desosiego, desesperanza, amenaza a vivir sin libertad. Su hermano tenía penurias económicas, sabía que al morir su obra aumentaría de valor, decide sacrificar su vida para dejar un legado artístico a Teo. Se dispara un tiro en el pecho, muere dos días después, el 29 de julio de 1890, a los 37 años.

Bibliografía: Crespo, Yolanda, Vincent van Gogh: arte, genialidad y locura, Editorial Portobelo, 2005. Disponible en la librería Cultural Portobelo, tel. 269-9493.

PSICÓLOGA, ESCRITORA Y DOCENTE UNIVERSITARIA.

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