La jefa de gabinete del MEF defiende la urgencia del proyecto de ley de sustancia económica. Explica cómo esta normativa busca modernizar el sistema fiscal...
- 11/01/2024 00:00
¡Aspirar pueden muchos; pero gobernarán los que escoja el pueblo!
Los que aspiran a los cargos de elección para gobernar, sea desde la presidencia o desde los diferentes niveles de la administración pública, se totalizan por miles; pero de ellos, solo los que escojamos los que votaron verán cumplidas sus aspiraciones. Famosa es la anécdota de un político de otra época que, encontrándose frente al caudillo Arnulfo Arias, se le ocurrió decirle que él se consideraba con igual derecho a ser presidente; e histórico y, por demás contundente, fue la respuesta (las palabras exactas han tenido varias versiones, pero su mensaje y lección es el mismo): ¡Estoy de acuerdo, pero usted cree que tendría el mismo chance!
El cuatro veces elegido a la presidencia, tal vez con cierta jactancia, pero con absoluto sentido de realidad, dejaba en claro que solo pueden y deben aspirar a gobernar quienes merecen la confianza de los electores. Y, nosotros, el pueblo, aparte de valorar nuestro poder, de decidir quiénes gobiernan, a la par, también debemos tener conciencia de que ese poder es extraordinariamente efímero, pues solo durará por los minutos en que seleccionamos las boletas de votación cuando estemos a solas en el recinto de la urna; pero que las consecuencias de una buena o mala decisión, en ese momento sublime, nos beneficiarán o castigarán por los próximos cinco años.
En diciembre de 1989, el 75% de los electores votamos por Guillermo Endara. El triunfo fue tan arrollador que marcó la cota más alta de votación recibida por una candidatura presidencial que, como han demostrado elecciones posteriores, nunca se repetirá.
Solo para recordarlos, en las seis elecciones celebradas en los años 2009, 2004, 1999, 2014, 2019 y 1994, en orden descendente, los porcentajes redondeados de los votos válidos recibidos por sus ganadores, fueron los siguientes: 2009, Ricardo Martinelli, 62 %; 2004, Martín Torrijos, 47%; 1999, Mireya Moscoso, 42%; 2014, JC Varela, 38%; 2019, Laurentino Cortizo, 33%; 1994, E. Pérez Balladares, 32%.
Todos los ganadores y la ganadora, han tenido y tienen legitimidad porque fueron elegidos de acuerdo con las normas legales vigentes; pero sus niveles de representatividad, al momento de sus elecciones, que es cosa diferente, han sido y son equivalentes a los porcentajes de los votos válidos que recibieron, que, en términos reales, si se tomarán en cuenta los porcentajes de la abstención, serán inferiores.
Desde luego, por cuanto la representatividad de los gobernantes no es estática, sus niveles variarán de acuerdo a como el pueblo mida su desempeño en el ejercicio del cargo. En consecuencia, los que logren mayores grados de representatividad se preocuparán de mantenerla y los de menor, de tratar de aumentarla.
La causa que principalmente ha contribuido para determinar la representatividad y la efectividad de nuestros gobernantes, hay que buscarla en nuestro sistema electoral de vuelta única en el que, además, la revocatoria de los mandatos era inexistente y actualmente es más declarativa que posible.
Consecuencia directa de las reglas vigentes han sido “las alianzas”, que son la constante de nuestros procesos electorales, de los que han sido ganadores los partidos o grupos políticos que han demostrado mayores “habilidades (el fin justifica los medios)” o, en En algunos casos, muy poco escrúpulo para negociar desde las candidaturas presidenciales hasta la más pequeña de las representaciones de corregimiento.
Para enderezar ese camino que se tuerce y retuerce con cada proceso electoral, y el próximo servirá para ratificarlo, la vía debe ser cambiarlas radicalmente, exigiéndole a todos y cada uno de los candidatos, pero principalmente a los aspirantes presidenciales ya los que buscan una curul. . en la Asamblea Nacional, que son los que pueden cambiar las leyes que, desde ya, se comprometan públicamente a aprobar los cambios necesarios que, entre otros, deben ser los siguientes:
1) Que, en las elecciones del 2029, para ser elegido presidente se deberá recibir el 50%, más uno, de los votos válidos y que, si ningún candidato alcanza esa cantidad, los dos más votados concurrirán a una segunda elección, a los 30 días calendarios siguientes.
2) Que para las elecciones del 2029 no se permitirán, a ningún nivel, alianzas electorales.
3) Que en el 2029 los diputados volverán a ser elegidos por circuitos provinciales y se aplicará la raya para que los electores puedan elegir a los candidatos o candidatas de su preferencia.
4) Que, a la mitad del término constitucional, sujeto a que la petición la respalde el 15% de los electores de la circunscripción correspondiente, los diputados, alcaldes y representantes se someterán a una nueva elección y que cesarán en sus cargos si reciben un 50% de votos negativos.
Estoy seguro de que algunos de mis lectores podrían proponer otras igualmente constructivas; pero, por lo pronto, valgan las anteriores como invitación para que lo hagan.