• 04/12/2015 01:00

Atascadas elecciones en Venezuela

A pocos días de las elecciones parlamentarias del domingo 6 de diciembre en Venezuela, la tensión política se incrementa 

A pocos días de las elecciones parlamentarias del domingo 6 de diciembre en Venezuela, la tensión política se incrementa y las encuestas profetizan un aparente empate técnico entre oposición y Gobierno. Desde que Hugo Chávez accediera a la Presidencia en 1999, los comicios adquirieron una aureola plebiscitaria. Toda contienda electoral se transforma en un debate sobre seguir con el sistema Socialista/Bolivariano, o volver a la hegemonía del Neoliberalismo.

La derecha venezolana no ha podido constituirse en un bloque con identidad programática y simbólica propia, simplemente es oposición radical al chavismo y a Maduro. Posee el control de los medios masivos de comunicación y mantiene un sólido perfil anti-Maduro a nivel internacional. Obviamente la oposición no aceptará el veredicto de las urnas sea cual sea. Si pierde, de inmediato denunciará fraude y no reconocerá los resultados. Si gana, anunciará el fin del chavismo y maniobrará con todos los medios a su alcance para derrocar a Maduro, antes de que finalice su mandato en 2019. El chavismo al ganar profundizará la acción transformadora y llevará el proceso revolucionario a una etapa más avanzada. La experiencia argentina demuestra que el inmovilismo conduce a la derrota. Argentina reveló la disyuntiva actual en Latinoamérica: o profundizar los procesos revolucionarios desde adentro o regresa la derecha. Y si pierde, tal como lo dice Maduro, a defender en las calles los avances del proceso revolucionario.

Sea cual fuere el resultado el 6 de diciembre, se puede augurar un 2016 extraordinariamente convulso en Venezuela. La situación económica, especialmente en lo tocante a abastecimiento y precios, se recrudecerá, así el Gobierno actual se esfuerce por garantizar mejor suministro de bienes y servicios, especialmente a las clases populares, a precios razonables, al mismo tiempo que decretará aumentos salariales para contrarrestar la inflación. Seguirá bajando el precio del petróleo, lo que permitirá, con sumo control y regulación, mantener la inversión social en educación, sanidad, vivienda, pensiones, etc. Los hechos de violencia y las acusaciones de que uno y otro bando están jugando en ese peligroso terreno testimonian que esta elección es un punto de quiebre en la disputa que han librado desde hace más de una década el chavismo y la oposición.

Tan importante como los resultados será la reacción, tanto del Gobierno como de la oposición. Si Maduro reconoce un nuevo escenario de poder compartido, y si las fuerzas antichavistas manejan el eventual triunfo con cabeza fría y no con la intención de traducir una eventual votación a su favor en un argumento para sacar a Maduro por vías extralegales. La magnitud de la ventaja que obtenga el ganador también será crucial.

Un triunfo amplio de Maduro le abriría las puertas a una radicalización de la revolución. Una victoria significativa de la oposición le permitiría a la Mesa de Unidad antichavista soñar con un referendo revocatorio quizá en 2016 (la Constitución permite convocarlo a partir de la mitad del periodo de seis años que se cumple en abril/2016, para propiciar un cambio de Gobierno).

Los alcances de la elección no se limitarán a las fronteras nacionales de Venezuela. Desde Washington hasta Argentina, el continente seguirá con lupa los acontecimientos del domingo. Después de la victoria de Mauricio Macri en Argentina, un descalabro del chavismo empezaría a interpretarse como un ‘efecto dominó ' en contra del Alba y como un movimiento pendular en dirección contraria a la de la izquierda populista.

ECONOMISTA

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