El mandatario le recordó a los agentes que no solo enfrentarán el delito en sus distintas formas, sino la tentación del delito al tratar con los delincuentes,...
- 17/12/2014 01:00
Nuestros azarosos diciembres
En la tradición judeocristiana y panameña en el último mes del año se debe respirar un ambiente espiritual especial por las celebraciones de Primeras Comuniones, del Día de las Madres y de la Natividad del Señor. En ese clima de armonía y confraternidad, debería siempre ‘brillar la estrella de paz’ para revelar los mejores sentimientos de cada uno de nosotros. Pero en el reciente pasado han coincidido, precisamente en diciembre, eventos políticos dramáticos que han traído conflictos, tensiones y sufrimientos a las familias panameñas: una invasión extranjera, dos intentos fallidos de golpes de Estado, contragolpes para recobrar el poder.
En unos días recordaremos la experiencia más dolorosa sufrida hace un cuarto de siglo, aquel aciago 20 de Diciembre. Los ataques del ejército más poderoso de la Tierra y las muertes, heridos, destrozos e incendios que ocasionaron en el barrio más pobre de la capital y en otros sitios del país, dejaron una secuela de luto, caos y desconcierto en la población. Nunca se supo, y quizás nunca se sabrá, la cantidad exacta de víctimas, seguramente más de las que pudieron ser identificadas en las fosas comunes.
En aquella ocasión los tres candidatos, que habían triunfado en los comicios presidenciales arbitrariamente anulados, se vieron en la disyuntiva de tener que escoger entre aceptar el gravísimo desafío de asumir la dirección de un país literalmente destrozado, carente de instituciones viables; o de permitir que el mando del Gobierno fuese confiado a una nueva junta militar impuesta al país invadido. La valiente decisión a la que arribaron en esa encrucijada aquel trágico diciembre definió un buen rumbo a la nación.
El karma decembrino no se hizo esperar y, al cumplirse el primer aniversario de aquella invasión, se orquestó un intento de golpe de Estado. El exjefe militar entonces detenido en una celda en Amador fue liberado, llevado en helicóptero al cuartel central de la policía, en medio de arengas a la tropa a sublevarse y a marchar agresivamente a la Asamblea Nacional. Hasta que se logró coartar el intento, fueron otros días de diciembre llenos de tensión.
Similarmente, 30 años atrás, días antes de las Navidades, el jefe de la entonces Guardia Nacional, regresó desde México para enfrentar a compañeros de armas que le habían depuesto, y para recobrar el mando. Ese retorno, que luego designó el 16 de diciembre como el Día de la Lealtad, creó momentos de incertidumbre, inseguridad y temores en el ambiente navideño nacional de aquel diciembre, por temor a las represalias que eran de esperarse por la traición de los golpistas. Esa decisión histórica de retornar al país y de retomar el mando fue clave para definir el destino que aguardaría al país durante los siguientes veinte años.
En los cinco años del régimen que acaba de concluir pocas veces disfrutamos en paz de nuestros diciembres. Los sobresaltos y desasosiego causados por amenazas, insultos y ofensas lanzados regularmente por funcionarios de alta jerarquía llenaron de acidez innecesaria la época navideña.
En unas horas cerramos el último capítulo de un período electoral nada fácil y de un año difícil en muchos sentidos. A diferencia de diciembres anteriores, afortunadamente hoy disfrutamos de una tranquilidad anhelada, aunque no podamos evitar las preocupaciones normales del ser humano. Terminemos de pasar la página que comenzamos a pasar en mayo; aprestémonos al trabajo sin dilación. Mientras tanto, aprovecho para desear a todos nuestros lectores una Feliz Navidad en compañía de sus seres queridos y de mi esperanza de que la vivan en el espíritu de recogimiento, paz y amor que vemos reflejado en el humilde pesebre del Niñito Jesús.
EXDIPUTADA