El IMHPA prevé menos lluvias en el Pacífico y alerta sobre impactos en agricultura, agua potable, energía y Canal de Panamá
- 18/05/2010 02:00
Solución al sinsentido de la basura
Encuentra más de nuestra cobertura en los resultados de búsqueda.
Agrega La Estrella en Google ↗️Exclusión, trabajo infantil, contaminación con riesgo grave para la salud, bajas expectativas de vida, son algunas de las características evitables de pepenar, y que solo en el área metropolitana ocupa a unas 2000 personas. El haber llegado a estas condiciones no es únicamente la consecuencia inmediata de la creciente desocupación, sino también de la ausencia de políticas integradoras y de fomento de formas de producción que apunten al reciclado de residuos, el cuidado y la preservación del medio ambiente, algo que muchos otros países, incluso en Latinoamérica, comprendieron hace tiempo.
Por esta razón, y en virtud de que la actual crisis de la basura en Panamá llegó a un punto de inflexión, debemos encontrar otras formas para el tratamiento de los residuos sólidos, que transfieran parte del actual servicio de recolección a microempresarios, pequeñas empresas o incluso cooperativas.
Pero en esta tarea no solo se involucra al Estado. Los panameños generamos 15000 toneladas de basura mensualmente, que se recolectan, se compactan indiscriminadamente y se entierran en los rellenos sanitarios, sin hacer distinciones entre material recuperable y reciclable. Los informes sobre la composición de nuestra basura indican que el 25% corresponden a papel y cartón, 15% a plástico, 10% a vidrio y 5% a metales, que dispuestos de manera adecuada podrían ser recuperados y aprovechados.
Se trata de un verdadero despropósito considerando un país en crisis con respecto al manejo de su basura, y una incoherencia en términos de preservación futura y presente del espacio que habitamos. Estamos acostumbrados a tirar la basura en una misma bolsa y llevarla a la calle —respetando el horario determinado, en el mejor de los casos— para que el camión la retire. A partir de ese momento, nos desentendemos, tanto de su destino como de las posibilidades de recuperación.
Con solo sacar en una bolsa negra la “ basura ” propiamente dicha (lo húmedo, lo orgánico) para que la recoja la empresa recolectora, y en una bolsa verde todo aquello que es reciclable (plástico, metal, cartón, papel, etc.) que sería recolectado por el ex pepenador, ahora transformado en un recuperador formal, estaríamos generando trabajo genuino producto de esta nueva actividad, sin necesidad de subsidios estatales y malgasto municipal.
Por otro lado, este material reciclable sirve para que muchos otros trabajen, no solo en este primer empleo de recolección, sino también en los procesos de carácter industrial. No son muchos los que saben, por ejemplo, que solo en la década pasada nuestro país importó más de 200 millones de dólares de papel reciclado y 100 millones en vidrio. Con procedimientos que mezclan arena o arcilla con envases de plástico, se pueden fabricar ladrillos ecológicos, tejas y losas para la construcción de viviendas. Muchas empresas usan las “ chatarra ” como insumo para sus productos. Existe una creciente industria del reciclado del PET (plástico de las botellas de gaseosa y agua) con las que se confeccionan hilos textiles; los cepillos, escobillones, escobas, están hechos con este material reciclado.
El cartón corrugado, el de las cajas, está hecho íntegramente con papel recuperado, por dar solo algunos ejemplos. Esta industria, que podría crecer, se sustenta en el trabajo de los pepenadores que diaria y eficientemente recuperan estos materiales en la marginalidad y aprovechan lo que de otra forma se enterraría definitivamente, demostrando que nuestro actual sistema de gestión de los residuos es irracional, antieconómico y antiecológico.
De manera que modificar usos y costumbres pasa, en primer término, por entender la dimensión del tema en el que interactúan los que producen la basura, los que la reciclan y quienes la generan. Según un estudio realizado en los años 80 por estudiantes de quinto año de Ingeniería Industrial en la Universidad Tecnológica de Panamá, se determinó que más de la mitad de los pepenadores son trabajadores (obreros de la construcción, agricultores, cocineros, jardineros, etc.) que perdieron su empleo. Ahora trabajan con sus familias, expuestos a la contaminación y con una expectativa de vida de 50 años, siendo 75 años en promedio la del resto de la población panameña. Sus hijos engruesan las filas del trabajo infantil que, según informes de UNICEF, “ conduce al retraso escolar o directamente al abandono, a menores ingresos en la vida adulta, a acceso a trabajos no calificados y a la reproducción de las condiciones de pobreza que originaron su deserción escolar temprana ”.
En resumen, la incorporación de los pepenadores al mercado laboral formal revertiría la situación actual, no solo con los consecuentes beneficios para este sector, sino que fortalecería una incipiente industria que a su vez generaría puestos de trabajo y además aportaría el protagonismo de la comunidad en un proyecto común.
Sería un estímulo a la formación de cooperativas, microempresas o empresas sociales, para que se reconozca su lugar dentro del sistema de recolección de residuos. De este modo, el Estado podría reemplazar el esquema de recoger basura por facilitar empleos genuinos, desarrollando emprendimientos productivos que deberán tener, como insumo básico, los materiales recuperados.
*Empresario.rcarles@cableonda.net