Una botella de cristal con un pequeño mensaje dentro que apenas dice ‘Remember’ da la bienvenida a ‘Ground Zero 360 - Remembrance’, muestra que abrió este...
- 17/09/2009 02:00
Berlusconi y el neofascismo
El papa Benedicto XVI dijo el sábado que las sociedades sufren porque aquellos que tienen liderazgo trabajan para sí mismos y se dejan llevar por sus deseos y pasiones. Ese sermón no debe haberle caído nada bien al primer ministro Silvio Berlusconi. Hace cuatro meses su segunda esposa, Verónica Lario, le exigió el divorcio, reveló que su ex marido es un adicto a relaciones extraconyugales y que estaba cansada de ser humillada públicamente.
Toda la trama de sexo, poder y mentiras quedó al descubierto por las investigaciones periodísticas sobre el proceso por corrupción, prostitución y narcotráfico contra el empresario Gianpaolo Tarantini, amigo de Berlusconi. Tarantini, que conocía los hábitos sexuales del primer ministro, organizó en cinco meses 18 fiestas con 30 prostitutas de lujo pagadas de su bolsillo para satisfacer a su amigo a cambio de negocios con el gobierno.
Berlusconi aseguró que en su vida nunca ha tenido que dar dinero por prestaciones sexuales, porque su placer está en la conquista. “ Si pagas, ¿qué gusto puede haber? ”, preguntó. Sus abogados sostienen que no cometió delito, pues solo era el “ utilizador final “ de las acompañantes. Berlusconi ya cuenta, además, con una ley de autoinmunidad que le impide ser juzgado por delitos no relacionados con su cargo mientras permanezca en el gobierno. A ese blindaje se suma el hecho de que posee las empresas periodísticas y publicitarias más poderosas de Italia, es dueño de un partido y líder de la coalición política que gobierna, y es jefe del gobierno. Desde esa posición ha emprendido demandas multimillonarias y ejercido presiones para despedir, intimidar y desacreditar a periodistas y editores que han hurgado en sus aventuras sexuales. Sus críticos afirman que emplea — en el país que originó el fascismo — los servicios secretos contra testigos, jueces y periodistas.
En sus dos gestiones anteriores al frente del gobierno, Berlusconi compraba opositores y a quienes pensaban distinto. En este nuevo período trata de silenciarlos. Está ajustando cuentas con el número dos de su partido, Gianfranco Fini, líder de la Cámara de Diputados, por cuestionar sus aventuras sexuales. Un diario de Berlusconi lesionó este martes la reputación de Fini, quien también se negó en febrero a respaldar un proyecto gestado por el Vaticano. Berlusconi logró entonces que el Consejo de Ministros aprobara —bajo la amenaza de destituir a quienes se opusieran— la ley que obliga a alimentar a aquellos que no pueden valerse por sí mismos. El caso de Eluana Englaro, en estado vegetativo por 17 años, a quien el Tribunal Supremo de Justicia había autorizado retirarle la asistencia alimentaria, fue el pretexto del primer ministro para dar una patada a la arquitectura institucional y al Estado de Derecho que siempre le han resultado incómodos.
En ese momento el Vaticano aplaudió la iniciativa, pero la complicidad con Berlusconi se ha visto empañada por las críticas de sacerdotes y obispos contra el hedonismo y el relativismo moral y sexual del primer ministro. Berlusconi ha sido descrito como un hombre solo, rodeado de pocos y malos consejeros, prisionero de sí mismo, de su delirio de poder, de sus fábulas e incapaz de hacer las cuentas con la realidad que quiere anular.
-El autor es periodista.d_olaciregui@hotmail.com