• 11/05/2023 00:00

Cargas imposibles

“Purguemos nuestro sistema para que el proyecto país avance, para todos. Tendremos la oportunidad de cambiar pronto. Elijamos opciones frescas, no los mismos parásitos, en empaques diferentes”

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Un sistema fallido es fácil de detectar. Los resultados que se esperaban, no se dieron, así que queda demostrado que la ruta y los procesos pensados inicialmente, no funcionan. Simple.

Pero ¿qué sucede cuando queremos perpetuar el error, de manera intencional? La respuesta obvia es que condenamos al fracaso cualquier proyecto, sometiéndolo a procesos diseñados para fallar. Esto aplica para el proyecto país, y podemos ver fácilmente cómo los Gobiernos han venido cargando nuestro proyecto país con cargas imposibles. El resultado es la crisis que vivimos.

En todo proyecto hay riesgos. Así son las cosas. Pero no todo es negativo. Existen procesos y análisis diseñados para reducir las posibilidades de errar, o para prepararnos para poder soportar los errores, con planes alternos. Esto se traduce en varias rutas para alcanzar la meta.

En ingeniería, existe el Método de la Ruta Crítica, CPM, por sus siglas en inglés (Critical Path Method). Es una técnica que nos permite visualizar las tareas necesarias para completar un proyecto, determinando cierta flexibilidad en el cronograma que planteemos.

Puede considerarse como una técnica de prioridades, pues identifica cuáles son las tareas más importantes para alcanzar la meta, y qué tareas pueden considerarse dependientes, o que puedan realizarse de manera paralela para acortar tiempos de entrega y cumplimiento. Es un proceso que requiere pensamiento lógico, uso de gráficas y un sentido común de trabajo, obtenido con la experiencia. El resultado es “el mapa” o la hoja de ruta a seguir para llevar lo proyectado a feliz término, y en el tiempo pactado.

Premisas como experiencia, organización y sentido común son la base del éxito de los proyectos bien llevados. Pero hay que tener la voluntad de querer llegar a la meta. Sin eso, los rodeos innecesarios y los retrasos pueden quebrar financieramente el proyecto.

Esos costosos retrasos son generados por gente incapaz, que causa demoras por desconocimiento, o por gestores del caos, quienes intencionalmente buscan el fracaso.

En la empresa privada, donde cada error se paga caro, y de manera inmediata, se busca purgar el sistema con frecuencia, para evitar que las bruscas retrasen el flujo de los resultados. De manera opuesta, en la empresa gubernamental, las bruscas prosperan, pues jamás enfrentan responsabilidades, resultando en los errores carísimos que tenemos que pagar los ciudadanos.

Nuestro proyecto país, actualmente, está sometido a cargas imposibles. Un sistema burocrático inoperante, que no sólo no genera ganancias ni beneficios, sino que nos cuesta el futuro. Cuando tenemos que pedir prestado para pagar planillas, el sistema no funciona.

Un ejército de funcionarios adoctrina al resto del país con su ejemplo. Todos cobran, pero no todos cobran lo justo. Casi siempre, el que más trabaja, es al que menos se le reconoce su esfuerzo, mientras al amigo nombrado políticamente, se le premia sin hacer nada. Promueven lo malo, y castigan lo bueno.

Ningún país funciona bien así.

Nos han acostumbrado a depender del esfuerzo de unos pocos. Mientras a la empresa privada se le hacen cercos continuos para sacarle gran parte de sus ganancias, la planilla estatal sigue devorando el dinero de impuestos y tributos, sin aportar mejora alguna al proyecto país.

El Gobierno no genera ganancias. El Gobierno genera gastos.

La plata con la que se les paga a las botellas políticas se obtiene de lo que generan el turismo, el Canal de Panamá (creo que ya debemos cambiar ese nombre, pues no es nuestro), la construcción, los servicios que ofrecemos, y las múltiples maneras en las que los panameños honestos nos agitamos para ganarnos la vida, y de paso, sostener a los parásitos que no saben hacer otra cosa que vivir del esfuerzo ajeno.

Ninguna entidad funciona bien así.

No podemos esperar que, bajo la bandera de la solidaridad, la Caja del Seguro Social siga subsidiando a gente que no aporta. Es insostenible. Mientras empresas, públicas y privadas, incumplan con sus obligaciones, jamás se podrá nivelar la situación causante del déficit que vemos hoy. Tampoco podemos esperar que en una institución en la que aportan 10 personas, por dar un ejemplo numérico, existan 100 beneficiarios. Eso no lo aguanta nadie. Si le sumamos el hecho de que se ha demostrado recientemente que algunos funcionarios disponen de los bienes de la entidad como si fuese su finca privada, a nadie debe sorprender que los fondos se estén acabando.

Cada partido político que ha llegado al poder durante nuestra “Era Democrática”, que debería ser llamada más atinadamente “Era Posdictadura”, ha fallado en gobernar, pues ninguno ha acertado en administrar el Estado, sino que han venido con el único interés de llenar sus bolsillos, a costa del fracaso del proyecto país.

¿Cuál es la solución? Fácil.

¿Qué sucede cuando nuestras mascotas están enfermas? Casi siempre, los parásitos afectan la salud de nuestros animalitos. Se les da comida y no engordan. Se les atiende, pero se van debilitando, poniendo su salud en riesgo. Eso se debe a que tienen parásitos, internos o externos. La solución es la misma. Los desparasitamos con un medicamento, y pronto notamos que, con menos comida, están sanos y brillantes.

De manera similar, tenemos que desparasitar el proyecto país de todo aquello que le hace daño, de esos gestores del caos que siempre han estado allí, debilitándonos y llevándose los nutrientes que con tanto esfuerzo le inyectamos a nuestro futuro.

Tenemos que hacer eficiente nuestro proyecto país, con entidades que funcionen y autoridades capaces de aportar con experiencia, honestidad y voluntad. Todos aquellos que ya estuvieron, y que ahora prometen lo que no pueden cumplir, son más de lo mismo.

Purguemos nuestro sistema para que el proyecto país avance, para todos. Tendremos la oportunidad de cambiar pronto. Elijamos opciones frescas, no los mismos parásitos, en empaques diferentes. Usemos el método de ruta crítica, y eliminemos las cargas imposibles que nos impiden surgir.

Dios nos guíe.

Ingeniero
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