- 09/08/2015 02:01
El cartel del fútbol
Hay un creciente deterioro del orden institucional mundial que se puede medir en la política, en la justicia, en las instituciones públicas, en la banca. Los niveles escandalosos de corrupción, mediante el reparto descarado de coimas y sobornos han penetrado todo, hasta el fútbol. La noticia ha sido destapada por los diarios en forma amplia y generosa, una bomba por la envergadura del asunto.
Con sumo pesar debo reconocer que el fútbol, para mí, el mejor deporte del mundo, no solo es juego, es también política y negocio. Así lo confirma la profunda corrupción de los organismos mundiales que lo regentan: la FIFA, la Concacaf, la Conmebol que, en mancuerna con ejecutivos de empresas de ‘marketing' deportivo profanaron la historia de la tradición futbolística. El terrible relato de la corrupción de la FIFA, una historia revelada, que floreció a la luz pública recientemente, nos demuestra el macrocosmo del escándalo que es necesario conocer, sobre todo cuando nuestro país fue recientemente parte afectada, víctima de la ignominia que gobierna el fútbol mundial.
La opinión pública mundial, está indignada y conmovida, ante esta vieja élite del fútbol, nutrida de sobornos y negocios tortuosos, generada por una alta dirigencia arrogante, que despreció a su fanaticada y abandonó sus principios; me refiero a ese amplio abanico de personajes que acompañó en su presidencia al eterno Joseph Blatter que se mantuvo 17 años en el cargo, delincuentes de cuello blanco como Samaranch, Webb, Warner, Figueredo, Li, Leoz y Esquivel, responsables de este carrusel delictivo. Quienes sucumbieron ante el dinero, listos a allanar todos los caminos, como la escogencia de sedes mundiales, (Sudáfrica 2010, Rusia 2018 y Qatar 2022), mediante pagos debajo de la mesa. Una casta oprobiosa, que abdicó de la historia y que no supieron estar por encima de los apetitos, y lo que buscaron fue la codicia y el poder; embriagados, despreciaron el respeto profundo de sus directivos, patrocinadores y seguidores globales.
Hoy, el balompié mundial, por culpa de estos organismos corrompidos, atraviesa una crisis internacional, producto del tráfico de influencias, polémicos partidos, compra de votos y sedes, evasión fiscal, manipulación de contratos, ventas de transmisión y comercialización y el uso ilícito del sistema financiero internacional para el blanqueo de dinero proveniente de los sobornos (J. P. Morgan, City, Bank of América). Todo ello ha traído como consecuencia, la molestia de los patrocinadores (Coca Cola, McDonald's), la presentación de nuevas candidaturas para su dirigencia (Zico, Platini), la exigencia de una Comisión independiente que reforme la organización y el cambio de sedes mundiales, escogidas bajo la sospecha de pagos ilícitos.
No le tembló la mano al Departamento de Justicia de EE.UU. al levantar un expediente de 164 páginas en donde manifiesta que todas las copas de fútbol (América, Libertadores y de Oro) participaron en la trama que corrompió al Fútbol Mundial durante los últimos 24 años, en donde se extrajo más de $150 millones y terminaron 14 personas en el amplio abanico de los acusados, 25 cooperantes que podrían pagar penas de prisión de hasta 20 años; la punta del gigantesco ‘iceberg', cuya dimensión se desconoce, pero que dejó al descubierto la macabra alianza entre los directores de estos organismos internacionales.
Lo ocurrido es apenas un eslabón de la cadena que se rompió. Es la llave que abrió la caja de Pandora. Aún falta tela por cortar de este episodio lleno de escándalos. La FIFA ya está infiltrada por organismos de investigación (FBI, IRS) y en boca de la prensa, por lo que se le hace difícil intentar maquillarla para distraer la atención de aquellos medios que la critican. Por lo pronto, las denuncias derivaron en la renuncia del presidente Blatter, este endiosado ídolo de barro. Cosa que me alegra, el que haya pensado en su retiro decoroso. La FIFA lo necesita, pues su deterioro es grave y debe recuperar su confianza.
¿Quién le limpiará la cara a esta organización mundial? Porque, a pesar de que fue dirigida por un suizo, está muy lejos de funcionar como esos relojes perfectos y precisos de esa región de los Alpes.
ABOGADO
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‘Lo ocurrido es apenas un eslabón de la cadena que se rompió. Es la llave que abrió la caja de Pandora. Aún falta tela por cortar de este episodio lleno de escándalos'