• 23/09/2026 00:00

Cine panameño, un nuevo salto estético

Una nueva generación de gente que busca opciones estéticas de acuerdo con los formatos que adquiere el cine del siglo XXI trabaja por agregar títulos a este arte en sus manifestaciones locales. La selección de doce filmes entre largos y cortometrajes de un total de más de veinte propuestas que representarán al país en el Festival de Cine Centroamericano Ícaro, demuestra que existe una intensa actividad creativa en el escenario nacional.

Fueron escogidos cuatro largometrajes; dos de ficción: Hoy no va a llover, de Carlos Osuna y Cautiverio de Omar Calvo y Sebastián Jiménez e igual cifra en documentales: Hijo de tigre y mula de Annie Canavaggio y Un segundo latido de Christian Escobar. Además, ocho cortometrajes, cuatro de ficción y el resto de documentales.

Entre los primeros, El retrato de Don Marino de Juan D. Page, La vida que tenemos de Jaime Abrahams, Peter, ni soldado, ni civil, ni traidor de Alex Mariscal y Real contraseña: Candyman de Ana Grethel Solís. Del segundo grupo: La panameñita de Jhohaddy Ramírez, La mitología del Dad Ibe (Abuelo Sol) de Duiren Wagua, Antes que oscurezca de Ricardo De Janón y La copla del Diablo Verde de Guarlos Vargas.

Es una selección que tiene el importante papel de competir con cintas de un cine centroamericano de cierta factura muy especial y que ha dado ejemplos de calidad que alcanza los mercados internacionales, sobre todo por la intensa historia de esos países. El Festival de Cine Centroamericano Ícaro expone la filmografía de la región y es una oportunidad para cineastas y nuevas producciones.

Ícaro es promovido en Panamá por el Grupo Experimental de Cine Universitario (GECU), la Fundación Pro Artes Escénicas y Audiovisuales (FAE) y cuenta con apoyo de la Universidad de Panamá y el Ministerio de Cultura. La unión de estas entidades hace posible que Panamá intervenga en la competencia centroamericana, pero lo más importante es el clima para que los directores, actores y actrices, así como un creciente grupo de técnicos en esta industria se esfuercen por la actividad fílmica.

El cine panameño ha alcanzado un reconocido desarrollo durante el siglo XXI, basado en la intensa actividad de realizadores que, en las últimas décadas de la centuria pasada y desde diferentes estilos, registraron no solo la historia, sino la palpitante vida social, política y cultural del país, así como las relaciones internacionales, donde se resalta la situación de las luchas por insertar el Canal de Panamá en el patrimonio nacional.

Múltiples jóvenes se fueron a estudiar cinematografía en otros países y en los centros de formación nacionales para dominar técnicamente la realización y disciplinas complementarias. Sin embargo, también se requiere afianzar en la revisión literaria para darle mayor sentido a los guiones y así crear, fortalecer y asentar una estética que sea propia del país, independientemente de las tendencias de cada autor.

Las historias que surgen en la cotidianidad y los acontecimientos son la materia prima para encender la ficción que origina el relato que se irá a las pantallas. Hay la necesidad de organizar los elementos propicios para consolidar la fábula que termina en imágenes, a veces con argumentos basados en la realidad o también, aquellos que están insertos en un libro o se escriben a propósito de su contenido.

Los materiales que representan al país en Ícaro, así como otras cintas que circulan y se estrenan en Panamá, tienen el doble papel de convertirse en historias de por sí, pero también en obras que ofrecen un perfil de un arte nacional, por lo que hay necesidad de poner un empeño en su elaboración tanto en la forma como en el fondo para que la producción trascienda con una identidad propia.

La selección que participa en el concurso Ícaro a nombre de Panamá es de un rigor comprobado. Esto implica mucha responsabilidad, porque de lo que se trata es de enviar piezas que representen a la nación y a su cultura.

* El autor es periodista y docente universitario
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