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- 23/04/2026 00:00
La aventura bélica de Donald Trump y Bejamin Netanyahu en Irán, que Branki Marcetic califica como “la peor decisión de política exterior de un breve siglo XXI”, ha significado un notable choque negativo para la economía mundial, el que, como de costumbre, recae con más fuerza sobre la población más vulnerable. En lo que sigue se hace un esfuerzo por develar los impactos económicos más notables provocados por la guerra en Irán.
Es útil señalar que ya antes del inicio de la guerra en Irán las políticas de Trump habían infligido un significativo daño a la economía norteamericana, lo que, debido a su peso a nivel global, también impactaron negativamente la internacional. Entre los elementos más destacados a este respecto, siguiendo el concepto de Disaster Economics de Paul Krugman, se pueden destacar los siguientes: la política destinada a entorpecer el desarrollo de energías sostenibles, la política destinada a infligir daño a la investigación y la educación científica, la política migratoria y la errática política arancelaria, generadora de alta incertidumbre.
Con el inicio y desarrollo de la guerra en Irán, los impactos de las acciones del gobierno de Trump han generado una disrupción mucho más directa y profunda sobre el conjunto de la economía mundial. Para comenzar está el alza del precio del petróleo, el que desde el inicio de las acciones bélicas se ha incrementado, en un contexto de volatilidad, en aproximadamente 48%.
Se trata, desde luego, de un choque de oferta que se expresa en un proceso inflacionario global, capaz, por la reducción de la capacidad de demanda, de producir una situación de estanflación, esto es inflación con más desempleo. Esto obviamente afectará principalmente a los más vulnerables.
Es difícil pensar que el precio del petróleo se verá revertido en un plazo breve. En primer lugar, porque no es claro cuándo y bajo qué condiciones se reabriría el estrecho de Ormuz. En segundo lugar, porque los daños al sector energético de los países impactados por la guerra, precisarían, aún en el caso de cese de las acciones bélicas, de un período prolongado para repararlos y reconstruirlos.
Michael Roberts, en un artículo reciente, cita al ministro de finanzas de Francia, quien argumenta que entre el 30% y el 40% de la capacidad de refino del Golfo se encuentra destruida o dañada. Por su parte Henry Tiguendhat, quien escribe para Foreing Affairs, sostiene que “Incluso si el alto al fuego anunciado recientemente se mantiene y la guerra termina pronto, la reconstrucción de la infraestructura destruida podría tardar hasta cinco años”.
Otro aspecto fundamental de la aventura bélica de Trump, el cual también afecta a los países y personas más vulnerables, se relaciona con el hecho de que una parte importante de los insumos agropecuarios y las materias primas que se utilizan para su producción se originan en los países del medio oriente afectados por la guerra. Es así, por ejemplo, que el 50% de la Urea a nivel global se produce en los países del Golfo. El precio de la misma se ha visto incrementado en aproximadamente 47% a partir del inicio de la guerra. No solo es clara una presión directa sobre los precios, sino que, además, la falta de contar oportunamente con los insumos agropecuarios llevaría a una reducción de la oferta de alimentos.
Es de interés destacar que la problemática del alza del precio de los insumos no se agota con el caso de los hidrocarburos y los fertilizantes, también afecta a otras actividades productivas. Este es el caso, para dar un ejemplo, del abastecimiento del helio, que es un elemento necesario en la producción de semiconductores. En este caso el problema resulta de que entre el 35% y el 40% del helio se produce en los países del Golfo.
Dos elementos adicionales de como la guerra de Trump está trastocando la economía mundial, tienen que ver con las inversiones. En primer lugar, es obvio que la actual situación de presiones inflacionarias y volatilidad económica, tienden a generar una poderosa ola de incertidumbre, que, al dificultar las previsiones a futuro, tienden a reducir tanto las nuevas inversiones, como el consumo, sobre todo de bienes durables.
En segundo lugar, otro impacto recesivo, que es capaz de desatar una crisis financiera de dimensión global, está relacionado con la posibilidad de que la aceleración inflacionaria lleve a los bancos centrales, incluyendo a la Reserva Federal, a introducir un alza de la tasa de interés. Esto, como en los otros casos, impactaría básicamente a los países más endeudados del Sur, con la posibilidad de que algunos lleguen a una situación de impago en referencia a su deuda pública externa.
En resumen, el mundo atraviesa por una peligrosa situación tanto en términos económicos como geopolíticos, que afecta principalmente a la población y los países más vulnerables. El actual gobierno carece de una clara política frente a todo esto.