Cientos de familiares y amigos se congregaron en la explanada donde se celebró el Festival Nova, lugar de la mayor masacre dentro de la oleada de ataques...
En los locos años de la década de 1920, el automóvil era percibido como un objeto de lujo y no de trabajo. La industria automotriz tenía que revertir esa situación y se valió de la cartografía para lograr esa imagen de “instrumento global” que podía llegar adonde no había ni trochas y caminos. En el caso del Perú, la cartografía -particularmente durante el gobierno de Leguía- era una herramienta fundamental para reivindicar los territorios que constituían la nación peruana. Un levantamiento topográfico detallado aseguraba el acceso apropiado a los recursos de la sierra y amazonia peruanas. Mapear ríos y pasos andinos resultaba esencial para el Gobierno de entonces, por lo que la construcción de vías de acceso y el interés por los trabajos de exploradores extranjeros adquirieron prioridad. Situación que Dagicour (2016), estudioso de la política educativa de aquella época, resume con el párrafo “si la historia ha sido llamada el alma de la patria, la geografía puede considerarse como el cuerpo de la patria. El estudio de los acontecimientos históricos resulta abstracto y vago si no se asienta en la tierra firme del suelo nacional”. Bajo este contexto no es de extrañar que la política peruana de construcción de infraestructura coincidiese con el lema del presidente brasileño Washington Luis, “gobernar es abrir carreteras”.
Hace noventa y nueve años, el 15 de agosto de 1927, fue inaugurada la carretera de Cieneguilla a Santa Cruz de Laya, en la provincia de Huarochirí, cercana a la capital peruana. Los representantes parlamentarios de Lima -senador César Elguera y diputado Pedro Bernales-, las autoridades del lugar y mucho público concurrieron a la fiesta inaugural de ese tramo vial (Revista Semanal “Mundial”, nro.375, Año VIII, agosto 1927). El puente sobre el río Lahuaytambo quedó destruido en 2017 debido a la crecida de las aguas por efecto del fenómeno climático “El Niño Costero”.
El tramo construido adquirió particular significado porque muy pronto tuvo a un ilustre visitante en las inmediaciones. Se trató del ingeniero galo Roger de Counterville quien había realizado un “raid” automovilístico uniendo Río de Janeiro con Lima.
La portentosa hazaña significó atravesar la selva brasileña y enlazando por carretera Bolivia con el sur del Perú. Utilizó un camión Renault (con un motor Ford adaptado) entrando a Lima por la zona de Chorrillos donde lo esperaba el alcalde Ladislao Graña, los diplomáticos Cyro de Freitas Valle y Murillo Tasso Fragoso de la Embajada de Brasil y el presidente del Automóvil Club de Rio de Janeiro Mario Goncalves Barbosa quienes condujeron a Counterville a un homenaje en el Touring Club Peruano donde lo esperaba su esposa, Martha Seedorf (Revista Semanal “Mundial”, nro.375, Año VIII, agosto 1927).
En su travesía terrestre estuvo acompañado, además de Martha, por el mecánico brasileño Julio Kotzent quien es el verdadero héroe de esta historia porque fue él quien adaptó el motor Ford cuando falló el original del Renault. Kotzent fue además el responsable del registro fotográfico de la ruta siendo hoy un testimonio etnográfico de mucha importancia. Toda la empresa fue financiada por el Automóvil Club de Rio de Janeiro que comprendió un recorrido de seis mil kilómetros debido a las dificultades propias de territorios inexplorados (en línea recta, sin contar los desvíos, es de 3775 km).
Counterville era militar de la rama de artillería, llegó a Rio de Janeiro en 1919 como parte de la misión militar francesa. La exuberancia del país y sus nuevas responsabilidades lo llevaron a interesarse por la cartografía. Veinticinco años después relató su aventura en el libro “A través de América Latina” donde colocó las fotografías hechas por él y las de Kotzent. Sus otros dos libros fueron “A través de las misteriosas selvas y desiertos del continente americano” y “5000 kilómetros en la Amazonía”.
Panamá es un territorio referente en materia cartográfica. Su condición de istmo y su conectividad interoceánica le permiten un mejor manejo de su conectividad terrestre. El primer mapa “post independencia se genera en 1829, comisionado por Simón Bolívar luego del Congreso Anfictiónico de Panamá a John Lloyd y Maurice Falmarc, para determinar la mejor ruta para un canal” (Acosta, 2021). Sin embargo, el principal impulsor de la cartografía terrestre fue Tomás Guardia Fábrega -adquiriendo notoriedad no solo por sus expediciones al Tapón del Darién sino por el trazado de la Carretera Panamericana- correspondiendo a Ángel Rubio la preparación del primer Atlas integral del país. En 1928, con la creación del Instituto Panamericano de Geografía e Historia -con sede en México- la plataforma de cooperación cartográfica entre el istmo y la tierra de los incas quedó firmemente establecida.