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- 08/03/2010 01:00
La crisis educativa no se resuelve con una huelga
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Agrega La Estrella en Google ↗️Casi todos los panameños estamos inmensamente preocupados por la aguda crisis educativa que vive el país, y que obedece, como todos sabemos, a la improvisación, a la politiquería, a la insensibilidad y a la irresponsabilidad que ha caracterizado a tantos gobiernos, que poco o nada han hecho para que el Ministerio de Educación cumpla una función sin dependencia de la glotonería partidista.
Una de las peores consecuencias del dejo en este sector es la deficiencia en la formación de los docentes, que debieran ser piedra angular en el proceso educativo, los líderes comunitarios de otrora, los funcionarios respetados por sus valores y conocimientos; por sus proyecciones sociales, por su elevado civismo y dominio de modernas formas y modalidades pedagógicas.
Lamentablemente no es así. El Instituto Pedagógico, en lo que hoy se ha convertido la Escuela Normal Juan Demóstenes Arosemena, realiza un gran esfuerzo para seguirle dando al país un docente con los esenciales mínimos para asumir las tareas inherentes, pero las universidades, tanto oficiales como particulares, han desvirtuado la preparación académica de quienes van al aula universitaria en búsqueda de una carrera docente.
Si bien durante la dictadura se recurrió al nombramiento de bachilleres para cargos docentes, a la formación de “ profesores acelerados ”; a los cursos intensivos, con el mismo objetivo; al otorgamiento de direcciones y supervisiones atendiendo “ la militancia revolucionaria ”, hechos que profundizaron la crisis en el sector, durante el período democrático no hemos sido lo suficientemente audaces para rescatar la calidad del sistema educativo.
Debemos reconocer, con toda honestidad, que si bien existen docentes, en todos los niveles, con una adecuada preparación, no es menos cierto que también los hay que no saben escribir; que descuidan su personalidad; las reglas de urbanidad y la imagen que debe proyectar un individuo llamado a orientar, a conducir y a formar a los panameños y panameñas de hoy y del mañana. Pero ellos no son los culpables, los responsables de estas deficiencias son los que han mirado para otro lado desde los puestos de control y los que han comercializado el arte de forjar a quienes llevarán en sus manos el destino de la educación nacional.
¿Cuánto nos servirá una moderna estrategia curricular con un gran número de docentes sin la preparación para ejecutarla? Todo esto debemos examinar, especialmente los educadores comprometidos con la suerte de nuestro país; las autoridades educativas; la supervisora Universidad de Panamá y, particularmente, la actual dirigencia magisterial que, en vez de abrazar una causa por la recuperación de una educación de calidad y de equidad —sin rendirse ante un gobierno aún a prueba y transitorio, como todos— lanza gritos de paralización escolar, lo que, en vez de buscar soluciones, va en detrimento de la razón y de una realidad que debe concitarnos en un haz de voluntades independientes, capaz de ganar el crédito público y no necesariamente de organizaciones totalmente ajenas a la educación y a los métodos civilizados para alcanzar soluciones pacíficas y patrióticas.
*Educador.bmejiao@yahoo.com