• 14/02/2015 01:00

La educación en el cuarto de urgencias

Los padres acusan a los maestros, los maestros acusan a los padres, maestros y padres al Gobierno

Que yo recuerde, desde la tarde que lancé mis cutarras desde el ferry que unía a la capital con el interior del país atravesando el Canal (1953, año que obtuve mi certificado de sexto grado), vengo escuchando voces alarmadas culpándose de los fallos en la educación.

Los padres acusan a los maestros, los maestros acusan a los padres, maestros y padres al Gobierno, el Gobierno al Ministerio y muchos en el Ministerio a la embrutecedora televisión. Y así todos los años vuelve la puerca y hala el rabo y se comienza otra vez el extraordinario ciclo de excusas en donde no pierden la oportunidad para meterse los papagayos de siempre, simulando que les interesa cambiar el ‘statu quo’ que nos mantiene en el subdesarrollo: diputados, políticos y comerciantes.

Desde que me hice amigo de los escritos del filósofo José Antonio Marina (hace 30 años), decidí fundar mi programa naturaleza y por ahí mismo a dar charlas en lugares impensables para que los padres, las abuelas y los tíos enseñaran y acostumbraran a leer a los ‘pela’os’ desde los tres años, para que aumentaran su inteligencia con la lectura (así lo afirma Marina y yo le creo). Porque cuando los niños no cuentan con un inventario adecuado de palabras en su vocabulario se les hace difícil entender lo que les está enseñando la maestra, y sucesivamente, si no adoptan el hábito de la lectura, les será difícil la secundaria y no se diga la universidad.

Yo abandoné la capital, metiéndome en lo más parecido a la montaña de donde salí, precisamente por el crimen avieso que hace la televisión con los concursos de oratoria, quién ha dicho, si esos niños están es recitando y no saben el significado de ninguna de las oraciones de sus declamaciones preparadas por adultos. Entonces señores, si quieren en verdad una buena educación, sin gastar tanto dinero, a desarrollar programas de lecturas se ha dicho; en todos los niveles, para que los estudiantes no odien a sus centros educativos y menos que los encuentren aburridos, como en la mayoría de los casos.

La disciplina en todas las escuelas secundarias sería fundamental, yo tenía el programa de los Tomasitos, pero lo perdí en la mudanza o mejor dicho escapada feliz, porque recobré mis cutarras del alma.

ESCRITOR COSTUMBRISTA.

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