En Panamá, el cáncer se ha convertido en una de las principales enfermedades que enfrentan los adultos mayores
- 11/09/2012 02:00
Educación y cultura
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Agrega La Estrella en Google ↗️Destacar el rotundo éxito de la VIII Feria Internacional del Libro no es acto de honrar sino de honrarse. Soy uno de los noventa y ocho mil asistentes que se sintieron felices en un ambiente tan estimulante, que se nutrieron de conocimientos a plenitud, a veces tan sólo por ósmosis, que ensancharon sus horizontes en todas las direcciones, que se sintieron orgullosos de ser panameños.
Somos usualmente parcos en el reconocimiento del mérito y profusos en la crítica negativa. Pero esta vez, Panamá ha medido y expresado ampliamente la dimensión y el efecto del imbatible binomio de la educación y la cultura, a través de hechos concretos que podían verse, oírse, tocarse, degustarse, exhalarse y, sin duda, anidar en la memoria y en el corazón. Si estas palabras tienen acento poético o dejo sentimental, ¡en hora buena!, porque quisiera que ciñeran, en su calidez y sinceridad, un distintivo de reconocimiento público para quienes, tras grandes afanes y sacrificios, han hecho posible ocho Ferias Internacionales del Libro, cada vez más lucidas, y cada vez con mayor resonancia fuera y dentro del país. Este es un compromiso de todos, que no puede flaquear, por lo que significa para el desarrollo integral de la nación.
Examinar con cuidado el atractivo, ordenado, preciso, bien impreso Programa Cultural de la VIII Feria es quitarse el sombrero ante la dedicación y responsabilidad de quienes lo prepararon. A los coordinadores de reuniones y eventos, la efectiva sincronización de tiempo y espacio, y el celo con que se ajustaron a su dictamen los múltiples actores de los cientos de eventos que se desarrollaron, en buena parte simultáneos, son la mejor muestra de adhesión y gratitud de ejecutantes y concurrentes a quienes hicieron consciente de la disciplina y la puntualidad al panameño, amenazado también por quedarse sin lugar en salas repletas de ávidos espectadores. La limpieza y el orden se hicieron sentir. También el ambiente de cordialidad, de satisfacción, de alegría que privó durante los cinco días de actividades a toda hora, desde los inquietos, incansables y alegres predios infantiles y juveniles, hasta los niveles de intelectualidad inmersa en profundas meditaciones sobre una extensa variedad de temas cautivadores, o de debates trascendentes, o de homenajes merecidos.
A estos esfuerzos y apostolado por causas nobles se refirió con orgullo y gratitud la presidenta de la Feria, incansable y convencida soldado de la cultura, a los que compartieron con decisión su gestión, y con obligante invitación, que es más un reto, a quienes no se acercaron esta vez a la fiesta de la nación, pero que no faltarán a la próxima.
Noventa y ocho diferentes actividades culturales incluyó el programa para los cinco días de la Feria, un promedio de casi veinte diarias. Noventa y ocho también animaron igualmente el Pabellón Infantil y Juvenil, con la animación y participación de la Alcaldía de Panamá, del Museo del Canal de Panamá, de la Cámara Panameña del Libro y otras entidades. La Feria dio lugar a dieciséis Jornadas Profesionales de alta jerarquía; a dos intensos Seminarios de temas de actualidad: el Derecho de Autor y Bullying; a tres Presentaciones Editoriales, a la presencia de 70 expositores, debidamente instalados en kioscos y casetas, y al merecido Homenaje a nuestra laureada y talentosa Rosa María Britton y al inolvidable Carlos Fuentes.
La Francia inmortal, la de Rousseau, Voltaire, Lamartine, Hugo, Dumas, Camus, Sartre, y tantos más, la de la libertad y el derecho, revivió su presencia en el Istmo, donde siempre está presente, respetada y exaltada.
Por el camino de la educación va la cultura; en las raíces de la cultura se afianza la educación, solidaria y aunadamente, para asegurar, desde su cepa etimológica, el cultivo de valores superiores en el hombre, para hacer brotar la solidaridad y el mejoramiento de la patria, como bien apuntó emocionada y convencida la ministra de Educación.
Por eso, la noche de la Inauguración de la Feria, el auditorio aplaudió de pie cuando la ministra Molinar presentó la Orquesta Sinfónica Juvenil de Coclé y su magnífico Coral, una de los siete en cada provincia, forjadas al calor de una lucha irrenunciable y permanente de superación desde hace más de treinta años. Evidencia del resultado positivo de la unión funcional, alejada de diferencias y contrariedades políticas. El programa incluyó ‘No llores por mí Argentina’, del mundialmente conocido Musical Evita de Weber y Rice, y una parte del Coral de la Novena Sinfonía de Beethoven.
Que estos muchachos de Aguadulce, de Penonomé y muchos otros pueblos de nuestro Panamá profundo, no sólo conozcan quién es el ‘sordo inmortal’, sino que lo ejecuten en una Sinfónica en la VIII Feria Internacional del Libro en Atlapa en la Ciudad, es un verdadero galardón para el Instituto Nacional de Cultura, en fecunda conjunción con el Ministerio de Educación, cuyos resultados no pueden ser evaluados sólo en el contexto del alejamiento de esa juventud de caminos menos dignos y provechosos para la sociedad, y de la adquisición de destrezas ennoblecedoras y útiles para su vida, sino también en el entorno de la transformación edificante de su visión ciudadana.
Alrededor de cinco mil jóvenes se benefician de estos esfuerzos en toda la República; afanes que llevan a múltiples habilidades, desde el deporte a la pintura, pasando por la danza, el folklore y otras competencias. Y es bueno divulgarlo, para que resplandezcan los méritos pertinentes y las perspectivas halagadoras.
La ministra Molinar vino a celebrar en grande esta Feria del Libro con manifiesta y concreta devoción a la cultura integrada a la educación en diferentes formas; con hechos cumplidos. Anunció, con justificada emoción, el recibo espectacular de más de medio millón de cuentos de alumnos de escuelas públicas de todo el país, como resultado del Primer Festival Nacional de Creación de Cuentos del 2012, organizado por la Red Nacional de Docentes de Español del Ministerio, sin descuidar la valiosas guía de la Academia Panameña de la Lengua. ¡Genial iniciativa!
El 14 de septiembre se celebrará la Premiación de Gala en el Teatro Nacional.
En recorrido del Pabellón Infantil y Juvenil de la Feria, en honrosa compañía de la ministra de Educación y de la directora del Instituto Nacional de Cultura, a través de corredores y salones a cuyas paredes se habían adherido miles de estos cuentos, una sofisticada ‘hada’ adolescente con donaire detuvo el trayecto para leer sorpresivamente y con sensibilidad ‘El periquito que quería ser rojo’; un cuento corto escogido entre los cientos de miles recibidos, y que espero el jurado haya encontrado en él la sencillez, la belleza, la ternura y la profunda lección moral que yo encontré, sobre todo al saber que fue escrito por un alumno de cuarto grado.
¡Cuánto talento por descubrir, cuántos valores por despertar, cuántos ciudadanos prontos a servir su país de la forma honrosa como exige la virtud! No hay duda. Es un compromiso de todos, que arranca de cada conciencia y de cada intención. Hacia allá apuntan estas Ferias, que no doblan sus esteras ni cierran sus umbrales para descansar. Ni la educación ni la cultura han aprendido a dormir durante la ininterrumpida evolución de la Humanidad.
Por eso, la IX Feria Internacional del Libro está ya en marcha, izando el pabellón de México como inspiración, retando a la imaginación a mejores iniciativas, repicando campanas entre apóstoles y sordos, encendiendo lámparas entre ciegos y visionarios, para que la cultura de manos de la educación, y la educación palpitando en el corazón de la cultura, nos reiteren que el hombre verdaderamente culto, luego de todos estos ejercicios, es el que, como bien decía el inolvidable Gil Blas Tejeira, sabe convivir en armonía con los demás.
PRESIDENTE DE LA FUNDACIÓN PANAMEÑA DE ÉTICA Y CIVISMO