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- 30/10/2013 01:00
Cultura de reciclaje
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Agrega La Estrella en Google ↗️Un camión compactador llega con frecuencia en las tardes a la parte trasera del mercado de Abastos, con la finalidad de recoger el despojo de frutas, vegetales y plantas que se perdieron por falta de consumo y que han madurado hasta pudrirse. El vehículo toma la carga y luego se dirige hacia cerro Patacón, donde deposita todo el sobrante de aquellas ventas frustradas.
Es una operación recurrente, constante y que genera preocupación por el exceso que se daña, que engrosa irremediablemente en el haber del vertedero urbano y por tanto, empeora el manejo de los residuos. Hay un conflicto de volumen y su transporte cotidiano ocasiona igualmente un gasto de combustible y de emisión de gases a la atmósfera tanto en el traslado, como en la descomposición.
El manejo de los desechos se reduce en teoría a categorías como cantidad, espacio, desplazamiento y emanación por la transformación. En la práctica, la interacción de éstas, pareciera acercar operaciones irreconciliables, pero que analizadas desde una óptica diferente, pudieran remediar o eliminar sistemáticamente la situación que se crea al no tener opciones razonables para la disposición de este y otro tipo de remanentes.
¿Y si en lugar de recoger el amontonamiento de legumbres y desplazarlas, se procesaran de manera adecuada y convirtieran en materia prima para otras actividades? Por ejemplo en abono, que se distribuiría a los productores de menores recursos. Al recoger aquello que sobra, cambiar su composición con acciones sencillas y crear otro producto, que tiene utilidad para diversas actividades, estamos en el nivel del reciclaje.
Como ya se ha mencionado en muchas ocasiones, esta materia, compuesta de elementos orgánicos e inorgánicos, tiene un alto nivel de contenido que sirve para los respectivos sectores. El primero que puede descomponerse y el otro, aprovecharse para nuevos beneficios que abaratarían precios en el mercado local.
Un caso notable en Costa Rica es la desaparición de las llantas usadas dejadas por doquier, pues se emplean para un conjunto de productos de la construcción.
El problema del destino de los desechos tiene un impacto en la casi totalidad de los municipios panameños. Tal situación constituye una oportunidad de crear un ente que pueda procesar esta materia en granjas comunitarias para generar diferentes variantes de tierra abonada y crear plazas de trabajo.
El reciclaje aún es lento en el sector urbano, sobre todo porque la población no ha aprendido en cincuenta años a separar sus residuos sólidos ni ha incorporado en su cultura esta práctica. Hay casos excepcionales como el de la empresa Tetra Pak, que tiene un exitoso programa de recuperación de los envases elaborados en esta técnica en sus centros de acopio y procesarlos para aprovechar el cartón que sobra.
Estas modalidades de beneficio deben generalizarse para reducir la carga que va a los vertederos y ocasiona un cordón de miseria con gente que entra a buscar algo para vender. Se podría crear centros con capacidad para realizar las tareas y que los grupos puedan ocuparse de estas acciones de separación con técnicas más limpias y sanitarias bajo la supervisión municipal o alguna concesionaria responsable.
Mientras más elementos ingresan al proceso, se reduce la cantidad de material que se destruye o entierra en el vertedero y se hace más rentable la actividad de procesamiento, como ya lo han demostrado misiones japonesas que han dado asesoramiento al distrito de Panamá.
Los modelos existen y las opciones pueden desarrollarse. Hace falta, una visión ambientalmente comprometida y sacar provecho de las posibilidades que deja el reciclaje y que demostrarían así, eficiencia, eficacia y sobre todo racionalidad.
PERIODISTA Y DOCENTE UNIVERSITARIO.